Devoción que transforma

Publicado el 28 de enero de 2026, 3:04

“Sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto” Mateo 5:48

Al contemplar el cristianismo de hoy, es triste ver que la vida espiritual no pasa de ser una mera capa de brillo exterior que oculta corazones que aún no han sido verdaderamente regenerados por la gracia del Evangelio. Pareciera que el evangelio estuviera avanzando, las encuestas señalan grandes cifras de supuestas experiencias de nuevos nacimientos, y sin embargo la decadencia rampante que vemos en nuestra cultura es como una bofetada que hiere y nos urge a una mirada más realista. En el Sermón del Monte encontramos una respuesta que alimenta la fe y clarifica la vida práctica de quienes han sido transformados por la gracia de Cristo.

Antes de la encarnación del Hijo, Dios levantó tres ministerios para sostener al pueblo en su caminar delante del Único Dios Verdadero: el Profeta, el Sacerdote y el Rey. Mateo nos presenta a Jesús como el Rey de Israel desde el inicio, mostrando que Él cumple las profecías y que es el Rey prometido para gobernar con fidelidad al pueblo de Dios… Él es nuestro Rey. Pero, como creyentes en Cristo, nos aferramos y dependemos también de Su oficio como Sacerdote, quien se ofreció  a Sí mismo en la cruz, derramó Su sangre para quitar nuestros pecados y apartar la ira de Dios, para que no quedáramos bajo juicio. Al tercer día resucitó, y Su sangre fue presentada delante del Padre como propiciación por nuestros pecados. Sin embargo, es notable que a veces descuidamos e incluso llegamos a ignorar el ministerio de Jesús como Profeta. ¿Cuánto reflexionamos en las palabras que Él pronunció y sobre cómo esas palabras deben transformar nuestra vida diaria? ¿Cuánto prestamos atención a Sus sermones, dispuestos a dejar que Él nos hable y nos dirija en qué pensar, en qué sentir y sobre qué base vivir y ser juzgados? En ningún otro lugar de los evangelios se halla una mayor exhibición de la predicación de Jesús que en el Sermón del Monte, y amada iglesia, aprender a escucharle es aprender a vivir.

Respecto a este ministerio de Profeta, en el Evangelio de Juan, capítulo 7, encontramos una escena que debe confrontarnos: Los enemigos de Jesús envían a los guardias del templo para arrestarlo; cuando llegaron, esos hombres se quedaron a escuchar Su enseñanza y, al no poder cumplir su misión, regresaron sin Él. ¿Qué explicación dieron? “Jamás nadie ha hablado como este hombre” (Juan 7:45-46). Esta afirmación permanece vigente aún: Jesús es el predicador más grande que haya existido, y nuestra vida debe acercarse al Sermón del Monte con la expectativa de oír al mensajero de Dios, al profeta de Dios. También en la epístola a los Hebreos 1:1-3 se nos recuerda que “En el pasado, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas, pero en estos últimos días nos ha hablado por medio de Su HijoEl Hijo es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de Su ser, y sustenta todas las cosas con Su palabra poderosa” Estas palabras son un llamado para nosotros hoy a una disposición intencional de nuestro corazón para escuchar lo que Él quiere decirnos cada día y de una manera especial lo que estaremos considerando al estudiar el Sermón del Monte.

Oración: Señor, al considerar Tu Palabra y la vida de Tu Hijo, deseo que Tu gracia opere en mi interior de forma que no me contente solo palabras hermosas que momentáneamente estimulan mi corazón, sino que busque intencionalmente una transformación real que se muestre en mis pensamientos, deseos y acciones. Ayúdame a no esconderme tras una apariencia de piedad, sino a regirme por la verdad de tu Evangelio, a depender de Tu Espíritu para que, cada día Cristo sea formado en mí. Que pueda vivir con una fe que confía plenamente en Tu gracia, sabiendo que la perfección a la que me llamas no depende de mí fuerza, sino de Tu obra en mí y de Tu fidelidad. Te pido que me prepares para escuchar y responder con obediencia a lo que Tu quisiste enseñarme a través del Sermón del Monte. Amén

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