Entrega total, esperanza sin límites

Publicado el 29 de diciembre de 2025, 3:06

“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que, al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo. El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, y al encontrar una perla de gran precio, fue y vendió todo lo que tenía y la compróMateo 13:44-46

A través de Su enseñanza, Cristo nos muestra que ninguno de estos hallazgos es resultado de un derecho adquirido por herencia: cada uno debe pagar un precio para obtenerlo. Este énfasis de Jesús era relevante para la audiencia que en ese momento le escuchaba, muchos de los cuales creían que la salvación podía heredarse por ser descendientes de Abraham, así como hoy algunos piensan que la herencia familiar o la trayectoria cristiana garantiza la salvación sin un trato personal con Dios.

Como señala Pedro en su primer discurso después de Pentecostés, en Hechos 2:38-39, “Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame” La salvación no puede apoyarse en la fe de otro; cada uno debe responder por sí mismo. Y surgen preguntas decisivas: ¿qué costó más, el campo o la perla? El costo, para ambos, fue todo lo que tenían. Ambos estaban dispuestos a venderlo todo para obtener su tesoro. Así como Cristo indicó al joven rico en Lucas 18:22: “Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme” Jesús solicita una renuncia a algo que a veces no estamos dispuestos a abandonar para demostrar que nuestros deseos quizá son más débiles de lo que creemos: en ocasiones no deseamos la salvación con la intensidad necesaria. En Lucas 14:26, Jesús añade: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser Mi discípulo” Hacer estas renuncias no salva, pero la incredulidad o la indisposición a renunciar revela un corazón que no está preparado para recibir la gracia. ¿Estarías dispuesto a desprenderte de todo lo que valoras: tu reputación, tus ingresos, tus logros, tus relaciones, tu comodidad o incluso tu propia vida, si eso hiciera la diferencia entre tener a Cristo o no tenerle? Examina con seriedad qué cosas estarías dispuesto a entregar por Cristo y cuáles no. Si hay algo que no puedes entregar por Él, pídele a Dios que transforme tus deseos. Porque, aunque la salvación es gratis, puede llegar a costarte todo.

Ninguno de los dos hombres de las parábolas fue obligado a renunciar a todo; ambas decisiones fueron fruto de un libre consentimiento y, lejos de ser una carga, fue un gozo. Y tú que piensas ¿Estás satisfecho con los placeres efímeros del dinero, el entretenimiento, el orgullo, el trabajo o el pecado? O ¿Estás buscando una satisfacción plena en Cristo, el Único que puede calmar la sed de tu alma?

Oración: Señor Dios, gracias por Tu gracia que revela que la salvación no es heredada ni merecida, sino recibida por fe en Tu Hijo. Ayúdanos a comprender el valor del reino de los cielos y a desearlo con un fervor que supere nuestro deseo por cualquier tesoro de este mundo. Renueva en nosotros el deseo de Cristo por encima de todo lo demás, transforma nuestros anhelos para que podamos encontrar en Él el verdadero gozo y la plenitud. Haznos dispuestos a renunciar a lo que sea necesario para seguir a Jesús, sabiendo que la salvación es Tu regalo y que, al elegir a Cristo, hallamos vida en abundancia. Te lo pedimos en el nombre de Tu amado Hijo, amén

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Comentarios

Yamileth
hace 2 meses

Amén.

Shirley García
hace 2 meses

Gracias damos por Cristo Jesús amen 🙏🙏