“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen” Mateo 7:1-6
Llegamos hoy a uno de los pasajes más citados y, lamentablemente, más incomprendidos de toda la Escritura. «No juzguéis» se ha convertido en el eslogan favorito de nuestra cultura para silenciar cualquier estándar de verdad. Pero si nos detenemos a observar el panorama completo de Mateo 7, nos daremos cuenta de que Jesús no está prohibiendo el discernimiento; al contrario, nos está preparando para la realidad más solemne de nuestra existencia: el Día del Juicio. Todo lo que hemos estudiado en el Sermón del Monte —desde las Bienaventuranzas hasta la oración y la mayordomía— culmina aquí, en una serie de contrastes que nos obligan a decidir dónde estamos parados.
Jesús comienza ilustrando un procedimiento quirúrgico muy delicado: sacar una pequeña paja del ojo de un hermano. Es importante notar que el Señor no dice que la paja no deba ser removida; Él desea que el proceso se realice. Sin embargo, nos advierte que, para ser cirujanos espirituales útiles, primero debemos pasar nosotros mismos por el quirófano de la santidad. El peligro que Jesús señala no es el juzgar sino el juicio hipócrita, ese que se enfoca con microscopio en la falta ajena mientras ignora con total ceguera el "tronco" que atraviesa nuestra propia visión. Bajo la doctrina de la gracia, entendemos que nadie es intrínsecamente más digno que otro; por lo tanto, cualquier intento de corregir a un hermano debe nacer de un corazón que ha sido profundamente humillado por su propio pecado y restaurado por la misericordia de Dios.
Si analizamos el capítulo 7 como un todo, veremos que no son enseñanzas aisladas. Jesús está trazando una hoja de ruta para la eternidad. Nos presenta tres peligros críticos: el peligro de juzgar con un corazón orgulloso, el peligro de un corazón indiscriminado que no sabe distinguir entre lo santo de lo profano, y el peligro de una fe débil que no sabe pedir ni buscar. Todo esto nos conduce a una serie de decisiones finales. Jesús nos pondrá frente a nosotros dos caminos, dos árboles, dos confesiones y dos cimientos. La pregunta que subyace en cada versículo es: ¿está tu vida construida sobre la roca de la obediencia a Cristo o sobre la arena de una religión superficial?
Al decirnos «No deis lo santo a los perros», Jesús introduce un equilibrio necesario. Después de advertirnos contra el juicio injusto, nos manda a tener un juicio sabio. No debemos ser jueces implacables, pero tampoco debemos ser ingenuos sin discernimiento. La vida cristiana es un balance constante entre la humildad de reconocernos pecadores necesitados de cirugía constante y la firmeza de defender lo sagrado. Hoy te invito a que te mires al espejo de la Palabra. Antes de señalar la falla de alguien más, deja que el Espíritu Santo opere en tu propio ojo. Solo cuando hayamos llorado sobre nuestra propia viga, tendremos la claridad y la ternura necesarias para ayudar a otros con su pequeña paja.
Oración: Señor Soberano, reconocemos que solo Tú eres el Juez justo. Te pedimos perdón por las veces que hemos usurpado Tu lugar, juzgando a otros con dureza mientras ignoramos nuestra propia rebelión. Opera hoy en nosotros; saca la viga del orgullo y de la autosuficiencia de nuestros ojos. Danos el discernimiento para valorar lo santo y la humildad para servir a nuestros hermanos con gracia. Que toda nuestra vida sea una preparación consciente para el día en que estemos frente a Tu trono. Amén.
Para tu estudio personal:
- El término griego para "paja" (karphos) se refiere a una pequeña brizna de paja o astilla, mientras que "viga" (dokos) se refiere a un gran tronco de madera usado en la construcción. ¿Qué nos enseña este contraste hiperbólico de Jesús sobre la gravedad de la hipocresía en comparación con la falta que intentamos corregir en otros?
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Amén🙏🏼