“Santificado sea Tu nombre” Mateo 6:9c
Para muchos, la palabra «santificar» ha quedado relegada a un vocabulario arcaico, pero en el consejo de Dios, es una demanda ineludible. Santificar Su nombre es reconocerlo como lo que realmente es: apartado, sagrado, digno de suprema reverencia y honor. No es que nosotros hagamos a Dios santo —Él es tres veces santo en Su esencia misma—, sino que oramos para que Su santidad sea reconocida y estimada por encima de todas las cosas en esta tierra. Porque como enseño Calvino, el Nombre de Dios es el espejo donde se refleja Su gloria; por tanto, pedir que Su Nombre sea santificado es pedir que el mundo entero reconozca Su majestad.
El Nombre de Dios no es una simple etiqueta puesta por los hombres; es el resumen de Su auto-revelación. En la zarza ardiente, ante la pregunta de Moisés, Él respondió: “'Yo Soy' es mi nombre” en otras palabras, “Yo Soy el que Soy. Soy existente, auto-existente. Nadie me creó, nadie me sostiene. Yo solo Soy. Siempre he sido, siempre seré. Es lo que Soy.” Dios existe por Sí mismo y no depende de Su creación. A lo largo de la historia redentora, Él ha desplegado los tesoros de Su carácter a través de Sus nombres: Jehová Jireh, el Señor que provee; Jehová Rapha, el Señor que sana; Jehová Nissi, nuestro estandarte. Cada nombre es un destello de Su gloria soberana. Nuestra salvación misma está ligada a Su Nombre. Juan 1:12 dice “A todos los que creyeron en Su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” No es por mérito humano, sino por la eficacia de Su Nombre que somos adoptados. Una vez que el Espíritu nos concede la fe, nuestra respuesta es la invocación; pues como afirma la Escritura “Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:13) Esta identidad se sella en el bautismo, donde somos sumergidos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Jesucristo es el ejemplo supremo de esta petición. Su vida entera fue una exégesis viva de la santidad de Dios... fue la pasión que consumió la vida de nuestro Redentor. Jesús vivió y murió para que el Nombre Padre fuera glorificado. En Su hora final, pudo decir con total obediencia: “Te he traído gloria en la Tierra al completar la obra que me diste para hacer”. Dios, en Su celo santo, no compartirá Su gloria con nadie, y Cristo murió precisamente para vindicar la justicia y el honor del Nombre del Padre. Cuando oramos «santificado sea Tu nombre», estamos pidiendo que Dios sea magnificado. El Salmo 34:3 dice «Engrandeced al Señor conmigo». Ahora bien, ¿cómo podemos agrandar a un Dios que ya es infinito? Es cierto no podemos añadir nada a la grandeza de Dios, pues Él es infinito. Sin embargo, podemos magnificarlo ante los ojos de los hombres. Pensemos en un telescopio: no hace que las estrellas crezcan, sino que las acerca a nuestra visión limitada. Orar por la santificación del Nombre es pedir que el "telescopio" de nuestra vida muestre a Dios en Su verdadera proporción, eliminando los pensamientos bajos y humanistas que a menudo tenemos de Él.
Finalmente, observemos que esta petición es un ruego al Padre para que Él mismo actúe. Al decir «santificado sea Tu Nombre», pedimos que Dios, en Su gracia soberana, transforme los corazones de los hombres. Es un reconocimiento de que dependemos de la gracia para honrar a Dios y por ello pedimos que Él actúe en nosotros y en el mundo para que Su Nombre sea el centro de toda existencia.
Oración: Señor y Dios soberano, te pedimos que por el poder de Tu Espíritu quites el velo de nuestros ojos para que podamos contemplar Tu majestad, y que, en cada pensamiento, palabra y obra, Tu santo Nombre sea puesto en el lugar de honor y gloria que solo a Ti te pertenece. Amén
Para tu estudio personal:
- Compara esta petición con el Tercer Mandamiento (Éxodo 20:7). ¿Cómo el "no tomar el nombre de Dios en vano" es el lado negativo de la moneda de "santificar Su nombre"?
- Lee la respuesta 122 del Catecismo de Heidelberg: "En la primera petición... pedimos que Dios nos capacite a nosotros y a los demás para glorificarle en todo aquello por lo cual se da a conocer" (Puedes obtenerlo en la zona de descargas)
- Lee Ezequiel 36:22-23. Según este pasaje, ¿cuál es el motivo principal por el cual Dios salva a Su pueblo y santifica Su nombre? ¿Es por nosotros o por Su propio honor?
*** En la zona de descargas puedes obtener el Catecismo de Heidelberg.
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Comentarios
Amén 🙏🏼, Santificado sea tu nombre🙌🏼