Corazones que perdonan y alivian

Publicado el 12 de febrero de 2026, 3:14

“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!” Mateo 9:27

Cuando la misericordia se hizo carne en Cristo, esta dejó de ser una idea intangible para convertirse en una realidad visible en medio de nosotros. Cada milagro de Jesús nace de esa misericordia que no se limita al perdón de los pecados, sino que se manifiesta también en el alivio de las consecuencias del pecado. A lo largo de la historia de la Iglesia, hemos visto cómo los creyentes, movidos por esa gracia, han buscado expresar lo que llamamos obras de misericordia: levantar hospitales, apoyar orfanatos y hogares para los necesitados, y sostener ministerios que llevan ayuda a los pobres del mundo. Nadie se acerca a la definición de misericordia mostrada por Jesús como lo hacen los cristianos.

Pensemos en lo que sucedió cuando Jesús cenó en casa de Mateo, los publicanos y pecadores llegaron confiadamente para comer con Él y con Sus discípulos. Al ver esto, los fariseos preguntaron: “¿Por qué come su maestro con los publicanos y pecadores?”. No fueron los discípulos los que respondieron esta pregunta, Jesús lo hizo y Él les dijo: “No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos”. Y al decirles esto también les dio una tarea para hacer: “Vayan y aprendan lo que significa esto: ‘Misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos’” (Oseas 6:6) porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Con estas palabras, Él señala que todo el sistema sacrificial y las leyes que los fariseos creían cumplir son la manifestación de la misericordia de Dios hacia los pecadores, el compromiso del Único Dios Verdadero que no quiere tratarnos como realmente merecemos ser tratados.

Aunque todo lo que Jesús hizo en Su ministerio muestra la misericordia de Dios para con pecadores, la obra cúspide que magnifica la misericordia se revela en la cruz. Allí, Jesús fue crucificado para cumplir la justicia y la perfección de Dios en todas sus dimensiones. En la cruz se cumple y se revela una misericordia que toma la ira de Dios para que nosotros recibamos misericordia sin la ira que merecen nuestras obras. Retomemos nuevamente un pensamiento que antes consideramos: si estuvieras en el Día del Juicio Final y exigierais recibir exactamente lo que mereces, ¿Cuál sería tu destino? ¿Qué esperanza habría para ti ese día? Pero Jesús vino a cargar con ese castigo en nuestro lugar, para que tengamos vida eterna. Por ello, Tito 3:5 nos recuerda: “cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por Su misericordia”. Entonces, Jesús es la misericordia encarnada.

Ahora, entre la gracia y la misericordia hay una relación profunda y estrecha. La gracia es la respuesta amorosa que nos concede lo que no merecemos; la misericordia, es la respuesta amorosa que no nos da la condenación que si merecemos. Cuándo te miras a ti mismo ¿qué miras en ti, qué rasgos de tu persona manifiestan misericordia? Cuando alguien busca tu perdón, ¿respondes con frialdad o con prontitud y misericordia? Al contemplar los efectos del pecado en otros ¿Qué invade tú corazón: compasión o crítica? Harías lo que haría Jesús si alguien clamara: “Ten misericordia de mí”, ¿te detendríais? ¿Podrías mostrar misericordia? Jesús, sin duda, lo haría. Oh Iglesia, oremos para que nuestros corazones sean transformados hacia una misericordia que perdona genuinamente la transgresión y que, además, está comprometida con el sufrimiento que brota del pecado. Jesús dijo: “Si eres verdaderamente salvo, serás misericordioso. Y si no, no lo serás”. Es una prueba de carácter.

Oración: Señor Dios, gracias por Tu misericordia que se hizo carne en Cristo y se hizo visible por la cruz, que nos dio acceso a Tu gracia y consuelo. Ayúdanos a vivir con un corazón misericordioso, a perdonar con prontitud y a buscar aliviar el dolor de otros como Tú lo haces. Fortalece, por Tu Espíritu, nuestra fe para reflejar en cada interacción la misericordia de Cristo encarnado. Amén

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Comentarios

Shirley García
hace 10 días

Señor ayudamos a ser semejantes a Cristo y llevar una vida santa bajo tu voluntad Amén 🙏🙏🙏