Ayer hablábamos del tapiz que tejemos cada día, pero hoy quiero que hablemos de seguridad. En un mundo donde los ahorros se esfuman, las casas se deterioran y la salud puede fallar, Jesús nos hace una oferta que parece demasiado buena para ser verdad: «acumulen para sí tesoros en el cielo, donde la polilla y el orín no destruyen, y donde ladrones no minan ni hurtan» (Mateo 6:20). ¿Ves lo que el Rey está haciendo aquí? Nos está señalando un lugar de incorrupción absoluta.
En la tierra, todo lo que tocamos está bajo la sombra de la caída. El óxido y la polilla son solo recordatorios de que este sistema material es débil; y obedece a la ley de la entropía. Pero el Cielo es diferente. El Cielo es un lugar donde nada se descompone, nada se pudre y nada pierde su brillo. Cuando encomiendas algo a Dios —un acto de servicio, una ofrenda sacrificada, un momento de intercesión en secreto— lo estás depositando en una bóveda celestial que es totalmente invulnerable.
Jesús nos está llamando a ser inversores sabios. Imagina una fortaleza con muros que nadie puede escalar, donde no hay enemigos internos ni externos que puedan violar la seguridad de lo que allí se guarda. Ese es el Cielo. No hay ladrones que puedan minar ni hurtar lo que Dios ha registrado a tu nombre.
Lo que le entregamos a Él, Él lo guarda para siempre. Es una seguridad que este mundo no puede ofrecer. Por eso, el reto de Jesús es: deja de invertir en lo que se queda en la puerta. No vivas para lo que te será quitado al final del camino. Vive para lo que Dios recordará y celebrará por toda la eternidad. Tu tesoro en el Cielo está tan seguro como el trono de Dios mismo.
Oración: Soberano Dios, te alabamos porque Tu Reino es inamovible y Tu fidelidad es nuestra mayor seguridad. Perdónanos por las noches que hemos perdido el sueño preocupados por tesoros terrenales que hoy están y mañana no. Ayúdanos a vivir con la libertad de quien sabe que su verdadera riqueza está guardada en Tus manos, donde ningún enemigo puede llegar. Que cada esfuerzo que hagamos hoy no sea para nuestra gloria pasajera, sino para Tu Reino eterno. Gracias por darnos un lugar seguro en Ti. Amén
Para tu estudio personal:
- Lee 1 Pedro 1:4. Pedro habla de una herencia «incorruptible, incontaminada e inmarcesible». ¿Cómo impacta tu paz diaria saber que tu herencia no se marchita con el tiempo?
- Medita en 1 Timoteo 6:17-19. Pablo les dice a los ricos de este mundo que "atesoren para sí un buen fundamento para el futuro". ¿Cómo usamos los bienes materiales hoy para acumular ese tesoro celestial?
- Si tu tesoro está en el cielo, tu alegría es invulnerable. ¿En qué medida tu estado de ánimo depende hoy de tus circunstancias terrenales?
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