El médico en el banquete

Publicado el 18 de julio de 2026, 3:00

“Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y Sus discípulos” Mateo 9:10

¿Qué es lo primero que haces cuando experimentas un milagro que transforma tu vida por completo? Mateo no pudo quedarse de brazos cruzados. Lo primero que hizo fue organizar un gran banquete en su casa para celebrar a Jesús. E invitó a todos sus amigos: a los otros cobradores de impuestos, a los marginados, a los pecadores del pueblo. Aquella casa se llenó de comida, de risas y de una profunda alegría. Al leer esto, vale la pena que nos detengamos a recordar una hermosa certeza: si tú y yo somos cristianos, cada día que vivimos nos acerca más al banquete más grande que jamás se celebrará en la historia: el banquete de bodas del Cordero. Al considerar esto me atrevo a preguntarte... ¿Estás seguro de que tienes ya un lugar reservado allí por medio de la fe en Jesucristo?

En el banquete de Mateo, el Señor Jesús se sentó a la mesa como un comensal más. Y esto, como era de esperarse, molestó profundamente a los fariseos. Les enfurecía ver quiénes eran los invitados a la mesa. Eran personas que habían renunciado a obedecer la ley de Moisés; hombres y mujeres que se sentían tan hundidos que pensaban que no había forma de salir. Sentían que para ellos no había perdón, ni expiación, ni nada que pudiera hacerse. Pensaban: «No importa cómo vivamos, de todos modos, no hay esperanza ya para nosotros». Mateo los conocía bien. Eran sus amigos. ¿Y por qué los invitó? Porque desesperadamente quería que conocieran a su Salvador. Jesús fue allí no solo para comer, sino para darles testimonio, para ofrecerles esperanza. Cuando los fariseos vieron esto, no se atrevieron a acudir valientemente a Jesús. En lugar de eso, atacaron a los discípulos preguntándoles: «¿Por qué su maestro come con recaudadores de impuestos y pecadores?».

Verás, la santidad de los fariseos se basaba en el separatismo. Ellos creían que para ser puros debían mantenerse alejados de los pecadores. No querían tocarlos, no querían involucrarse en sus vidas y, ciertamente, no querían estar cerca de ellos ni comer con ellos. Eran demasiado santos para eso. ¿Por qué estaban tan enojados? Porque Jesús no se dejaba influenciar por ellos. Él no accedía a sus caprichos religiosos, y lo odiaban por eso. Al escuchar sus críticas, Jesús les dio una respuesta que resuena hasta el día de hoy: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

A mí me conmueve profundamente ver a Jesús como ese Médico valiente, dispuesto estar cerca de los enfermos. ¿Qué hacían los fariseos ante la epidemia del pecado? Nada. Simplemente se aseguraban de no contagiarse. Sin embargo, la enfermedad del corazón que padecían los fariseos era peor que cualquier otra. ¿Por qué? Porque para ser salvos, tú y yo necesitamos saber y reconocer que somos pecadores, pero ellos no se consideraban así. Llamaban "pecadores" a los demás y se llamaban a sí mismos "justos" que no necesitaban un Salvador. Por eso el Señor les cita las Escrituras del profeta Oseas y les dice: «Vayan y aprendan qué significa esto: Misericordia quiero, y no sacrificio». Si el plan de Dios se hubiera tratado solo de condenación y juicio estricto, Él lo habría hecho hace mucho tiempo. Pero nuestro Dios es un Dios de gracia.

Oración: Señor Dios y Salvador nuestro, hoy venimos ante Ti reconociendo que somos pecadores y que necesitamos desesperadamente Tu toque sanador. Te pedimos perdón por las veces en que nos parecemos a los fariseos, apartándonos de los demás o juzgándolos desde lejos, olvidando la rectitud de Tu Ley y la inmensidad de Tu gracia. Limpia nuestro corazón del orgullo religioso. Gracias, amado Jesús, porque eres ese Médico valiente que no teme a nuestra enfermedad espiritual, sino que te sientas a nuestra mesa para restaurarnos. Danos un corazón lleno de misericordia para compartir Tu amor con los que aún están perdidos. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Al mirar a las personas de tu entorno que viven lejos de Dios, ¿te pareces más a Mateo, que abre las puertas de su casa y los invita para que conozcan a Jesús, o te pareces a los fariseos, manteniendo la distancia para cuidar tu propia "comodidad" espiritual?
  2. Jesús nos manda a aprender qué significa: «Misericordia quiero, y no sacrificio». ¿Qué "sacrificios" o rituales externos estás usando hoy para apaciguar tu conciencia, mientras descuidas el mandato de mostrar compasión y gracia a los que están heridos por el pecado?
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