“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca… Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena” Mateo 7:24, 26
Después de considerar las similitudes externas que pueden engañarnos, Jesús nos sumerge en las diferencias radicales que separan a los dos constructores. La primera gran diferencia radica en quiénes son en su interior: uno es sabio y el otro es necio. Una vez más, todo comienza en el corazón. La sabiduría bíblica no es acumulación de datos intelectuales, sino una rectitud interna que nace del temor al Señor. Si recordamos la clave de todo este sermón, Jesús comenzó diciendo: «Bienaventurados los mendigos espirituales». Los mendigos espirituales son sabios porque reconocen su propio vacío, se postran ante el Rey y le preguntan: «¿Dónde y cómo debo construir?». Saben que se encuentran en bancarrota espiritual y que dependen únicamente de la gracia para ser salvos.
La segunda diferencia crucial es que uno escucha las palabras de Jesús y obedece, mientras que el otro las escucha y no lo hace. ¿Y qué significa "no obedecer" en el Reino? Significa descuidar la verdad, olvidarla o alterarla sutilmente para acomodarla a nuestros intereses. El constructor necio simplemente saca la obediencia de su vivir diario. El sabio, en cambio, escucha las demandas del Sermón del Monte y se llena de una santa preocupación: «Jesús me mandó entrar por la puerta estrecha, ¿ya lo hice? Me dijo que si mi ojo es ocasión de caer debo sacarlo, ¿estoy cortando de raíz las fuentes de tentación en mi vida?». Hay un amor real que impulsa su conducta… tal como Cristo lo enseña "Si me amáis, guardad Mis mandamientos", y "Ustedes son Mis amigos, si hacen lo que Yo les mando". Si anhelas la amistad de Cristo, la obediencia no es opcional, es la marca de identidad de los que están en Él.
Lamentablemente, el ser humano ha desarrollado una habilidad sumamente peligrosa: la capacidad de escuchar predicación tras predicación, asentir con la cabeza y no hacer absolutamente nada. Hay personas que se han vuelto expertas en ser impermeables a la Palabra de Dios; entran y salen de los cultos sin que un solo hábito o pensamiento sea transformado. Si te descubres cultivando esa destreza, huye de ella hoy mismo. La manera de escapar de esa trampa es correr hacia los mandamientos de Dios con un corazón que tiembla. En Isaías 66, el Señor declara con solemnidad: «miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a Mi Palabra». Dios estima al mendigo espiritual que toma Sus advertencias en serio, reconociendo que el Creador le está hablando directamente y que su única respuesta sensata es someterse.
Santiago nos lanza una advertencia directa contra el autoengaño: pensar que por el simple hecho de escuchar la Biblia ya somos buenas personas es una ilusión óptica espiritual. Es como el hombre que se mira en el espejo, ve una mancha en su rostro, pero se da la vuelta e inmediatamente olvida cómo se ve, dejándolo allí. A veces miramos el reloj y diez segundos después tenemos revisarlo nuevamente porque simplemente no registramos la hora; lo mismo nos pasa con las Escrituras cuando nos exponemos a ellas sin el compromiso de cambiar. No te limites a oír. Cuando la Palabra de Dios te muestre una mancha de pecado, no te des la vuelta ignorándola. Guarda el mensaje, tiembla ante la santidad del Rey y edifica hoy mismo sobre la Roca firme de la obediencia.
Oración: Señor Dios, nos presentamos ante Ti reconociendo que Tu Palabra es un espejo que nos muestra nuestra verdadera condición. Te pedimos perdón por la ligereza con la que a veces escuchamos Tus mandamientos, y por haber desarrollado la peligrosa costumbre de oír sin obedecer. Danos un espíritu humilde y contrito que tiemble ante Tu voz. No permitas que nos engañemos a nosotros mismos con una religión de fachada que olvida Tu verdad al cruzar la puerta de la iglesia. Obra en nosotros el querer como el hacer, para que nuestras vidas demuestren la sabiduría de estar fundadas en Cristo. Amén
Para tu estudio personal:
- Piensa ¿Qué porcentaje de las verdades que escuchaste la semana pasada se han convertido en acciones concretas en tu rutina de hoy?
- Jesús dijo claramente en Juan 15:14: "Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando". Si revisaras las decisiones, conversaciones y reacciones de tus últimos tres días, ¿probarían que eres un amigo cercano de Jesús o que sigues actuando de manera independiente, como si tú fueras el dueño de tu camino?
- ¿Cuándo fue la última vez que sentiste un temor reverente y un peso en el corazón al leer un pasaje bíblico, sabiendo que el Dios Santo te estaba confrontando de forma directa? Pide al Señor que te devuelva el corazón de un mendigo espiritual que sabe que cada palabra de la Escritura es una cuestión de vida o muerte eterna.
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