“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” Mateo 5:13
La sal sólo preserva de la corrupción, la sal también es un potenciador del sabor. Es así en nuestros días y era lo mismo en la época bíblica tal como lo enfatiza Job: "¿Acaso se come sin sal lo insípido, o tiene sabor la clara del huevo?" (Job 6:6) ¿Qué tiene esto que ver con nosotros? Bueno el pecado tiene la capacidad de adormecer el alma, cuanto más pecamos, más nos sabe a nada la vida (Eclesiastés 2:17). Ahora, somos muy inocentes al pensar que esto es un accidente, no, esto es lo que Satanás intencionalmente pretende. Contrario a lo que algunos enseñan fue Dios quien creó el placer y nos dio la capacidad de disfrutar y experimentar deleite. Lo que hace Satanás es apropiarse de ciertos placeres para seducirnos a patrones de pecado. CS Lewis habló sobre esto en un libro de su autoría llamado: “Cartas de un diablo a su sobrino” (Si te interesa este recurso puedes obtenerlo en la zona de descargas) este es un manual de entrenamiento de un demonio mayor a un demonio más joven sobre cómo atraer a personas como tú y yo al pecado. Y lo que el demonio mayor, Escrutopo, le dijo a Orugario, su pequeño sobrino, es "¿Cómo puedes no haberte dado cuenta de que un placer real era lo último que debías permitirle?... Siempre que tratamos con el placer, estamos en territorio enemigo (Dios)… el placer positivo arrancará la especie de costra que has ido formando sobre su sensibilidad… lo que quieres Orugario es un anhelo cada vez mayor por un placer cada vez menor. Esa es la fórmula ganadora". (Carta No. XIII) Un anhelo cada vez mayor por un placer cada vez menor y así, la vida comienza a saber a nada.
Consideremos a Charles Darwin el autor de la teoría de la evolución por selección un hombre abiertamente ateo quien paradójicamente tuvo una educación cristiana e incluso se preparó en Cambridge con la intención de convertirse en pastor anglicano, él escribió en la recta final de su vida lo siguiente: «Hasta los 30 años la poesía de diversos tipos me proporcionó un gran placer. E incluso de niño, disfrutaba intensamente de Shakespeare. Antes, las pinturas me proporcionaban un deleite considerable y la música, un deleite enorme. Pero ahora, desde hace muchos años, no soporto leer ni un verso… Intenté volver a leer a Shakespeare y lo encontré tan intolerablemente aburrido que me daba náuseas. También casi he perdido el gusto por las pinturas y la música. Conservo algo de gusto por los paisajes hermosos, pero ya no me causan el exquisito deleite que antes me causaba. La pérdida de estos gustos es una pérdida de felicidad» ¿Crees que esto fue un accidente? De ningún modo, Satanás le fue arrebatando la capacidad de experimentar deleite en lo que hacía poco a poco hasta que no fue más que un hombre que no sabía nada de Dios, del Dios que nos creó para que nuestro fin supremo fuese el deleite de Su gloria.
¿Cómo deben los cristianos enfrentar esto? Nosotros tenemos un gozo que el mundo no puede entender, un gozo que crea hambre y sed de algo más. Y cuando nos movemos por el mundo y la gente interactúa con nosotros, hay algo contagioso en nosotros de una manera positiva. Debería haberlo sin importar las circunstancias, porque cualquiera que sea nuestra situación nos regocijamos en el Señor y podemos provocar en quienes no han creído sed de Dios con ese tipo de vida salada. Tiene que ver con la forma en que hablamos. En Colosenses 4:6 dice, “Que vuestra conversación sea llena de gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo responder a cada uno”. Iglesia que tu forma de vivir y andar sea “llena de gracia, sazonada con sal” que siempre haya algo de Cristo en todo lo que dices y haces que haga que la gente quiera acercarse a Jesús.
Oración: Señor Jesucristo, nos reconocemos como la sal de la tierra y te pedimos que nos hagas conscientes de nuestra responsabilidad ante Ti. Otórganos la gracia para vivir de modo que nuestro gozo en Ti sazone las sombras de la insensibilidad y despierte en quienes nos rodean un aprecio real de Tu presencia. Líbranos de la insipidez del pecado y de la distracción que apaga la sensibilidad de nuestro corazón. Haz que en nosotros hallan palabras llenas de gracia, que reflejen Tu bondad y que, en cada interacción, otros sientan hambre y sed de Ti. Mantennos firmes en la fe, para que la abundante vida que tenemos en Cristo se exprese en una vida que atraiga a otros a Tu reino. Amén
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