La intimidad de la gracia

Publicado el 10 de abril de 2026, 5:25

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” Mateo 6:9-10

Para el oyente judío del primer siglo, la instrucción de Jesús fue disruptiva. El respeto por el nombre de Dios era tal que los escribas, al encontrar el tetragramatón  יהוה (YHWH: Yod, He, Vav, He), no lo pronunciaban; sino que usaban la expresión griega Adonaí (mi Señor), lo que eventualmente dio origen a la forma "Jehová" al combinar las cuatro consonantes hebreas con las vocales de la palabra griega Adonaí. A pesar de esto, Jesús rompe el silencio con una palabra aramea de profunda cercanía: Abba. Esta intimidad no es un sentimiento emocional, sino una referencia a un estatus legal y espiritual. Romanos 8 nos dice que recibimos el "espíritu de adopción... por el cual clamamos: ¡Abba!". Pero debemos ser precisos: esta paternidad no es universal. La teología liberal ha intentado enseñar que Dios es Padre de todos los hombres, pero la Escritura es clara: Dios es el Creador de todos, pero solo es Padre de quienes están en Cristo. Juan 1:12 dice: «A todos los que recibieron a Cristo, a los que creen en Su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios».

Ser hijo de Dios es un privilegio exclusivo de la redención. 1 Juan 3:1 nos recuerda: “Miren qué gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos. Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él”. Hay una línea divisoria trazada por la fe y Jesús fue tajante con quienes le rechazaban en Juan 8:42, diciéndoles que, de no amarle a Él, su padre no era Dios, sino el diablo. La adopción es, por tanto, una obra de la gracia soberana. Hoy día, algunos sectores evangélicos, en un intento de hacer a Dios "atractivo" o "comercial", han diluido Su carácter. Se nos presenta un Dios que se ve casi como un "amigo" igualitario, pero poco se enfatiza que Él es nuestro Padre Celestial para que no resulte ofensivo para quienes han tenido una experiencia desagradable con su padre terrenal. Pero Dios no es un padre terrenal imperfecto. Él es misericordioso y compasivo, pero también es el Dios que en Hebreos 12 se describe como: "fuego consumidor". Debemos evitar la irreverencia de tratar al Altísimo con ligereza. Él está en los cielos, lo que significa que es soberano, exaltado y poderoso sobre toda circunstancia. Salomón nos advirtió en Eclesiastés que, al entrar en Su presencia, nuestras palabras deben ser pocas porque Él está en el cielo y nosotros en la tierra.

Orar al "Padre nuestro que estás en los cielos" es el equilibrio perfecto: tenemos la confianza de un hijo que corre a los brazos de su papá, pero la reverencia de un súbdito que se postra ante el Rey del Universo. Él tiene el amor para escucharte y el poder celestial para socorrerte.

Oración: Padre nuestro que estás en los cielos, nos acercamos hoy ante Tu trono de gracia con el asombro de quienes han sido rescatados de las tinieblas. Te alabamos porque no eres un Dios lejano e indiferente, sino que, en Tu infinita misericordia, has querido ser nuestro Padre Celestial a través de la obra redentora de Tu amado Hijo, Jesucristo.

Señor, confesamos que a menudo nuestro corazón olvida Tu majestad; perdónanos por las veces que nos acercamos a Ti con ligereza, olvidando que eres fuego consumidor y que habitas en luz inaccesible. Pero también confesamos que a menudo dudamos de Tu cuidado; perdónanos por vivir como huérfanos espirituales, ignorando que como nuestro Padre eres más fiel y tierno que cualquier padre terrenal.

Te rogamos que Tu Espíritu Santo selle en nosotros la seguridad de nuestra adopción. Que al recordarnos que "estás en los cielos" mate toda ansiedad en nosotros, dándonos el descanso de saber que Tu omnipotencia gobierna cada detalle de nuestras vidas. Que hoy no busquemos nuestra propia gloria, sino que cada pensamiento y palabra de nuestra boca sea un eco de la santidad de Tu Nombre. Padre, sostennos en Tu gracia para que vivamos como verdaderos hijos de la luz. En el nombre de Aquel que nos enseñó a clamar ¡Abba!, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Lee la Pregunta 120 del Catecismo de Heidelberg: ¿Por qué Cristo nos mandó llamar a Dios «Padre nuestro»?
  2. Lee la Pregunta 26 del Catecismo. ¿Cómo te ayuda saber que el Dios que es Padre de Cristo es también tu Dios y Padre por amor a Su Hijo?
  3. Lee Romanos 8:14-17. Según este pasaje, ¿cuál es el papel del Espíritu Santo en nuestra comprensión de la paternidad de Dios?
  4. Si Dios es "Padre Celestial" (Omnipotente), ¿hay algún motivo bíblico para dudar de que Él pueda sostenerte en tu prueba actual?

*** En la zona de descargas puedes obtener el Catecismo de Heidelberg.

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