El tapiz de la gloria

Publicado el 25 de abril de 2026, 3:17

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” Mateo 6:19

¿Alguna vez te has detenido a pensar por qué Jesús es tan insistente cuando dice: «No acumulen tesoros en la tierra»? A veces lo leemos como una prohibición austera, pero si miras el corazón del Maestro, te das cuenta de que lo que Él está haciendo es protegiéndote. Él no quiere que sufras la pérdida de una vida estéril. Como nuestro Rey y Creador, Él sabe que fuimos diseñados para algo mucho más grande que acumular cosas que el óxido y la polilla terminan devorando.

Hebreos 11:6 dice: "Sin fe, es imposible agradar a Dios, porque cualquiera que se acerca a Él debe creer, [número uno,] que Él existe. [Y número dos, ¿qué?] que Él recompensa a los que lo buscan sinceramente” entonces para acercarte a Dios, tienes que creer dos cosas. Primero, que Él existe. Y segundo —escucha bien—, que Él es galardonador de los que le buscan. Creer que Dios recompensa es intrínseco a la fe. No es algo "pecaminoso" o egoísta; es confiar en el corazón generoso de nuestro Padre. Pero, ¿qué es esa recompensa? Por mucho tiempo hemos tenido una visión demasiado materialista, pensando en mansiones o calles de oro como si el cielo fuera una extensión de nuestra codicia terrenal. Pero la recompensa suprema es Dios mismo. Podrías imaginarlo de este modo: con tu vida, cada día estás tejiendo un tapiz. Cada acto de obediencia, cada palabra de amor para Su gloria, es un hilo de oro o púrpura que añades al diseño. El día que estemos frente a Él, Dios purificará (pasará por el fuego) ese tapiz. Todo lo que hicimos por egoísmo o para que nos vieran, se quemará. Pero lo que quede... eso que quede será motivo de una conversación eterna. Imagina a Dios sentándose contigo, revisando cada nudo de ese tapiz purificado, alabando y celebrando lo que Él hizo a través de ti. La recompensa es que Su placer se convierte en tu placer, y tu placer en el Suyo. Es ver Su sonrisa al mostrarte cómo usó tu vida para Su Reino. Como dice Juan 3:21, se hará evidente que lo que hiciste, lo hiciste por medio de Dios.

Jesús no quiere que pierdas ni un solo momento de ese placer. No quiere que tu cosecha sea arrancada por distracciones terrenales. Él quiere que lo tengas todo. Por eso nos advierte: no desperdicies tu tiempo en lo que se queda en la puerta. Vive hoy para el placer de Dios, porque no hay nada más satisfactorio que descubrir lo que le agrada a Dios y hacerlo, sintiendo desde ya ese susurro del Espíritu que te dice: «Bien hecho, sigue adelante».

Oración: Señor y Dios nuestro, te damos gracias porque no eres un Dios lejano, sino un Padre que se deleita en la vida de Sus hijos. Perdónanos por las veces que hemos tejido con hilos de vanidad, buscando tesoros que no duran. Limpia nuestra visión hoy para que podamos ver el valor eterno de cada acto hecho para Tu gloria. Queremos vivir para Tu placer, Señor. Que nuestro corazón no se enrede en lo terrenal para no sufrir pérdida, sino que cada minuto de nuestra existencia sea una inversión en Tu Reino. Gracias por ser nuestra recompensa suprema. Amén

Para tu estudio personal:

  1. Medita en Hebreos 11:6. ¿Por qué crees que es imposible agradar a Dios si no creemos que Él recompensa?
  2. Estudia Efesios 2:10. Si somos "hechura Suya" y las obras ya fueron preparadas por Dios, ¿cómo quita esto el orgullo de nuestra "recompensa" y le da toda la gloria a Él?
  3. Lee Sofonías 3:17. Aquí vemos a un Dios que "se regocijará sobre ti con alegría". ¿Cómo cambia tu manera de servirle saber que tu obediencia produce placer en el corazón de Dios?
  4. Para profundizar, recuerda la distinción nuestras obras no nos compran el cielo (eso es solo por Cristo), pero Dios, por Su pura gracia, decide recompensar lo que es sincero en nosotros como un Padre premia a su hijo.
Valoración: 4.6 estrellas
5 votos

Añadir comentario

Comentarios

Shirley García
hace 5 horas

Amen.

Yamileth
hace 3 horas

Amén 🙏🏼.