“Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de Su cabeza como lana limpia; Su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de Él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de Él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos” Daniel 7:9-10
Del trono del Anciano de días un río de fuego emana; millares y millones se postran ante Él, y llega el momento en que el Juez toma asiento y los libros se abren ante Su vista y nuestra vista ¿Nuestra vista? Si, definitivamente tu y yo estaremos presentes ese día junto con todo ser humano que haya vivido ¡Qué día tan definitivo! Pero ¿Qué contienen esos libros? El contenido de nuestros corazones está registrado allí. Jesús declaró que en el Día del Juicio daremos cuenta de cada palabra descuidada, cada pensamiento distraído, cada murmullo del corazón… ese día el contenido de nuestra vida se revelará en su totalidad. Hebreos 4:13 nos recuerda que nada creado está oculto a la vista de Dios; todo está expuesto ante Aquel a quien debemos rendir cuentas; y 1 Corintios 4:5 nos asegura que el Señor sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y expondrá las intenciones de nuestros corazones, para que cada uno reciba de Dios la recompensa que corresponde a su obra.
¿Qué puede purificar nuestros corazones para ese día? ¿Qué puede limpiarnos? ¿Qué puede lavar nuestros pecados? Solo la sangre de Jesucristo que fue derramada para purificarnos de todo pecado, para que nos presentemos con confianza ante Dios, santos e irreprensibles a Su vista. La pregunta es ¿Es nuestro corazón puro en este momento? ¿Si ahora fuese llevado a ese juicio que se revelará de mis últimas 24 horas? ¿Qué pensamientos, emociones, decisiones y deseos se revelarán ante nosotros delante de Dios? Ese es el núcleo del Día del Juicio. Esta es la razón por la que en muchas oportunidades Dios a través de Su Palabra nos exhorta a examinar si verdaderamente estamos en la fe, si verdaderamente nuestros apetitos y acciones testifican que somos de Cristo. Oh cuán necesario es que Su Espíritu obre en nuestras vidas, no para darnos “experiencias vacías” sino para escudriñar lo perverso de nuestro corazón, mostrarnos nuestras monstruosidades que hay en él y llevarnos a un arrepentimiento que duela y aborrezca la maldad que nos ha sido revelada de nosotros mismos. No es un secreto, las congregaciones están llenas de gente que aparenta piedad pero que internamente son otros, sus deseos sus apetitos ocultos son muy distintos a su accionar público. ¿Cómo llamamos a quien se presenta de una manera, pero por dentro es distinto? ¿Quizá un hipócrita, un sepulcro blanqueado… hermoso por fuera y lleno de inmundicia por dentro? ¿Qué ocurrirá con los hipócritas en el Día del Juicio? Quedarán expuestos… porque: “no todo el que dice: “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de nuestro Padre que está en los Cielos” Por eso, no nos dejemos engañar: examinemos nuestro corazón y verifiquemos si realmente estamos en la fe.
Creer intelectualmente en la suficiencia de la obra de Cristo para limpiarnos de toda maldad no es suficiente, los demonios también creen y tiemblan (Santiago 2:19) no basta con haber repetido alguna vez una oración, sino no hay evidencia de una purificación continúa y progresiva del Espíritu Santo en nosotros no estamos verdaderamente en Cristo, porque eso es lo que el Espíritu Santo hace. Él es Santo y sí nosotros somos Su templo Él desechará lo que no agrada a Dios, nos limpiará para que llevemos más fruto. Esto no quiere decir que no luchemos contra el pecado, esto quiere decir que no pecaremos intencionalmente. Si nuestras vidas no están siendo purificadas, si no estamos creciendo en santidad es un indicativo de que aún permanecemos muertos en nuestros delitos y transgresiones, un muerto sencillamente no puede hacer nada. Entonces, ¿Puede el corazón humano ser puro? Sí, por la sangre de Jesucristo. Por la fe en Cristo, todos nuestros pecados pueden ser limpiados; pasados, presentes y futuros, perdonados, de modo que podamos presentarnos ante Dios santos e irreprensibles en el Día del Juicio, libres de toda culpa. La pregunta es ¿Hay testimonio en tu vida de que esta obra ya ha comenzado en ti?
Oración: Señor Dios, te alabamos por la dignidad de Tu juicio justo y por la pureza que nos ofreces en Cristo. Lava nuestro corazón con la sangre de Tu Hijo, vistiéndonos de una justicia que no es nuestra, y haz que cada día busquemos la santidad que proviene de Ti. Espíritu Santo, ven y purifica, transforma y modela nuestro interior para que vivamos conforme a Tu voluntad, para que nuestros pensamientos y deseos sean agradables a Ti. Que, al presentarnos ante Tu trono, podamos hacerlo con confianza, sabiendo que en Ti hay perdón, restauración y esperanza. En el nombre de Jesús, amén
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Gracias señor por Cristo, por su preciosa Sangre que nos ha rendimido.
Amén.