Diferentes para hacer la diferencia

Publicado el 21 de febrero de 2026, 3:13

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” Mateo 5:13

Hemos estado considerando la importancia del vivir cristiano en cuanto a dar sabor a aquellos cuyas vidas por causa del pecado se han hecho insípidas y dolorosamente difíciles de ser vividas porque no hay nada en ellas que traiga contentamiento. Hoy quiero ilustrar con un ejemplo real como la sal de un cristiano puede hacer la diferencia en aquel que no encuentra ningún propósito a su vida, y para ello les hablaré de un hombre cristiano muy reconocido y cuya obra ha contribuido mucho al cristianismo: John Bunyan, autor del bestsellers El Progreso del Peregrino y otros libros reconocidos como: Guerra Santa. Él no era creyente de ​​hecho, era un hombre perverso y blasfemo, que vivía de arreglar ollas y sartenes. En el relato de su conversión registrado en otro libro de su autoría llamado: Gracia Abundante para el principal de los pecadores, él contó que un día, recorriendo las calles de Bedford escuchó a cuatro vecinas hablando ¿Sabes de qué les escuchó hablar? Hablaban de las glorias de la salvación de Dios por la gracia en Jesucristo y también de lo indignas que eran por causa de su pecado y de los placeres del cielo, y de lo ansiosas que estaban por llegar allí. La conversación que ellas sostenían hizo que el corazón de Bunyan temblara y quedó completamente convencido de que él no tenía lo que podía hacerle un hombre verdaderamente piadoso. Ahora bien, si estas mujeres hubieran estado chismoseando sobre un vecino, ¿crees que Bunyan habría sido redargüido de esa manera? Y ¿si se hubieran estado quejando del alto precio de la canasta familiar? Habrían sido sólo cuatro mujeres quejándose. Pero en cambio, teniendo libertad para hablar de cualquier cosa ellas escogieron que su conversación fuera «llena de gracia, sazonada con sal», y la sal del cielo hizo lo que sólo la sal del cielo puede hacer: convencer de pecado, de justicia y juicio a quien no era consciente de ello. Hoy podemos decir que la obra de este hombre transformó más vidas que cualquier otra persona de su generación.

¿Cuál es el peligro del que Cristo nos está apercibiendo? El peligro es que la sal puede perder su sabor ¿Puede la sal perder su sabor? Bueno, es cierto la sal es un compuesto muy estable… sin embargo hay dos maneras que pueden provocar que la sal pierda la intensidad de su sabor, estas son: la contaminación y la separación ¿Interesante cierto? Y cuando esto sucede la sal se vuelve inútil. Jesús dice: «Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres». De la misma manera, la iglesia que se mezcla con las ideas mundanas, los placeres mundanos, el entretenimiento mundano, el estilo de vida mundano, es inútilya no sirve para nada, sino para ser desechada. Del mismo modo el creyente que se separa de la comunión con el cuerpo de Cristo tarde o temprano se convertirá en sal que no sirve para salar… cuando queremos complacer al mundo para evitar la persecución de la que Jesús acaba de hablar, nos volvemos como el mundo. ¿Y qué termina sucediendo? ¿Qué nos hace el mundo? Nos pisotea. Ya no sirves para nada, salvo para ser desechado y pisoteado por los hombres.

La sal no debe perder su sabor, debe haber una diferencia entre el que teme a Dios y el que no teme a Dios. Solo al separarnos del mundo veremos a los que no han creído en Cristo creer y si a pesar de todo no sucede nuestras vidas serán un testimonio contra su incredulidad ¿Por qué? Porque nuestro vivir será para ellos una carta expedida por Dios. ¿Oras por un avivamiento? ¿Estás orando para que el Señor te haga más salado? Jesús nos confronta con una pregunta inquietante, si la sal pierde su sabor ¿cómo puede volver a ser salada? Y luego viene el juicio condenatorio: no sirve para nada. La implicación es que deberíamos servir para algo, y ese algo tiene un impacto tremendo en el mundo.

Oración: Señor, reconocemos que Tú nos has llamado a ser la sal de la tierra. Confronta nuestras vidas con la realidad de nuestras propias debilidades y que separados de Ti nada podemos hacer para no perder el sabor de Tu gracia. Ayúdanos a vivir de manera distinta, a separarnos del mundo sin perder el amor por los perdidos, para que nuestras vidas testifiquen de Cristo en cada día. Aviva Señor nuestros corazones para que nuestro vivir sea una luz que brille y lleve a los que no han creído a glorificar Tu Nombre. Ayúdanos a perseverar en la gracia que nos has concedido y a vivir para la gloria de Tu nombre. Amén

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Comentarios

Yamileth
hace 18 horas

Amén, ayúdanos señor.