Verdad sin juramentos

Publicado el 13 de marzo de 2026, 2:22

“Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero Yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de Sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” Mateo 5:33-37

La integridad del lenguaje es un reflejo de la veracidad de Dios, quien es fiel a Sus promesas y cuya palabra sostiene todo lo creado. Sin embargo, el profeta Malaquías nos confronta con la hipocresía de aquellos que inundan el altar con lágrimas mientras traicionan los pactos más sagrados: “El Señor está actuando como testigo entre ustedes y la esposa de su juventud, porque la han traicionado a ella, aunque ella es su compañera, la esposa de su pacto matrimonial”. El divorcio no es solo una ruptura social, sino la violación de un juramento hecho ante el Altísimo. En nuestra modernidad, hemos convertido el incumplimiento de la palabra en una plaga; juramos sobre lo sagrado solo para encubrir la mentira cuando nos conviene. Ante esta decadencia, el Señor Jesús nos instruye con autoridad divina: “…habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero Yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”

No es que el juramento sea intrínsecamente pecaminoso, pues Dios mismo juró por Sí mismo al establecer el pacto con Noé y al designar a Cristo como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec. El problema que Jesús confronta es la casuística farisaica que buscaba compartimentar la verdad, creando jerarquías de juramentos para justificar el engaño. Los religiosos de aquel tiempo pretendían que jurar por el Templo no obligaba, pero jurar por el oro del Templo sí. Esta actitud asume erróneamente que existen espacios donde Dios no es testigo. Jesús derriba esa estructura de falsedad recordándonos que toda palabra es pronunciada en la presencia de Dios. El cielo, la tierra y nuestra propia cabeza están bajo Su soberanía; por tanto, no existe tal cosa como una "palabra negligente" que pueda escapar al juicio divino. El Señor advierte con severidad: “Los hombres tendrán que dar cuenta en el Día del Juicio de cada palabra negligente que hayan pronunciado. Porque por sus palabras serán absueltos, y por sus palabras serán condenados”.

La verdadera piedad se manifiesta en una vida donde la verdad no necesita de adornos ni de fórmulas externas para ser creíble. El carácter del ciudadano del Reino se define por la honestidad radical: que su «sí» sea «sí» y su «no», sea «no». Me fascina como el salmista describe a aquel que puede morar en el santuario de Dios como alguien que “cumple su juramento incluso cuando duele” (Salmo 15:4) Esta es la prueba de fuego de la fe: mantener la palabra dada, sostener el pacto matrimonial y honrar los compromisos asumidos, aun cuando las circunstancias se vuelvan difíciles o costosas. Dios no busca expertos en retórica, sino hombres y mujeres que hablen la verdad desde el corazón, reconociendo que de la abundancia de éste habla la boca y que cada sí y cada no son registrados en los libros del Rey Eterno.

Oración: Dios de toda verdad, Tu palabra es fiel y verdadera por los siglos de los siglos, Te pedimos que nos concedas un espíritu de integridad que aborrezca la doblez y el engaño; purifica oh Señor nuestros labios de toda palabra vana o hipócrita y danos la fortaleza necesaria para cumplir nuestros votos y pactos aun en medio de la aflicción, reconociendo siempre que caminamos ante Tu presencia soberana, para que nuestro hablar sea sencillo y veraz, glorificando así Tu santo nombre en Cristo Jesús. Amén

Valoración: 5 estrellas
3 votos

Añadir comentario

Comentarios

Yamileth
hace 16 horas

amén, amén, amén.