“Y llamarás Su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” Mateo 1:23
La Navidad, entonces, no es una mera celebración sentimental o tradicional, sino la proclamación de un pacto fiel: Dios mismo se ha acercado para habitar entre Su pueblo. En el ministerio de Jesucristo vemos la culminación de la promesa: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Lo que tenemos aquí no es a un Dios lejano que observa desde Su trono, sino Uno que se identifica con nuestra fragilidad humana para fortalecernos en la debilidad. Él es el Hijo de David, el Mesías prometido, el que se hizo carne para caminar delante de Su pueblo, y en Su caminar nos trae consuelo, guía y disciplina para que nuestra fe no se desvíe” (Hebreos 12:2-3). En Cristo, la presencia de Dios ya no es un privilegio reservado para unos pocos; es una realidad accesible por medio de la fe, por la obra del Espíritu Santo que habita en todo creyente. Por ello, la encarnación de Cristo desplaza la soledad con una comunión real: Dios con nosotros, no como una idea, sino como una Persona que proporciona compañía constante, consolación profunda y dirección segura para las pruebas presentes y las incertidumbres del porvenir.
Esta cercanía divina no suprime la santidad de Dios ni minimiza la distancia que nuestra condición caída impone. Al contrario, revela la grandeza de la gracia: Dios permite que Su presencia se experimente en nuestra debilidad para que veamos, con mayor claridad, la gloria de Su justicia y la suficiencia de Su gracia. Así, la Navidad no nos invita a buscar en la experiencia sensorial un escape de la realidad, sino a descansar en la fidelidad inquebrantable de un Pacto que no falla. En medio de las fiestas, cuando el ambiente a nuestro alrededor se llena de ruidos y luces, el creyente puede recordarlo y gozarse en ello: la compañía de Dios no es una presencia pasiva; es la garantía de que la historia humana está en las manos del Dios que sostiene, corrige y redime.
En este contexto, el llamado es claro: anclemos nuestra esperanza no en las circunstancias cambiantes sino en Cristo, la piedra angular que sostiene la vida. En estos días, cuando las emociones fluctúen con la marea de los recuerdos, cuando la nostalgia golpee con fuerza, podemos volver la mirada a Aquel que, en Su encarnación, tomó nuestra condición para traernos a eterna felicidad. Si la soledad se cuela en nuestra alma, recordemos que Emanuel, Dios con nosotros, es la respuesta divina a la soledad humana: Su presencia transforma el miedo en confianza, la tristeza en gozo, la incertidumbre en esperanza. Que estas fiestas sea una oportunidad para vivir la cotidianidad de nuestros hogares contendiendo ardientemente por la fe que una vez nos ha sido dada: buscando a Dios en oración, alumbrando nuestros hogares con Su Palabra, y testificando de nuestro encuentro con el Dios que no se ha quedado en la distancia, sino que ha decidido estar con Su pueblo. Que nuestra meditación en estos días no esté centrada en lo que deseamos y no tenemos, sino en la gracia que nos une a Cristo y a la Iglesia, para que, aun en medio de la oscuridad del mundo, podamos caminar con la claridad de la luz que resplandeció para los que moraban en valle de sombra de muerte (Isaías 9:2) Porque en la encarnación se cumplen las promesas mesurables de Dios: presencia, comunión, esperanza y llamado. Y si hay una casa que necesite consuelo, recordemos que ese consuelo no es de origen humano, sino que es consecuencia de la manifestación de la presencia de Dios con nosotros, ahora y para siempre.
Oración: Señor Dios, te damos gracias por la maravilla de la encarnación: Dios con nosotros. Sustenta nuestra fe con la certeza de Tu presencia constante, fortalece nuestra esperanza ante las pruebas y llama nuestro corazón a descansar en Tu pacto inquebrantable. Que la alegría de la Navidad derrame Tu gracia en cada circunstancia, para que podamos vivir en intimidad contigo, obedecer Tu palabra y amar a nuestro prójimo con la seguridad de que estás con nosotros en todo momento. Amén
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Comentarios
Gracias a Dios por cristo y por tan inmenso sacrificó en la cruz. Amen🙏🙏
Amén, amén, amén.