“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” Mateo 6:21
¿Alguna vez te has sentido un poco "culpable" por querer una recompensa en el cielo? A veces, los que llevamos tiempo en la iglesia, nos ponemos esa máscara de cristianos maduros y decimos: «Yo sirvo a Dios por puro amor, no necesito premios, eso suena egoísta». Pero, ¿sabes qué? Jesús no piensa igual. Él no para de hablarnos de recompensas en todo el Sermón del Monte. Es así como lo entendió Jonathan Edwards, ese gigante de la fe, tenía apenas 20 años cuando escribió una resolución que aún hoy sigue retando. Él decía, básicamente: «Voy a esforzarme por ser lo más feliz que pueda en el otro mundo, con toda la fuerza y la violencia de la que sea capaz». Suena fuerte, ¿verdad? Pero Edwards entendió algo que a nosotros se nos escapa: buscar la recompensa de Dios no es egoísmo, es sabiduría. El necio vive por lo que se esfuma; el sabio, por lo que dura para siempre.
El pastor Jhon Piper en uno de sus libros hace una interesante ilustración respecto a lo irracional que es vivir para acumular lo que no puedes retener, él lo expuso así: Imagínate que vas a un museo con un amigo y, de repente, él descuelga un cuadro y se lo pone bajo el brazo porque a su parecer ese cuadro «quedaría genial en su sala». Si algo así sucede querrías que la tierra te tragara de la vergüenza, ¿no? Tratarías de razonar con él: ¡Nadie te va a dejar salir de aquí con ese cuadro! Pues así de absurdo es el materialismo. Vamos por la vida como "coleccionistas de arte" compulsivos, llenándonos los brazos de cosas que, se van a quedar en la puerta cuando nos toque partir. ¿Por qué vivimos para las cosas materiales? No están ahí para eso. Dios dice que debemos vivir como extranjeros en esta vida, tomando las cosas materiales de este mundo para colocarlas a los pies de Él, diciendo: «¿Señor qué quieres que haga con esto que me has entregado temporalmente?». Oh Señor sírvete de esto que has puesto en mi mano para construir Tu Reino.
Ahora, sabemos que las obras no pagan el pecado. Solo la sangre de Jesús hace eso. Pero una vez que eres salvo, tus obras cuentan. Es lo que dice la Escritura: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10) Está bien… acumulas buenas obras ¿qué te da eso? Te garantiza una mejor mansión en el cielo en comparación con el que no hizo muchas buenas obras. ¿Alguna vez has pensado así? Eso es lo que piensan y enseñan algunos. Ahora bien, ¿crees que Jesús alguna vez nos induciría a la idolatría? ¿Qué nos induciría a pensar en mansiones, calles de oro, puertas de perla, en lugar de en Dios mismo? Hebreos 6:10 dice que Dios no es injusto como para olvidar lo que has hecho. Tú puedes (y quizás debes) olvidar tus buenas obras para no volverte un orgulloso, pero Dios no las olvida. Él las registra y el día del juicio los libros serán abiertos y Pablo dice: “Él [el Señor] sacará a la luz lo oculto en las tinieblas y expondrá las intenciones de los corazones. En ese momento, cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Corintios 4:5). Ahí está: la alabanza de Dios es la recompensa. No es una mansión más grande que la de los demás. Es la alabanza de Dios por la buena obra realizada. Imagina el momento en que el Creador del universo saque a la luz tus intenciones más puras y te diga: «Bien hecho». Ese deleite de Dios en ti es el tesoro supremo.
Pablo nos advierte que estamos edificando. Algunos usan paja y otros usan oro. El fuego del juicio probará de qué está hecho tu día a día. Puedes llegar al cielo "escapando de las llamas", viendo cómo todo lo que acumulaste se vuelve ceniza, o puedes llegar y ver que lo que hiciste permanece. No pierdes tu salvación, pero sí podrías sufrir la pérdida de un galardón eterno. Así que, hoy, la pregunta es: ¿Estás coleccionando cosas que se quedaran en la puerta al salir de este mundo o estás buscando la alabanza de tu Padre Celestial?
Oración: Señor, gracias porque Tu gracia no solo nos rescata, sino que también nos invita a participar de Tu alegría. Perdónanos por ser, tantas veces, esos coleccionistas necios que se aferran a lo que se oxida y se quema. Limpia hoy nuestras intenciones. Que no nos mueva el aplauso de la gente, sino el anhelo de escuchar Tu voz en la eternidad. Danos sabiduría para invertir nuestra vida, nuestras fuerzas y nuestro amor en lo que realmente permanece. Que nuestro tesoro seas Tú, y que nuestro corazón esté siempre ahí, contigo. Amén
Para tu estudio personal:
- Lee la Resolución #22 de Jonathan Edwards. ¿Cómo cambia tu perspectiva saber que buscar tu felicidad en Dios es en realidad honrar Su soberanía? (Encuentra el pdf en la zona de descargas)
- Estudia 1 Corintios 3:10-15. Pablo dice que podemos "sufrir pérdida". Esto resalta que la salvación es pura gracia, pero nuestra fidelidad tiene consecuencias eternas. ¿De qué está hecha tu "construcción" de esta semana?
- Busca el concepto de "Recompensa de Gracia" en las enseñanzas de los puritanos. Ellos decían que Dios no nos debe nada, pero se complace en "coronar Sus propios dones" en nosotros.
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