En el sendero de la obediencia

Publicado el 27 de enero de 2026, 4:53

“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” Romanos 6:1-4

A la luz de la gracia soberana de Dios, quiero reconocer que la vida que hoy vivo no es producto de mi iniciativa, sino respuesta a Su llamado y evidencia de Su obra. La gracia de Dios no me ha otorgado permiso para vivir en el pecado, sino que cada día me llama a una vida transformada por el Espíritu, para la gloria Aquel que me amó y se entregó por mí en la cruz del calvario. Hoy pregunto, como una vez lo hizo el apóstol Pablo ¿Qué diremos entonces? ¿Persistiremos en la condenación de nuestra vieja naturaleza para que la bondad de Dios se manifieste en nosotros? De ninguna manera. Porque ¿Cómo alguien que ha muerto al pecado puede seguir viviendo en él? Por medio del bautismo quedamos unidos a la muerte de Cristo, para que, así como Cristo resucitó de los muertos para la gloria del Padre, así también nosotros para la gloria del Único Dios Verdadero andemos en nueva vida.

Detengámonos ante esta esta realidad y preguntémonos ¿He entregado mi vida a Jesús y, obedeciendo como Él lo hizo, he sido bautizado como Él ordenó? Este es el primero de los muchos actos de obediencia a través de los cuales con humildad le honramos a Él. Algunas veces, con mucha lucha interior, porque a pesar de haber sido vivificados en nuestro hombre interior seguimos atados a un cuerpo de muerte que lucha por arrastrarnos al pecado del que ya hemos sido limpiados (Romanos 7:15-25). Si aún no nos hemos bautizado, la obediencia nos llama a seguir a Cristo con arrepentimiento continuo, a reconocer que el bautismo está ligado a nuestra santidad al ser un testimonio público de que ya no vivimos nosotros, que hemos sido sepultados. Es por esto que la Escritura nos llama a vivir conforme a los votos bautismales que hacemos ante la iglesia local y ante nuestro Creador (Romanos 6:1-4). Si nos hemos unido a Cristo en Su muerte, debemos vivir también en Su resurrección, caminando en la vida nueva que Él prometió. ¿Estoy realmente andando en esa nueva vida? ¿Estoy resistiendo al diablo y viendo cómo huye de mí? ¿Estoy atravesando desiertos de tentación lleno del Espíritu y saliendo de ellos fortalecido por Su poder? ¿O aún estoy permitiendo que la carne y las tentaciones me desvíen? Jesús nos ha dado la capacidad de decir no, de permanecer firmes (Hechos 1:8) y nos ha mostrado el camino. El camino es la Palabra: la Biblia, las Escrituras. Humillémonos y renovemos nuestro entendimiento bajo su verdad, rindámonos ante su autoridad y roguemos al Padre que transforme nuestros deseos para que tengamos un anhelo sincero de obediencia. Memoricemos la Escritura no como un simple ejercicio, sino como un medio por el cual Dios nos da la fuerza para responder a cada tentación con verdad, para vivir en santidad y para resistir, no por nuestra fuerza, sino por Su gracia obrando en nosotros.

Si nunca te has entregado plenamente a Jesucristo, pide que este sea tu día de salvación. Entrégate a Él por completo para que te salve de tus pecados y te dé vida eterna. Si ya eres cristiano, si ya has creído y obedecido al evangelio, si te has bautizado y estás luchando contra el pecado, levanta en esta hora tu voz para rogar ayuda para permanecer firme, para crecer en el conocimiento de Cristo y para resistir como lo hizo Jesús, sin rendirte. Oh iglesia rinde tu vida al señorío de Cristo y al gobierno del Espíritu Santo para que puedas permanecer firme en el día malo.

Oración: Señor, te alabo por Tu gracia que me llama y me permite vivir como uno que ha sido hecho una nueva creación en Cristo. Reconozco que mi bautismo es un testimonio de mi unión con tu muerte y resurrección; por favor ayúdame a vivir de acuerdo con esa identificación: en santidad y obediencia. Haz lo que sea necesario para que tu Espíritu me capacite para decir no a las promesas mentirosas del pecado y sí a la verdad de Tu Palabra. Fortalece mi fe cuando las tentaciones se presenten, Oh amado Dios que mi vida refleje la esperanza de la gracia que me has otorgado. Que, en cada batalla, pueda descansar en Tu promesa de que Tú luchas por mí. Una vez más te entrego mi corazón y mis caminos para que seas glorificado en todas las áreas de mi vida. Amén

Valoración: 5 estrellas
7 votos

Añadir comentario

Comentarios

Yamileth
hace un día

Amén, Ayúdanos señor.

Shirley García
hace 18 horas

Amén