El Señor del reposo: ¿quién tiene la autoridad?

Publicado el 5 de noviembre de 2026, 4:34

«Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios» — Éxodo 20:8-10

¿Te has preguntado alguna vez por qué algo que Dios estableció para el bien del ser humano terminó convirtiéndose en motivo de controversia, condenación y enfrentamiento religioso? En nuestro recorrido por el Evangelio de Mateo hemos venido descubriendo el Reino de los cielos y la autoridad de Jesús como Rey. Ahora llegamos a un pasaje en el que esa autoridad se manifiesta de una manera muy particular: Jesús se presenta como el Señor del día de reposo. Para comprender lo que sucede en Mateo 12:1-14, necesitamos detenernos primero en el significado del día de reposo y en cómo llegó a convertirse en un punto de conflicto entre Jesús y los líderes religiosos de Israel.

El día de reposo no fue una invención humana. Fue establecido por Dios desde la creación. Génesis nos dice que, después de completar Su obra, Dios reposó en el séptimo día, lo bendijo y lo santificó. Esto no significa que Dios estuviera cansado o necesitara recuperarse. Su reposo nos habla de Su soberanía: Él es el Creador, gobierna sobre todo y tiene autoridad sobre Su creación. Pero el reposo también tenía un propósito para nosotros. Somos seres humanos frágiles y limitados, necesitamos detenernos, descansar y renovar nuestras fuerzas. Dios estableció un día de cada siete para que Su pueblo reconociera Su señorío y, al mismo tiempo, disfrutara del descanso que necesitaba. Más adelante, este mandamiento quedó expresado en los Diez Mandamientos. Éxodo 20:8-11 ordena apartar el sábado para el Señor y establecer que no debía trabajar la familia, los siervos, los animales ni el extranjero que habitara entre ellos. No era una sugerencia opcional: era un mandamiento de Dios. La importancia de este día también se refleja en la advertencias de los profetas. Isaías 58:13-14 llama al pueblo a dejar de profanar el reposo, a considerarlo una delicia y un día santo y honorable. Y presenta una promesa preciosa: «Encontrarás tu gozo en el Señor».

Sin embargo, a lo largo de la historia de Israel, el pueblo no siempre guardó este mandamiento. Después del exilio, Nehemías tuvo que confrontar a quienes comerciaban, transportaban mercancías y realizaban sus actividades habituales durante el día de reposo. El pueblo necesitaba recordar que aquel día había sido apartado para Dios. Pero ocurrió algo más. En su deseo de proteger el mandamiento, los líderes religiosos comenzaron a establecer sus propias interpretaciones y regulaciones. Poco a poco, las normas humanas se multiplicaron. Aparecieron extensas listas de actividades prohibidas y restricciones acerca de lo que se podía o no se podía hacer durante el día de reposo. Así, aquello que Dios había establecido para reconocer Su autoridad y conceder descanso al ser humano terminó rodeado de cargas y regulaciones humanas. Los fariseos llegaron a considerar que su manera de interpretar y aplicar esas normas era la medida para juzgar a los demás.

Y es precisamente en ese contexto donde encontramos a Jesús en Mateo 12. El conflicto que se aproxima no es un simple desacuerdo sobre cómo organizar un día de la semana. Es un enfrentamiento sobre la autoridad. ¿Quién tiene el derecho de determinar qué significa guardar el día de reposo? ¿Dios, que lo estableció, o los hombres que añadieron sus propias regulaciones? En este pasaje veremos a los discípulos de Jesús siendo cuestionados por los fariseos, a Jesús respondiendo desde las Escrituras y reclamando una autoridad que va mucho más allá de la de cualquier líder religioso. Lo veremos confrontar una religiosidad que había perdido de vista la misericordia, ejercer Su poder para restaurar a un hombre necesitado y, finalmente, ser rechazado por quienes estaban más preocupados por sus propias normas que por la compasión. Durante los próximos días profundizaremos en este pasaje. No se trata simplemente de descubrir qué podemos o no podemos hacer en un día determinado. Se trata de reconocer quién es Jesús, someternos a Su autoridad y comprender el descanso que solamente Él puede darnos.

Te invito a acompañarnos durante los próximos días con un corazón dispuesto a escuchar la Palabra, examinar tus propias convicciones y responder a la enseñanza de Cristo. Porque la pregunta que atraviesa todo este pasaje sigue siendo importante para nosotros: ¿Quién es el Señor del reposo?

Oración: Señor, gracias porque desde el principio has mostrado Tu autoridad sobre toda la creación y Tu cuidado por nosotros, que somos frágiles y necesitamos descanso. Perdónanos cuando nuestras propias ideas, costumbres o exigencias ocupan el lugar que solamente te corresponde a ti. Danos un corazón dispuesto a escuchar Tu Palabra, comprender Tu voluntad y someternos a la autoridad de Cristo. Acompáñanos durante estos próximos días de estudio y ayúdanos a reconocer la grandeza de Jesús, Su misericordia y el descanso que nos ofrece por medio de Su obra. En el nombre de Jesús. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. ¿En qué ocasiones nuestras costumbres o exigencias pueden llegar a ocupar el lugar de la autoridad de la Palabra de Dios?
  2. ¿Estoy dispuesto a examinar mis convicciones y someterlas a lo que Cristo enseña?

 

Versículo para memorizar:

«Encontrarás tu gozo en el Señor». —  Isaías 58:14

 

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Comentarios

Shirley gracia
hace 2 horas

Amén 🙏