Bienaventurados porque verán a Dios

Publicado el 16 de febrero de 2026, 3:14

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” Mateo 5:8

¿Puede un ser humano realmente ver el rostro de Dios? Nadie lo ha hecho jamás (Juan 1:18). Ningún hombre podría contemplar cara a cara al Santo sin perder la vida ante el resplandor glorioso de Su santidad. Pero hay una promesa para los limpios de corazón… ellos verán a Dios cara a cara. ¿No anhelas ese día? Así lo declara la Escritura: Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios; y si hemos creído y obedecido al evangelio, eso es lo que somos. Aquí, ahora, somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como Él es ¿No es grandioso? Pero también se nos dice “todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro” (1 Juan 3:1-3) y en Hebreos 12:14 se nos ordena: “Esfuércense por ser santos; sin santidad, nadie verá al Señor” ¿Anhelamos ese día? ¿Cómo podemos llegar a ser puros de corazón? Volvamos de nuevo a Mateo 5:3 “Bienaventurados los mendigos espirituales” Me pregunto si a la altura de este estudio ¿Somos conscientes de que no somos lo que deberíamos ser? Pero no nos apresuremos y considerémoslo de nuevo: “Bienaventurados los pobres en espíritu que ruegan y lloran por causa de la consciencia de su necesidad, porque de ellos es el reino de los cielos” y luego dice “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” ¿Puedes hallarte en ese grupo?

Permitamos al Espíritu Santo examinar nuestros pensamientos, nuestras pasiones, nuestros deseos, las cosas que elegimos… clamemos como el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y ve mis pensamientos” (Salmo 139:23-24) y en tanto que Él lo hace mantengamos nuestros ojos espirituales abiertos para que podamos ver el pecado y la inmundicia que hay en nosotros. Y cuando lo haga, confesémoslo. 1 Juan 1:9 dice “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para purificarnos de toda maldad”. Confesemos nuestros pecados, ¡Si, confesémoslos! pero no a la ligera, no como un mero cumplimiento de protocolo, no sin tomar tiempo para lamentarnos por nuestro pecado. Y luego seamos mendigos espirituales cada día, comencemos cada jornada diciendo: “Señor, aquí estoy como quien no tiene nada con que honrarte hoy, un mendigo que depende de Tu gracia. Por favor hazme más puro hoy que ayer. Purifícame, sé propicio a mí”.

Ahora enfoquémonos en nuestros pensamientos porque ellos son parte de nuestro corazón ¿Cómo podemos controlarlos? Pensemos en un buffet y todas las posibilidades que este ofrece para colocar en nuestro plato. Así también a medida que avanzamos por la vida, Satanás nos ofrecerá muchas cosas ¿Qué vamos a tomar para amontonar en nuestro plato? Con toda seguridad que colocaremos solo lo que verdaderamente deseamos comer. Entonces el problema no es lo que se nos ofrece, el problema es no discernir la fuente detrás de cada ofrecimiento. Si podemos discernir que algo procede de Satanás, debemos rechazarlo de inmediato, tal como hizo Cristo en Su tentación. Nuestro problema no son las tentaciones; es lo que colocamos en nuestro plato que no procede de Dios, de eso somos culpables ante Él.

Necesitamos controlar nuestros pensamientos. Colosenses 3:1-2 nos recuerda: “buscad las cosas de arriba, donde está Cristo, sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Solo hay un camino para ser puros de corazón, y es este que Pablo señala a los Colosenses: concentrar nuestra mirada en las cosas de arriba; si logramos hacerlo desde el pensamiento, lo habremos logrado. Finalmente, prestemos atención a los actos secretos de adoración que nadie jamás sabrá, aquellos que son hechos no para ser vistos por los hombres sino en totalidad a Dios: ¿de qué cosas que si te agradan pero que no contribuyen a crecer espiritualmente te niegas cuando nadie te ve? ¿Qué cosas que no te agradan pero que honran a Dios haces para adorarle en lo secreto? esa vida privada de adoración es un indicativo de si en verdad hay en nosotros deseo de Dios, si anhelamos la pureza de corazón. Y recuerda, nos corresponde a nosotros examinarnos… los demás no pueden hacer esto por nosotros.

Oración: Padre de infinita gracia, venimos ante Ti con confesión y humildad, pidiéndote que purifiques nuestro corazón y que la pureza de nuestra mente sea un testimonio constante de Tu obra en nosotros. Que podamos ver Tu rostro cuando lleguemos a Ti, y que el deseo de justicia sea el motor de nuestras decisiones hoy, sustentado por la gracia de Cristo y la obra del Espíritu. Concédenos depender de Tu Espíritu en todo momento, que nuestras confesiones sean frutos genuinos de arrepentimiento y fe, y que cada amanecer nos encontremos como mendigos espirituales, deseando más pureza que ayer y confiando en Tu fidelidad para purificarnos. Amén.

Valoración: 5 estrellas
6 votos

Añadir comentario

Comentarios

Yamileth
hace 2 meses

Amén, purifica tu iglesia mi Señor.