“No juzguéis, para que no seáis juzgados" Mateo 7:1
Es muy probable que estemos ante el versículo más conocido, más citado y, a la vez, más incomprendido de nuestra generación. Para muchos en nuestra sociedad, este es el único texto bíblico que permanece en su memoria, y lo usan como un escudo impenetrable. Parece que, en el pensamiento moderno, el único pecado que sobrevive es el pecado de la "intolerancia". Se nos dice de muchas maneras que las mentes, al igual que los paracaídas, solo funcionan si están abiertas, y esa apertura hoy significa incluir cualquier estilo de vida y validar cualquier forma de pensar. Bajo este espíritu de la época, si te atreves a denunciar el pecado o a sostener convicciones firmes basadas en la Escritura, serás etiquetado instantáneamente como un "villano" que viola el mandato de Jesús. Pero, ¿es realmente la ceguera moral lo que Cristo nos está pidiendo?
Debemos ser claros: la tolerancia del pecado nunca es una virtud divina. Dios no tolera el pecado; Él lo trata de forma directa y radical. Cuando Jesús dice «no juzguéis», no nos está pidiendo que apaguemos nuestro cerebro o que eliminemos nuestro discernimiento espiritual. De hecho, si este versículo significara que no debemos evaluar la conducta ajena, Jesús se estaría contradiciendo apenas unos versículos más adelante. ¿Cómo podríamos obedecer el mandato de no dar «lo santo a los perros» o no echar «perlas a los cerdos» si no somos capaces de discernir quién se comporta como tal? ¿Cómo podríamos «cuidarnos de los falsos profetas» que vienen vestidos de ovejas si no estuviéramos obligados a juzgar lo que hay debajo de la piel? La realidad es que Jesús espera que juzguemos, pero que lo hagamos correctamente.
El término griego para «juzgar» implica evaluar, sopesar y discernir. En el Evangelio de Juan, Jesús nos da la clave maestra: «Dejen de juzgar por las apariencias y juzguen con justo juicio» (Juan 7:24). De hecho, el Nuevo Testamento es un llamado constante al ejercicio de los sentidos espirituales. Se nos ordena probar los espíritus, evaluar si la doctrina es verdadera y abordar el pecado deliberado dentro de la iglesia para que la levadura no afecte a toda la masa. Pablo es tajante en sus cartas a los Corintios: el pecado no tratado destruye la unidad y la pureza del cuerpo. Por lo tanto, el discernimiento entre el bien y el mal no es un acto de soberbia, sino una medida de madurez cristiana. Como dice el autor de la Epístola a los Hebreos, el alimento sólido es para aquellos que, por el uso constante, han ejercitado sus sentidos en el discernimiento. Un cristiano que no juzga el error es un niño espiritual que se traga cualquier veneno disfrazado de leche.
Entonces, ¿qué es lo que Jesús prohíbe terminantemente? Él prohíbe que nos sentemos en el tribunal como si fuéramos el Juez Final. Prohíbe el juicio condenatorio, ese que busca destruir y no restaurar. No somos nosotros quienes ocupamos el trono; ese lugar le pertenece exclusivamente a Jesucristo por designio del Padre. Nuestra labor no es condenar al mundo, sino señalar el pecado para guiar hacia la redención, el arrepentimiento y la sanación. Existe un Juez invisible cuyos ojos recorren la tierra y ante quien todos rendiremos cuentas. Mientras llega ese día, nuestra responsabilidad es ser perspicaces y valientes, juzgando lo que es mejor para nuestra vida y nuestra iglesia local, pero siempre desde una posición de humildad, sabiendo que nosotros también estamos bajo la autoridad de la Palabra. Porque la verdadera madurez no es abrir la mente a todo, sino cerrarla ante el error para permanecer firmes en la Verdad.
Oración: Señor Dios, te damos gracias por Tu Palabra que alumbra nuestro camino en medio de una cultura confundida. Te pedimos perdón por las veces que, por temor al hombre o por una falsa idea de paz, hemos callado ante el pecado. Danos la madurez necesaria para ejercitar nuestros sentidos en el discernimiento del bien y del mal. Líbranos del espíritu de censura hipócrita, pero también de la negligencia espiritual que todo lo tolera. Que podamos juzgar con justo juicio, siempre con el deseo de que Tu Reino sea glorificado y las almas sean restauradas por Tu gracia. Amén.
Para tu estudio personal:
- El término griego para "paja" (karphos) se refiere a una pequeña brizna de paja o astilla, mientras que "viga" (dokos) se refiere a un gran tronco de madera usado en la construcción. ¿Qué nos enseña este contraste hiperbólico de Jesús sobre la gravedad de la hipocresía en comparación con la falta que intentamos corregir en otros?
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Así mismo, Amén 🙏🏼.