“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” Mateo 7:7
Imagina por un momento a una mujer en una pequeña aldea de Samaria. Ella camina bajo el sol abrasador del mediodía, cargando un cántaro vacío y un peso aún mayor de vergüenza en su corazón. Al llegar al pozo, se encuentra con un hombre que, a simple vista, es solo un judío sediento. Pero cuando Él habla, el mundo de esta mujer se detiene. Jesús le dice algo que debería retumbar en nuestros oídos hoy: «Si supieras quién es el que te habla... tú le habrías pedido a Él, e Él te habría dado agua viva». Esta declaración es la llave para entrar en el pasaje que hoy comenzamos a estudiar. Si realmente supiéramos quién es el Dios que nos invita a orar, nuestra vida de oración sería radicalmente distinta. El meollo del asunto no es solo que Dios tiene recursos infinitos, sino que nosotros tenemos necesidades ilimitadas. Somos vasos vacíos frente a una Fuente inagotable, y la conexión entre nuestra carencia y Su abundancia es esa simple pero profunda acción: pedir.
Sin embargo, debemos tener mucho cuidado. En nuestra cultura actual, la promesa de «pedid y se os dará» ha sido secuestrada por una mentalidad de consumo. Se nos ha enseñado a "nombrarlo y reclamarlo", como si Dios fuera un genio de la lámpara obligado a cumplir nuestros caprichos materiales. Por ello es imprescindible el contexto, porque cualquier versículo sacado de su contexto se convierte en un pretexto para el error. Si recordamos lo que Jesús enseñó apenas unos minutos antes en este mismo sermón, Él fue enfático: no acumulen tesoros en la tierra donde la polilla y el óxido destruyen. Por lo tanto, es imposible que Jesús ahora nos esté animando ahora a pedir cosas que se corrompen o que los ladrones pueden robar. Entonces, ¿qué es lo que Jesús tiene en mente cuando nos ordena pedir, buscar y llamar?
El contexto de Mateo 7 está amarrado a una meta gloriosa: una justicia que supere la de los fariseos y que cumpla la esencia de la Ley y los Profetas. El deseo profundo de todo verdadero hijo del Reino es ser como Jesús. Queremos amar como Él amó, perdonar como Él perdonó y vivir con la integridad con la que Él vivió. Pero al mirar nuestro propio corazón, nos damos cuenta de la distancia abismal que hay entre lo que somos y lo que estamos llamados a ser. La pregunta es: ¿cómo llego de aquí hacia allá? Jesús nos da la respuesta en estos versículos: no puedes hacerlo en tus propias fuerzas. El estándar del Reino es tan alto que solo puede ser vivido mediante una dependencia absoluta y constante del trono de la gracia.
Pedir, buscar y llamar no son herramientas para obtener lujos, sino los medios de gracia para obtener la justicia de Cristo en nuestra vida diaria. Jesús nos está diciendo que, si queremos vivir como ciudadanos del cielo en un mundo caído, debemos convertirnos en mendigos persistentes de Su poder. La promesa es amplia porque nuestra necesidad de santidad es infinita. Si supieras quién es el que te invita a pedir, no pedirías cosas pequeñas y perecederas; pedirías Su Reino, Su justicia y Su semejanza en ti. Hoy te invito a que traigas todo tu vacío ante Aquel que tiene recursos ilimitados. La puerta está lista para abrirse, el tesoro está listo para ser hallado, pero el camino comienza de rodillas, reconociendo que, sin Él, nada podemos hacer.
Oración: Señor Dios, te damos gracias porque no nos has dejado solos con el estándar de Tu santidad, sino que nos has abierto la puerta de Tu presencia. Te pedimos perdón por las veces que hemos usado Tu promesa para alimentar nuestra codicia y no nuestra piedad. Danos hoy hambre y sed de justicia. Enséñanos a pedir con fe, a buscar con perseverancia y a llamar con la misma confianza de que Tú eres un Padre bueno que anhela darnos lo mejor: a Ti mismo y Tu santidad. Que nuestra vida sea un reflejo de Tu Reino porque hemos aprendido a depender totalmente de Ti. Amén
Para tu estudio personal:
- En Su encuentro con la samaritana Jesús enfatiza el "conocer quién es el que habla" ¿Cómo tu concepto de Dios está limitando o distorsionando lo que te atreves a pedirle hoy?
- Lee Mateo 5:17-20 y luego Mateo 7:12. Jesús presenta la oración (v. 7-11) como el puente para cumplir la Ley. ¿Estás intentando obedecer a Dios sin pedirle antes la fuerza para hacerlo?
- Pedir en el nombre de Jesús significa pedir de acuerdo a Su carácter y voluntad. Analiza tus últimas oraciones: ¿Cuántas de ellas se enfocaron en "tesoros que la polilla destruye" y cuántas en el fruto del Espíritu y la extensión del Reino?
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Amén 🙏🙏🙏
Amén 🙏🏼