Cuando la fe camina en lo incierto

Publicado el 9 de enero de 2026, 2:48

“He aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto Mateo 2:13-15

Vivimos en una era confusa e inconstante, y es en medio de esa confusión donde la gracia de Dios se manifiesta de manera particular para sostener a Su iglesia, porque a diferencia de todo lo demás Dios no cambia. Su providencia no es una moda que se desvanece, sino una eterna seguridad para los que creen.

En el pasaje de hoy vemos a Dios trazando una ruta para José y María, no por capricho sino en cumplimiento a Su plan soberano, para cumplir la promesa de un Redentor (Génesis 3:14-15). Qué consolación tan profunda: Dios no improvisa cuando el mundo tiembla. Él ordena, Él gobierna, y Sus designios se cumplen perfecta y puntualmente. Pensemos en José y María y en la visita de los magos. Aquella visita era una confirmación más de que el Mesías había llegado, que las palabras del ángel eran verdaderas, y posiblemente les dio valor para enfrentar la incertidumbre. Pero de nuevo un sueño les trae un mandato que parece amenazar la comodidad que ahora tenían: huir y refugiarse en Egipto. Ellos obedecen, no por fanatismo emocional, sino porque reconocen que la obediencia a la Palabra de Dios es la única seguridad verdadera y es que la confianza de un verdadero creyente no reposa en su prudencia, sino en un Dios que habla y cuida. La escena que se muestra a través de este pasaje revela la gracia común que protege a la familia de la promesa, y al mismo tiempo revela la vulnerabilidad de un niño que debe vivir como un exiliado antes de que llegue el tiempo de salvar a Su pueblo.

Pero no podemos eludir la parte oscura de este pasaje sin traicionar la integridad de las Escrituras ni negar la realidad del mal en un mundo caído. La matanza de inocentes es un misterio que desafía nuestra mente y nuestra experiencia. Como creyentes, no nos consolamos con evasiones, sino con la verdad de la Palabra que nos revela la santidad de Dios frente al sufrimiento humano. ¿Cómo puede Dios guiar, proteger y actuar en favor de Su plan y, al mismo tiempo, permitir tal violencia? Dios no es el causante del mal; Él es soberano, sobre todo, y Su concepto de justicia y misericordia trasciende nuestra comprensión: “Sus pensamientos son más altos que nuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9). La Biblia enseña con claridad que Dios es Santo, justo y Omnipotente, y que Su camino es perfecto. Incluso cuando el mundo parece desbordarse en dolor, recordamos la verdad de que ninguna sangre derramada mancha Sus manos con culpa. El argumento de que Satanás podría estar a la altura de Dios y por tanto tener la capacidad de hacer cosas a pesar de que no es la voluntad de Dios se deshace ante todo el contexto bíblico: no hay rival para el Señor, incluso Satanás con todo “su poder” no es más que una criatura más. El poder de Dios no se ve debilitado por el mal, sino que, en Su sabiduría, mientras el mal se manifiesta Dios está tejiendo un propósito mayor. Jesús dijo: “Un gorrión no cae a tierra sin la voluntad del Padre”.

Ahora, si el menor detalle está bajo la soberanía de Dios, ¿cómo podría la violencia de esta matanza escapar a Su dominio? Este pasaje nos empuja a mirar más allá de lo visible hacia la realidad de un mundo por venir, donde la justicia de Dios se manifestará en plenitud. Los niños que perdieron la vida ese día no quedaron ausentes de la misericordia de Dios; entraron en la gloria eterna, libres de la carga de la culpa y de la responsabilidad del pecado. Pero ¿Qué ocurrió con Herodes que si sobrevivió ese día? Él también pasó a la eternidad, y su destino final contrasta agudamente con la esperanza de aquellos que, desde la cuna y los brazos de su madre fueron llamados a la vida eterna. No podemos entender todas las cosas, ni debemos empequeñecer la verdad de la Escritura por nuestra limitación. La soberanía de Dios no se agota ante lo inexplicable; al contrario, nos invita a confiar con humildad y fe. Dios es bueno, soberano y poderoso. Él lleva a cabo Sus propósitos y cumple Sus fines, y Su fin último es devolvernos a través de la muerte de Su Hijo la capacidad de vivir para la gloria del Único Dios Verdadero, y no solo esto, la capacidad de que al hacerlo este sea nuestro mayor deleite.

Oración: Señor y Dios nuestro, confesamos que Tu camino es perfecto, y que Tu soberanía gobierna incluso lo que no entendemos. Gracias por el inmenso regalo de Tu Hijo, crucificado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación. Ayúdanos a aceptar con humildad que, aunque no entendamos todas las cosas, podemos confiar en Ti con un corazón arrepentido y lleno de gratitud. Que Tu Espíritu nos fortalezca para obedecer, incluso cuando la ruta sea dolorosa y desconcertante, sabiendo que Tus pensamientos son de bien y no de mal. Enséñanos a buscar Tu rostro en medio de la confusión, a depender de Tu palabra y a vivir en la fe que obra en el amor y en la esperanza de que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria que en nosotros ha de manifestarse. Amén

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Comentarios

Yamileth
hace un mes

Amén