Preparados para Él

Publicado el 16 de enero de 2026, 2:51

“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” Mateo 3:8-9

¿Qué significa producir fruto digno de arrepentimiento? ¿Qué tipo de fruto es ese? Dios, en Su misericordia, nos convence de nuestro pecado, nos impulsa darle la espalda a ese pecado y a partir de ese momento nuestras vidas toman un rumbo distinto, reflejando una transformación interior que se manifiesta en el accionar de cada día. Por eso, si persiste algún patrón de pecado del que no nos hemos liberado, es señal de que tal vez aún no ha habido unarrepentimiento verdadero; entonces, ¿en qué basas tu confianza si en tu vida hay una práctica deliberada de actitudes pecaminosas contra las que no estás luchando?

Muchos dijeron a Juan: “Somos parte del pueblo elegido. Dios amó a nuestro padre Abraham, y por eso nos ama a nosotros. No necesitamos lidiar con este asunto del arrepentimiento ni producir fruto; simplemente somos hijos de Abraham, confiamos y estamos seguros, y no necesitamos nada”. Pero Juan les mostró que el día del juicio traería sorpresa y asombro, y les habló con claridad: no caigan en la falsa seguridad de que sus antepasados eran justos y que, por ende, ustedes también lo son. E intensificó la advertencia cuando dijo: «El hacha ya está a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado». El juicio se acerca y no admite engaño. Estas personas llegaban cómodas, confiadas: ellos decían “somos hijos de Abraham”, y esa seguridad humana debía ser derribada para que buscaran la verdadera pertenencia a la familia de Dios. Viene el juicio y todo árbol que no dé buen fruto será talado y arrojado al fuego ¿Qué es el fuego? Es el infierno. No hay duda: viene un juicio, y si no estamos preparados, la pena del pecado—que es el infierno—nos alcanzará.

Ahora, los gentiles, al convertirse en judíos, debían ser bautizados. Este no era un mandato de la ley de Moisés; era un rito de purificación que exteriorizaba la decisión interior de abandonar la antigua forma de vivir. ¿Qué les decía Juan el Bautista a los judíos? Les decía: «Ustedes deben hacer lo mismo». Debían ser purificados como los gentiles porque en la práctica, vivían como si fueran gentiles. Y eso es lo que significaba su bautismo: reconocer humildemente delante de todos que no podían ni habían podido, por sí mismos, vivir para la gloria de Dios. Entonces él decía: «Yo los bautizo con agua para arrepentimiento, pero después de mí viene Uno cuyas sandalias no soy digno de llevar». Juan dijo: ni siquiera estoy a ese nivel, ni siquiera puedo tocar Sus pies, ni siquiera puedo llevar Sus sandalias; así de superior es Él ¿Te das cuenta de con quién estás tratando? Si el hombre que fue reconocido por Cristo como el más grande entre los nacidos de mujer está a ese nivel ¿qué de ti o de mí? Él viene; prepárate para Él. Él te bautizará… Juan dijo: yo los bautizo con agua, pero Él trae otros bautismos.

El bautismo, en su esencia, es una inmersión total en algo; esa es la idea del vocablo griego que se traduce como bautismo. “Yo los bautizo con agua, sumergiéndolos totalmente en el arrepentimiento. Él los sumergirá totalmente en el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo fluirá a través de ustedes, produciendo el fruto correspondiente al arrepentimiento. Pero también tiene otro bautismo que ofrecer: el bautismo en fuego y ustedes elegirán: bautismo en Espíritu Santo o bautismo en fuego. Pero con seguridad serán bautizados con uno u otro. Él limpiará Su era y todos serán bautizados. Cristo vendrá y recogerá el trigo en Su granero. ¿Qué es eso? Esos son los quebrantados por el pecado, que claman a Dios y piden su misericordia por medio de Jesucristo. Ese es el trigo que será recogido en el granero. Pero para cualquiera que diga: “No necesito esto, no necesito escuchar este mensaje, no necesito arrepentirme, no necesito nada de esto”, esa es la paja, y la paja será quemada con un fuego inextinguible. Jesús en Mateo 25 anunció que se les dirá: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”. Es un fuego que nunca termina, el fuego del justo juicio de Dios contra el pecado.

En este marco, lo que Juan te está diciendo es: “Tú eliges: Él viene, es poderoso y te bautizará con el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo producirá en ti fruto digno de arrepentimiento. O, si no hay arrepentimiento, Él te bautizará con fuego en el día del juicio”.

Oración: Dios de misericordia, me quedan claras Tu infinita gracia y mi necesidad de arrepentimiento. Confieso ante Ti que sin Tu Espíritu Santo no puedo transformar mi corazón ni vivir para Tu gloria. Te suplico que hagas lo que sea necesario para conducirme a un arrepentimiento genuino, que produzca frutos que te honren y que reflejen que soy una nueva creación. Lléname con Tu Espíritu, para que haya en mí fruto que evidencie mi arrepentimiento, amando la justicia, albergando la humildad y buscando Tu gloria en cada decisión de mi cotidianidad. Precioso Espíritu Santo produce en mí la fe que se perfecciona en obediencia y mantenme preparado para ese día, no por mis obras, sino por la justicia de Cristo derramada por mí. Amén

Valoración: 4.4 estrellas
5 votos

Añadir comentario

Comentarios

Yamileth
hace un mes

Amén.

Shirley García
hace un mes

Amén.