La luz del mundo ¿Nosotros?

Publicado el 23 de febrero de 2026, 3:25

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” Mateo 5:14-16

La pregunta que nos confronta, una y otra vez, es ¿Realmente vivimos como luz o si nos hemos acomodado a la oscuridad del presente siglo malo? La luz tiene una función decisiva: informa, da energía y revela lo que no podemos ver por nosotros mismos. Es sorprendente que Jesús nos llame la luz del mundo, más cuando sabemos que Él mismo afirmó ser la luz del mundo. En Juan 8:12 Él dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Entonces, ¿por qué somos luz del mundo? Porque somos la presencia de Cristo en este tiempo, somos Su manifestación mientras en tanto que Él regresa. Jesús declaró: “Mientras esté en el mundo, luz soy del mundo”. Después de Su ascensión, la Iglesia se constituyó en ese luminar para una generación maligna y perversa, de la cual también formamos parte antes de haber sido vivificados por la gracia (Filipenses 2:15).

En Efesios 5:8 se nos recuerda: “En otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor”; somos luminares que brillan en Su lugar mientras anunciamos el evangelio en este mundo inmerso en tinieblas. Pero ¿cómo pasamos de ser tinieblas a ser luz en el Señor? Aquí está el milagro de la gracia: la conversión y el nuevo nacimiento. Nacimos muertos espiritualmente, sin ninguna capacidad ni deseo de vivir para la gloria de Dios… nuestro avance hacia la adultez no hizo otra cosa que evidenciar lo que para Dios era conocido: estábamos muertos en nuestras transgresiones y pecados, éramos ciudadanos del reino de las tinieblas (Efesios 2:2) Estábamos entenebrecidos en nuestro entendimiento y completamente separados de la vida de Dios y sin ninguna esperanza. Pero Dios que es rico en misericordia por el gran amor con que nos amó (aun estando muertos en nuestros pecados) a través de Su Palabra nos concedió el oír y por el oír la fe, es decir, el Espíritu Santo vino con poder, abrió nuestro entendimiento a la Escritura y nos llevó a la fe en Cristo. La luz del conocimiento de Dios y el resplandor de la gloria de Jesucristo irrumpió en nosotros y nos dio vida. Fuimos trasladados de las tinieblas a la luz (Efesios 5:8, Filipenses 2:15-16).

La luz, al igual que la sal, tiene varios ministerios que nos desafían a ser serios y comprometidos con nuestra fe. La luz expone, revela o ilumina el peligro o el mal, pero también muestra el camino, resalta la belleza y produce fruto. Analicemos estos aspectos con una mirada fija en nuestra responsabilidad. En primer lugar, la luz actúa como medio de gracia para percibir el peligro. Jesús advirtió sobre los fariseos y los maestros de la ley: “Son ciegos que guían a ciegos” (Mateo 15:14). Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un pozo; entonces hay peligro cuando no hay luz. Como luz del mundo, exponemos el peligro, y lo hacemos a través de la proclamación de la verdad del evangelio con nuestras palabras y con nuestras acciones y actitudes. En el día de Pentecostés, Pedro concluyó su mensaje diciendo: “Sed salvos de esta generación corrupta” (Hechos 2) ¿Ser salvos? Pero ¿De qué debemos de ser salvos? ¿Cuál es el peligro? El peligro es el Día del Juicio. En ese día rendiremos cuentas por todo lo que hayamos hecho y dicho. Si no hemos recibido la sangre expiatoria de Jesucristo para pagar nuestros pecados, enfrentaremos la eternidad separados de Dios en el infierno y allí sabremos cuan doloroso es no poder disfrutar de Su presencia, tan doloroso que fue lo único que hizo clamar a Jesús en la cruz: “Padre por qué me has abandonado”. Esta es la enseñanza clara de Cristo y de toda la Biblia; por medio de la predicación de esta verdad, exponemos el peligro y advertimos a la gente de lo que está por venir. La ira de Dios se acerca; corre a Cristo, cae rendido a Sus pies reconociendo tu miseria y suplicando por Su gracia.

Oración: Señor, nos miramos en Tu luz y reconocemos que no podemos vivir indiferentes ante la verdad que nos llama a vida. Nos duele ver cuántas veces hemos escondido nuestra luz por miedo, conveniencia o complacencia. Nos enfrentamos a la realidad de que, si seguimos en tinieblas, estamos caminando contra Tu designio y contra la vida que has puesto a nuestro alcance. Te pedimos que, por Tu Espíritu, aumentes en nosotros una fe que no se doblega ante la presión de este mundo, una esperanza que sostenga la obediencia incluso cuando sea costosa y un amor que motive obras que permanezcan para Tu gloria. Que la gracia de Tu llamado nos transforme para que, en toda nuestra conducta, reflejemos la verdad de Cristo y no caigamos en la sombra de la hipocresía. Haznos conscientes de la urgencia del día del juicio y de la necesidad de clamar por la sangre de Cristo para nuestra salvación y la de otros. Que nuestra vida sea un testimonio claro de que hemos sido traídos de las tinieblas a la luz, para vivir en obediencia al Padre y para glorificar Tu nombre. Amén

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Comentarios

Shirley García
hace una hora

Amen 🙏🙏🙏