Tras reconocer el peligro del campo minado espiritual, hoy nos enfocamos en la seguridad inamovible que tiene el creyente: la protección activa de su Padre. Cuando oramos «no nos dejes caer en la tentación», estamos apelando al Filtro Divino (por así decirlo). La Escritura nos ofrece un descanso en la promesa de 1 Corintios 10:13: «Fiel es Dios que no nos dejará ser tentados más allá de lo que podéis soportar». Estas palabras funcionan como un sistema de filtrado para el alma. Tal como un filtro de agua atrapa las impurezas para que no lleguen a nuestro cuerpo, Dios —en Su soberanía— filtra las circunstancias de nuestra vida. Él «no permitirá» que nos sobrevenga algo que, en Su gracia, no hayamos sido capacitados para resistir. Satanás puede desear zarandearnos, pero no puede tocarnos sin el permiso expreso del Cielo. Recordemos a Job: el enemigo estaba frustrado porque Dios había puesto un «cerco» alrededor de él. Ese mismo cerco rodea a cada hijo adoptado por Dios. La tentación solo llega cuando Dios ha preparado también la «vía de escape».
Dios no tienta, Dios preserva
Es vital recordar, como dice Santiago 1:13, que Dios no seduce a nadie hacia el mal. La inclinación al pecado proviene de nuestras propias pasiones. Sin embargo, Dios gobierna incluso sobre nuestras debilidades. Orar «protégeme de mí mismo» es reconocer que nuestro mayor peligro no es solo el diablo externo, sino nuestra propia carne. Cuando decimos «líbranos del mal», estamos pidiendo que el filtro de Su providencia actúe: «Señor, no dejes que mi alma sea destruida por mi pecado; no permitas que la cosecha de mi vida sea arrancada por un instante de necedad». Esta oración nos devuelve la paz, pues nos recuerda que no estamos a merced del azar o de un enemigo todopoderoso, sino bajo el cuidado de un Padre que controla el acceso a nuestra alma.
Oración: Padre Celestial, te alabamos porque Tu fidelidad es nuestro escudo y protección. Gracias por la bendita seguridad de saber que nada llega a nuestras vidas sin haber pasado primero por el filtro de Tu amor soberano. Reconocemos que eres Tú quien pone límite al poder del maligno y quien guarda nuestra alma de ser devorada.
Señor, te suplicamos: ¡Mantenme a salvo! Protégeme de las trampas externas, pero, sobre todo, protégeme de las pasiones de mi propio corazón que intentan arrastrarme. Gracias porque prometiste no permitir que seamos tentados más allá de lo que podemos soportar. Ayúdanos a ver la vía de escape que Tú siempre provees y danos la fuerza de Tu Espíritu para tomarla de inmediato.
Danos paz al saber que estamos rodeados por Tu cerco de gracia. Que ni la angustia ni la tentación nos hagan dudar de Tu cuidado paternal. Sostennos firmes en la fe hasta que estemos en la eternidad Tu presencia, donde el pecado ya no nos asediará y donde gozaremos de Tu victoria por la eternidad. En el nombre de Jesucristo, nuestro Libertador y Rey. Amén
Para tu estudio personal:
- El Catecismo de Heidelberg en la Pregunta 127 nos enseña a pedir que Dios nos sostenga «por la fuerza de Tu Espíritu Santo». ¿Por qué es imposible resistir la tentación con mera fuerza de voluntad humana?
- Lee Efesios 6:13-18. ¿Cómo se conecta la "vía de escape" de 1 Corintios 10 con el uso activo de la armadura de Dios?
- Según la doctrina de la Perseverancia de los Santos, Dios protege a los Suyos hasta el fin. ¿Cómo te ayuda esta petición a confiar en que Dios terminará la obra que empezó en ti?
- ¿Confías realmente en que Dios está filtrando tus pruebas, o vives con el temor constante de que el mal te sobrepase? ¿Cómo cambia tu actitud al saber que Dios ya ha provisto una "vía de escape" para cada tentación que enfrentas hoy.
*** En la zona de descargas puedes obtener el Catecismo de Heidelberg.
Añadir comentario
Comentarios
Amén, gracias mi Señor por tu cuidado y protección, líbranos del maligno y guardanos de pecar contra ti.
Amén