“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” Mateo 7:16-18
Ante la inquietante advertencia sobre los lobos disfrazados de ovejas, surge una pregunta inevitable para cada uno de nosotros: ¿Cómo descubrimos a los falsos maestros? ¿De qué manera podemos quitar la máscara y averiguar quiénes son en realidad? Jesús no nos deja a merced de la duda ni nos pide que adivinemos. Él nos entrega una regla infalible y natural: los conoceremos por su fruto. El Señor apela a la lógica más básica de la creación y nos pregunta si acaso alguien ha recogido alguna vez uvas de un espino o higos de los abrojos. La respuesta es un rotundo no; simplemente no es natural. De la misma manera, el buen fruto de la santidad y la verdad no es natural en un falso maestro; por mucho que intenten simular, su naturaleza caída terminará por delatarlos.
Jesús quiere que seamos agudos y nos llama a convertirnos en inspectores de frutos. Como iglesia, tenemos la responsabilidad de evaluar a quienes nos lideran y nos enseñan, y el Señor nos llama a examinar el fruto por lo menos en tres áreas fundamentales: su carácter, su credo y sus discípulos. En primer lugar, al observar el carácter de un falso maestro, notarás una ausencia absoluta de las Bienaventuranzas. No verás en ellos la pobreza de espíritu, ni el llanto genuino por el pecado propio, ni la mansedumbre de Cristo. Al contrario, el falso maestro suele ser jactancioso, arrogante y lleno de sí mismo. Tampoco encontrarás en él un hambre real por la justicia de Dios, sino una obsesión por su propia reputación y sus metas terrenales. Como bien decía Juan Calvino: «No hay nada más difícil de falsificar que la virtud». El verdadero carácter cristiano, moldeado por el Espíritu Santo, es imposible de imitar a largo plazo.
En segundo lugar, debemos inspeccionar lo que cree, es decir, su mensaje. Como hablábamos en el episodio pasado, la doctrina de un falso maestro suele ser un evangelio de lagunas, caracterizado por lo que se omite. Aunque no nieguen la soberanía o el poder de Dios con palabras directas, lo hace en la práctica al esquivar sistemáticamente los versículos incómodos que confrontan el pecado y exigen sumisión absoluta al Señorío de Cristo. Y, en tercer lugar, debemos examinar las vidas de aquellos que se han “convertido” al escuchar su mensaje, examinar a sus seguidores. Los discípulos tienden a parecerse a sus maestros. Hay una diferencia abismal entre quienes simplemente se unen a un movimiento humano o se vuelven seguidores de una personalidad carismática, y quienes en verdad han nacido de nuevo y se han convertido verdaderamente a Jesucristo. Los seguidores de los falsos maestros terminan reflejando el mismo espíritu de orgullo, comodidad y superficialidad de sus líderes; y en sus vidas tampoco verás el cristianismo humilde y quebrantado de las Bienaventuranzas. Hoy, el llamado del Rey es a levantar la cabeza, abrir los ojos y examinar con sabiduría bíblica los árboles de los cuales nos estamos alimentando. No te dejes deslumbrar por las hojas verdes del carisma; busca el fruto de la santidad.
Oración: Señor Dios, te damos gracias porque nos has dado criterios claros en Tu Palabra para proteger a Tu iglesia del engaño. Te pedimos perdón por nuestra falta de discernimiento y por dejarnos llevar a veces por las apariencias o las palabras elocuentes. Concédenos la sabiduría para ser inspectores fieles de frutos, evaluando el carácter, el mensaje y el impacto de lo que escuchamos. Danos la humildad para cultivar en nuestras propias vidas el fruto de las Bienaventuranzas y la firmeza para permanecer unidos a Cristo, la vid verdadera. Amén
Para tu estudio personal:
- Al elegir los libros que lees, los podcasts que escuchas o la iglesia a la que asistes, ¿te dejas guiar la oratoria atractiva y el éxito visible del líder, o te tomas el tiempo de evaluar si su vida refleja la mansedumbre y la pureza que Jesús exige en las Bienaventuranzas?
- Lee detenidamente Mateo 5:3-10. Al mirar a los líderes espirituales que influyen en tu vida, ¿ves en ellos rasgos como la compasión, la sed de justicia y un corazón quebrantado ante el pecado? Recuerda que el carácter de Cristo es el único estándar válido.
- ¿Tu fe depende del carisma de un pastor en particular, de una comunidad o de una emoción del momento? Si ese líder o esa iglesia local fallaran o desaparecieran, ¿permanecería tu fe firme en Jesucristo? Asegúrate de que tus raíces estén plantadas en el Señor y no en las personas.
- Siguiendo la lógica de que los discípulos se parecen a sus maestros, ¿qué tipo de fruto está dando tu vida a los que te rodean (en tu hogar, tu trabajo o tu iglesia)? ¿Estás reflejando el fruto del Espíritu o estás mostrando rasgos de un cristianismo superficial y cómodo que evita la abnegación?
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