“Si Dios viste así la hierba del campo... ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” Mateo 6:30
A veces nos gusta pensar que la ansiedad es simplemente una cuestión de tener una agenda muy apretada, una personalidad nerviosa o circunstancias financieras difíciles. Pero cuando Jesús nos confronta en el Sermón del Monte, Él no se queda en la superficie; va directo al corazón del problema: nuestra fe. Él usa una expresión que es, al mismo tiempo, una reprensión y una invitación llena de ternura: nos llama «hombres de poca fe». Es fascinante notar que Jesús no nos tilda de "incrédulos" o personas sin fe. Él reconoce que creemos, pero señala que nuestra confianza es pequeña, raquítica, insuficiente para el peso que estamos intentando cargar.
La Escritura en todo su contexto nos lleva a entender que la fe no es solo asentir a verdades doctrinales, sino un descanso activo en el carácter de Dios. La ansiedad, por tanto, funciona como un termómetro espiritual que revela cuándo nuestra teología no ha bajado al corazón. Es una contradicción dolorosa: muchos de nosotros confiamos plenamente en que Dios tiene el poder de rescatar nuestra alma del infierno y darnos una eternidad en Su gloria, pero nos desvelamos dudando de que pueda sostener nuestro hogar o proveer para la próxima comida. Si confiamos en Él para lo eterno, ¿por qué nos cuesta tanto confiarle lo temporal?
Cuando permitimos que el afán nos domine, estamos cayendo en lo que podríamos llamar un "ateísmo práctico". Actuamos como si estuviéramos huérfanos, como si el universo dependiera de nuestro esfuerzo y no de la provisión del Padre. Jesús nos recuerda que los "gentiles", es decir, aquellos que no tienen la potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12-13), ellos corren desesperados tras estas cosas porque no tienen a quién acudir. Pero para quien ha creído verdaderamente y ha sido regenerado, la preocupación es incompatible con nuestra identidad de hijos. Nuestra fe se fortalece cuando recordamos que nuestro Padre «sabe» de qué tenemos necesidad incluso antes de que la necesidad aparezca. Él no es un Dios distante; es un Padre atento que ya ha probado Su amor dándonos a Su Hijo. Si ya nos dio el Tesoro del cielo, ¿cómo no nos dará el pan de la tierra?
Oración: Señor, hoy nos humillamos ante Ti y te pedimos perdón por nuestra poca fe. Reconocemos que muchas veces hemos vivido como si estuviéramos solos en este mundo dependiendo únicamente de nuestra poca capacidad, olvidando Tu fidelidad probada en la cruz. Gracias porque Tu cuidado no depende de la fuerza de nuestra fe, sino de la fidelidad de Tu carácter. Fortalece nuestra confianza hoy para que, ante la incertidumbre, podamos declarar con paz que Tú eres nuestro Pastor y nada nos faltará. Amén.
Para tu estudio personal:
- El término griego oligopistos describe una fe que se deja sacudir por lo inmediato. ¿En qué áreas específicas sientes hoy que te comportas como si no tuvieras un Padre celestial?
- Lee Romanos 8:32. Este es el argumento definitivo contra la ansiedad. Si Dios ya entregó lo más valioso (Su Hijo), ¿qué base lógica tienes para dudar de Su provisión hoy?
- Según la Confesión de Londres de 1689, la fe crece mediante el ejercicio de la oración y la meditación en las promesas. ¿Qué promesa específica del carácter de Dios (Su omnipotencia, Su bondad, Su sabiduría) necesitas aplicar hoy a tu mayor preocupación?
Añadir comentario
Comentarios
Amén. 🙏🙏🙏