Contempla la maravilla

Publicado el 2 de febrero de 2026, 3:47

Jesús se dirige a Sus discípulos para mostrar cuál es la justicia que nace de la gracia y que se manifiesta en la experiencia diaria, haciendo más que evidente de que a menos que haya un nuevo nacimiento es imposible vivir plenamente esta enseñanza. Por eso comienza con las bienaventuranzas, no como una ética abstracta, sino como la obra interior que Dios opera en el corazón para producir una justicia que brota desde adentro. Posterior a esto Él esclarece cual será la respuesta del mundo ante esa justicia interior: “Bienaventurados seréis cuando os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo”. Todo aquel que busca genuinamente la rectitud de corazón encontrará oposición; porque la vida de fe, cuando es genuina, confronta y ofende al mundo. Después tenemos una imagen de la misión del cristiano en la sociedad: debemos influir con integridad y verdad, preservando lo bueno y dando claridad al mundo para que por causa de las buenas obras que ve en nosotros glorifiquen al Padre.

A partir del versículo 17 del capítulo 5 hasta el cierre del Sermón, Jesús se acerca a los detalles prácticos desde la raíz: la rectitud de corazón respecto a nuestro prójimo y a Dios. Este segmento, fundado en el mandamiento “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18), aquí se apunta a una justicia que no es meramente externa. Por ello habla de la ira y enseña que no basta con evitar el acto exterior de matar. Aborda la fidelidad conyugal y el adulterio del corazón, la seriedad del compromiso matrimonial. Extiende Su enseñanza al trato con los enemigos, exhortando a la humildad y a la misericordia para con ellos, recordándonos que en otro tiempo nosotros también éramos enemigos a los cuales se les ha mostrado misericordia sin siquiera haberla pedido… todo esto apuntando a una sola meta: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5:48).

Jesús confrontará nuestra práctica de las disciplinas espirituales (oración, ayuno y la limosna) y la rectitud de corazón que se manifiesta en las acciones exteriores de nuestra fe. Jesús advierte contra la ostentación y la búsqueda de la aprobación humana. Al mismo tiempo nos llama a no acumular tesoros en la tierra ni vivir para ganar la estima de las personas; al contrario, somos llamados a buscar el reino venidero y su justicia, sabiendo que donde esté nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón. Esa orientación trae libertad en medio de la ansiedad y de la preocupación por la vida diaria, porque nuestra identidad está puesta en el cuidado de un Padre que proveerá lo necesario ¿No deseas esa libertad? ¿No anhelas una vida menos gobernada por la codicia y la ansiedad? El Sermón del Monte ofrece la clave para vivir de ese modo.

Y finalmente en el capítulo 7, la enseñanza se dirige a la realidad del día final: el Día del Juicio. El Señor usa la imagen de dos puertas, dos casas y de las pruebas que golpean estas casas que invitan a vivir con un sentido de eternidad. Se nos llama a observar los frutos de quienes nos guían: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16, 20). Y se nos advierte sobre lo indispensable que es que, nuestra profesión de fe esté respaldada por una relación real con Jesús como Señor y Salvador porque “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor’” (Mateo 7:22). La conclusión del Sermón es simple y profunda: cada persona está edificando algo; ¿resistirá lo que estamos construyendo la prueba del Día del Juicio? El Sermón del monte nos señala el camino por el cual las obras que hacemos pueden sostenerse para la eternidad.

Oración: Señor, gracias por la gracia que produce en mi interior una justicia que nace de Tu obra en el corazón. Ayúdame a vivir como sal de la tierra y luz del mundo, para que mi vida sea útil para preservar lo que es bueno y refleje Tu gloria ante los demás. Purifícame de toda hipocresía y de toda búsqueda de reconocimiento humano; enséñame a atesorar Tu reino y Tu justicia y a confiar plenamente en Tu provisión. Que mi fe no sea solo palabras sino fruto visible que permanezca ante las pruebas. Que cada decisión, cada pensamiento y cada acción busquen Tu gloria y el avance de Tu reino. Guíame para vivir conforme a Tu voluntad, de modo que, cuando llegue el Día del Juicio, pueda mantenerme firme ante Ti como un obrero aprobado que no tiene de qué avergonzarse. En el nombre de Jesús, Amén

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Comentarios

Shirley García
hace 20 días

Amén.

Yamileth
hace 20 días

Amén. Ayúdanos señor.