“Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” Mateo 3:5-6
Después de cuatro siglos de silencio profético, Dios estaba hablando nuevamente y llamando a Su pueblo a volver a Él, por ello grandes multitudes acudían para escuchar al mensajero que venía de Dios. En esa escena se revela la condición del corazón humano: hay quienes reciben el mensaje con fe y arrepentimiento, y hay otros que llegan con una apariencia de piedad pero sin transformación.
Entre la multitud estaban también los saduceos y los fariseos, a través de ellos podemos ver dos caminos que la humanidad suele elegir cuando intenta agradar a Dios por su propia fuerza. Los saduceos representan una actitud autosuficiente ante la vida: rechazan lo sobrenatural, niegan la resurrección y el juicio, y confían en la seguridad de las riquezas, del poder y de la experiencia humana para sostener su confianza. En cambio, los fariseos, aunque sí creían en un juicio venidero, dependían de una obediencia que creían suficiente para merecer la aceptación de Dios. Tomaron la ley de Moisés y la volvieron un código externo, buscando asegurar su estatus ante Dios a través del cumplimiento literal y de la autosuficiencia. Ambos grupos, en su seguridad humana, se presentan ante Juan sin ninguna humildad, sin reconocer su necesidad de la gracia. Cuando Juan los mira, su palabra es cortante como una espada de dos filos: “Generación de víboras. ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira venidera?”. Esa declaración revela la verdad que toda alma necesita escuchar: ante un Dios santo, no hay cabida para la autosuficiencia de la carne; el reino de los cielos requiere fe humilde y arrepentimiento genuino. Juan no estaba llamando a una reforma superficial, sino a un cambio radical de alianza: del reino de este mundo al reino de Dios, por la gracia de Cristo.
Juan pregunta ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira venidera? La ira venidera es, en su esencia, la justicia de Dios contra el pecado. No es una emoción caprichosa, sino la manifestación de su santidad ante lo que deshonra Su gloria. Jesús habló de ello con insistencia para que Sus oyentes comprendieran la gravedad del pecado y la necesidad de una justicia que no nace del esfuerzo humano sino de la fe recibida por la promesa del Evangelio. La cruz es la mayor demostración de que Dios no tolera el pecado, por ello la vida que salva es la vida de Cristo imputada a los creyentes por gracia, mediante la fe operada por el Espíritu. Si la ira venidera se acerca, es para hacernos despertar de nuestra autocomplacencia y conducir nuestros ojos a Aquel que conquistó la muerte y quebrantó las cadenas del pecado. En este marco, la devoción cristiana no es una simple disciplina moral, sino una contemplación de la grandeza de la gracia soberana que, por medio de la predicación de Juan y, finalmente, por medio de la obra de Cristo, desarraiga la confianza humana para sembrar una confianza nueva: en Dios, en Su justicia, en Su misericordia y en la suficiencia de Cristo.
Oración: Señor Todopoderoso, te alabamos por Tu santa soberanía que gobierna todas las cosas y por Tu gracia que, cuando estábamos muertos en nuestros delitos y transgresiones, nos dio vida juntamente con Cristo. Humillamos nuestros corazones ante Tu palabra, confesando que, a veces como los saduceos y fariseos, confiamos en nuestros logros o en nuestra justicia aparente, y no hemos dependido de la obra completa de tu Espíritu en nosotros. Guárdanos de la autosuficiencia y enséñanos a entrar al reino como niños, con fe humilde y arrepentimiento sincero. Que la verdad de Tu ira justa contra el pecado nos impulse a vivir en la gracia de la cruz, a movernos por la fe que obra por el amor, y a esperar con paciencia la plenitud de Tu reino. Renueva oh Señor nuestra mente para que comprendamos, cada día, que nuestra esperanza no puede estar en el esfuerzo humano, sino en la gracia soberana de Cristo Jesús nuestro Señor. Amén
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Amén, líbranos señor de nosotros mismos, y de los deseos de autosuficiencia.
Amén 🙏🙏