Influencia que hace la diferencia

Publicado el 19 de febrero de 2026, 2:55

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” Mateo 5:13

¿A quién se dirige Jesús? A quienes viven las Bienaventuranzas en su realidad. A los que muestran quebrantamiento, humildad, hambre y sed de justicia y de Dios. Es de ellos y sólo de ellos que fluye misericordia, pureza de corazón y una disposición a soportar persecución con tal de ser pacificadores en el mundo. Y Jesús declara que esas personas, las que encarnan ese vivir, son “la sal de la tierra” y también “la luz del mundo”.  Tanto la sal y como la luz provocan un impacto visible en el entorno en que se encuentran. Usando estas imágenes Jesús nos llama a marcar la diferencia… esto no es un llamado opcional, es un llamado ineludible, por ello a partir de aquí, analizaremos detenidamente la primera analogía: “Vosotros sois la sal de la tierra”.

En nuestros días la sal es un condimento bastante común y estamos acostumbrados a interactuar con ella de muchas maneras… pero en la época de Jesús no era así, en Sus días la sal que servía para salar era indispensable para las personas principalmente de dos maneras: como conservante y como sazonador. Primero, nos enfocaremos en su uso como conservante para retardar la descomposición de los alimentos. Sabemos que en este pasaje Jesús no está hablando de la sal en sentido literal, como en muchas otras oportunidades Él está usando una imagen que es común para explicar una verdad espiritual: Él compara el impacto de los cristianos en los no cristianos con el efecto que produce la sal que sirve para salar en aquello con que se tiene contacto. Como cristianos, nuestro vivir debe influir significativamente en el mundo que nos rodea como el efecto conservante de la sal, que ralentiza e incluso frena la corrupción que se propaga a través de los alimentos. Y es que el pecado tiene un efecto destructor en la sociedad y en cada individuo; nos corroe y, al estar la sociedad compuesta por personas, el pecado puede contagiarse y corromperla por completo. Los cristianos debemos influir para frenar ese proceso.

En días previos a la construcción del arca, la corrupción de la humanidad había alcanzado un punto álgido en el que toda inclinación y pensamiento del corazón humano era malo, y por ello llegó el juicio a través del diluvio (Génesis 6:1-8) Lo mismo ocurrió en Sodoma y Gomorra: la corrupción había alcanzado tal grado que el juicio era inevitable. En Sodoma y Gomorra no era posible hallar ni siquiera a diez justos (Génesis 18:20-32) Lo que Jesús está diciendo es que el efecto de aquellos verdaderamente son Sus discípulos en la cultura circundante es ralentizar ese proceso, para permitir que la obra del Evangelio siga extendiéndose y su influencia se expanda… Si no hay nada que frene la corrupción el juicio inevitablemente debe llegar. Ahora, es más que evidente que el mundo avanza estrepitosamente hacia la corrupción, es una realidad que no puede desmentirse: amar la inmundicia y hacer maldad se ha hecho tan común que prácticamente se ha normalizado, vivir abiertamente un estilo de vida pecaminoso no escandaliza a nadie, antes es algo de lo que se hace propaganda a través de la televisión, la música y los mal llamados influencers.

Deberíamos estar impactados, lo triste es que no nos impacta, porque el culpable, Satanás, astutamente convence cada día a más gente que lo que ofrece en su banquete es mejor que el banquete de la sabiduría (Proverbios 9:1-18) y las vías de la corrupción: televisión, radio, internet aceleran la propagación de la corrupción.  Los cristianos deben ser sal retarde este proceso a través de la predicación del Evangelio que confronta con la necesidad de nacer de nuevo, porque esa es la verdadera fuente de nuestra corrupción: carecemos de competencia para andar como Cristo anduvo y sólo el nuevo nacimiento lo hace posible.

La iglesia tiene la responsabilidad de marcar la diferencia ante la propagación de la corrupción en nuestro entorno. Mientras la iglesia esté presente en este mundo; la sociedad que le rodea debe verse afectada por el efecto preservador que se genera desde el Evangelio y esa influencia debe servir para frenar o al menos ralentizar la decadencia social.

Oración: Señor, reconocemos que nos has llamado a ser sal y luz en un mundo que tiende hacia la corrupción. Te pedimos que nos ayudes a conservar el sabor de Tu gracia y a iluminar con la verdad de Tu Evangelio a nuestros semejantes. Danos la gracia para confrontar el mundo que nos rodea con la necesidad de nacer de nuevo, danos la valentía para vivir de modo que nuestra influencia frene el avance de la corrupción. Fortalece nuestra fe para resistir la tentación de conformarnos con la cultura que nos rodea y danos paciencia y claridad para proclamar Tu verdad con amor, sabiduría y perseverancia. Te lo pedimos en el nombre de Cristo, nuestro Salvador. Amén

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Comentarios

Yamileth
hace 3 días

Amén, ayúdanos Señor.