“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” Mateo 7:3-5
Jesús nos presenta hoy una de las escenas más vívidas y, honestamente, más ridículas de Sus enseñanzas. Si nos detenemos a visualizarla, es casi una caricatura: una persona intentando acercarse al rostro de otra para extraer una minúscula astilla, mientras en su propio ojo sobresale una viga de madera, un madero de construcción que le impide incluso caminar con equilibrio. Es una imagen absurda, y Jesús la usa intencionalmente para ridiculizar el prejuicio santurrón. Alguien tan puro como nuestro Señor, que conoce la profundidad del corazón humano, no puede sino señalar lo grotesco que resulta que nosotros, pecadores perdonados, andemos por la vida con una actitud de jueces implacables. El adjetivo que Él elige para describir esta escena es punzante: «¡Hipócrita!».
Un hipócrita, en el sentido original, es un actor; alguien que se pone una máscara y finge ser algo que no es. En este contexto, el hipócrita es aquel que actúa como si no necesitara la gracia, como si ya no necesitara perdón ni justicia. Se acerca al hermano con un aire de superioridad, diciendo: «Déjame ayudarte con ese problema», mientras ignora el enorme tronco de auto justificación que nubla su propia vista. Esa es la viga que Jesús menciona. No es simplemente el pecado en general —porque si fuera necesario ser perfectos para ayudar a otros, ningún ser humano podría ser oftalmólogo espiritual—, sino que la viga es la auto justificación. Es creer que somos lo suficientemente rectos para operar a los demás sin haber pasado nosotros mismos por el quirófano del arrepentimiento.
Ahora bien, hay una trampa en la que muchos caen al leer este pasaje. Muchos usan el «no juzguéis» para decir que nunca debemos señalar el pecado de nadie. Pero nota cómo termina el versículo 5: «...y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano». Jesús no dice que dejes la paja en el ojo de tu hermano; Él quiere que la saques. Una paja en el ojo —o como mejor se traduce, una astilla de madera o aserrín— no es algo inofensivo; es algo que causa dolor, irritación y puede dañar la visión. Ignorar el pecado de un hermano no es amor, es negligencia. El Nuevo Testamento es inequívoco: debemos involucrarnos en la vida de los demás por amor fraternal y por la pureza de la iglesia. La astilla debe ser quitada, pero solo puede hacerlo alguien que ya se ha quitado la viga de la auto justificación.
La pregunta entonces no es si debemos ayudar a corregir a otros, sino cómo lo estamos haciendo. ¿Lo haces como un juez que emite una sentencia desde su trono de justicia propia, o como un paciente que todavía está en recuperación y sabe lo mucho que duele la cirugía? La disciplina eclesiástica y la exhortación mutua son actos de amor profundo, pero requieren una visión clara que solo se obtiene al pie de la cruz. Solo cuando hemos llorado sobre nuestro propio pecado y hemos experimentado la dolorosa pero bendita extracción de nuestra auto justificación, estamos calificados para acercarnos al ojo de un hermano con la delicadeza, la humildad y la ternura que el procedimiento requiere. La meta nunca es humillar al otro, sino que ambos podamos ver bien la gloria de Cristo.
Oración: Señor Dios, te damos gracias porque Tu Palabra nos confronta con lo absurdo de nuestro orgullo. Te pedimos perdón por las veces que hemos intentado corregir a otros desde una posición de superioridad, olvidando que somos mendigos espirituales. Opera hoy en nuestra visión; extrae la viga de la auto justificación que nos impide ver Tu gracia y la necesidad de nuestro hermano. Danos manos tiernas y ojos limpios para restaurar a otros con el mismo amor con el que Tú nos has restaurado a nosotros. Que la pureza de Tu Iglesia sea siempre nuestro motivo, y Tu gloria nuestro fin. Amén.
Para tu estudio personal:
- El término griego karphos se refiere a una astilla pequeña pero punzante. Según el pastor Miguel Núñez, el pecado en un hermano debe dolernos a nosotros tanto como a él. ¿Ves el pecado ajeno como una oportunidad para criticar o como una herida que necesita ser sanada con urgencia y cuidado?
- Si nuestra única justicia es la de Cristo imputada a nosotros, ¿por qué es un error actuar como si tuviéramos una superioridad moral intrínseca sobre otro pecador?
- R. C. Sproul enseñaba que la hipocresía es el pecado que Jesús más denunció. ¿Cómo tu justicia propia está bloqueando tu capacidad de ser un instrumento de gracia?
- John Owen decía: «Aquel que no mata el pecado en sí mismo, no podrá ayudar a otro a morir al pecado». Haz un inventario hoy: ¿Qué pecado o actitud estás tolerando en ti mientras eres implacable al señalarlo en los demás?
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Amén