En Mateo 1:18-25 se nos habla de un nacimiento que llega en medio de preguntas y temores humanos. La encarnación no llegó con garantía externa, sino a través de una experiencia que, a ojos humanos, podría haber provocado vergüenza, malentendidos y decisiones apresuradas. José se enfrenta a una noticia que desborda su comprensión: María está embarazada, y el ángel le revela que lo engendrado es del Espíritu Santo. En ese momento, la fe de José no es un destello repentino de certidumbre; es una obediencia que se asienta en la revelación divina y en una evaluación honesta de su propio corazón y sus circunstancias.
Para nosotros hoy que enfrentamos también a decisiones que desafían nuestra fe, la historia de José y María es un espejo de cómo debemos responder cuando la fe entra en conflicto con la prudencia humana y con las expectativas sociales. En la cultura contemporánea al igual que en tiempos de José, la obediencia a Dios a menudo se ve como la opción arriesgada porque puede implicar costos personales, dolor, o la necesidad de caminar en silencio cuando la opinión pública ofrece otro relato. Pero la obediencia bíblica no es una simple reacción emocional; es una confianza que se apoya en la soberanía de Dios y en Su fidelidad. El ángel que habló a José no solo confirmó el plan divino; sino que llamó a José a un acto de fe que trasciende las dudas inmediatas: “No temas, José, hijo de David, recibir a María como tu esposa, porque lo que en ella es engendrado es del Espíritu Santo” Esa orden no elimina la duda por completo, pero ofrece un fundamento para actuar con valentía y con misericordia.
La obediencia de José y María sólo es posible entenderla como una respuesta a la gracia soberana de Dios. No es un mérito humano, sino gracia que habilita para confiar cuando no hay garantías visibles. Su ejemplo invita a los creyentes a sostener la fe con un entendimiento claro de la depravación circunstancial y la ineficacia de la propia justicia para justificarnos ante Dios. Aun así, la gracia de Dios obra a través de la debilidad: José elige no adulterar, no exponer a María a la vergüenza pública, y, en última instancia, recibe el anuncio y se dispone a cumplir su papel en el plan de salvación. María, por su parte, acepta el llamado con fe, a sabiendas de que su reputación estaría en juego y que la respuesta de fe requerirá paciencia y confianza en el Señor.
El desafío para el creyente actual es claro: ¿cómo responder a la voluntad de Dios cuando no hay claridad de inmediato, cuando el mundo grita otros criterios de éxito o seguridad, y cuando la obediencia implica sacrificar deseos personales? La respuesta bíblica no es un impulsivo “sí” emocional, sino un “sí” informado por la Palabra de Dios, sostenido por la gracia que sólo Cristo puede otorgar. En este sentido, la obediencia de José y María es un llamado a la fidelidad cotidiana: a discernir la voluntad de Dios en las circunstancias, a obedecer con diligencia cuando el camino no está marcado por señales que son absolutamente comprendidas por nosotros, y a esperar en silencio la realización de las promesas dadas por Dios, confiando en que Dios obra en lo imperceptible para hacer Su voluntad en este mundo.
Oración: Señor Dios, gracias por la claridad de Tu plan revelado en la encarnación de Tu Hijo. Ayúdanos en todas nuestras circunstancias a responder como José y María con fe obediente, incluso cuando la claridad de lo que nos estás ordenando parece escasa y las circunstancias exigen un acto de confianza que desafía la prudencia humana. Fortalece nuestra esperanza en Tu fidelidad, sosteniéndonos con Tu gracia para vivir con integridad ante ti, para amar a otros con misericordia, y para esperar con paciencia la obra que sólo Tú puedes completar en nuestras vidas. Amén
Añadir comentario
Comentarios
Amén
Amén, ayúdanos señor.