“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” Mateo 7:7-8
A menudo leemos estas palabras de Jesús como una invitación amable, casi opcional, pero si observamos con atención el pasaje de hoy, nos daremos cuenta de que estamos ante un mandato contundente. No es una sugerencia; es una orden del Rey. Y Jesús no la da una, ni dos, sino tres veces: pedid, buscad, llamad. Esta repetición no es accidental. Cuando Dios repite algo de esta manera, está subrayando una verdad que nuestra naturaleza pecaminosa tiende a olvidar con una facilidad pasmosa. ¿Por qué necesitamos que se nos mande a pedir? La respuesta es humillante: es porque naturalmente subestimamos nuestra verdadera necesidad. Por naturaleza, todos tendemos a pensar que estamos básicamente "bien". Quizás sentimos que nos falta una mejor casa, un mejor salario o más salud física, y por esas cosas sí estamos dispuestos a orar; pero en lo que respecta a nuestra estatura espiritual y a nuestro carácter delante de Dios, solemos creer que ya hemos alcanzado suficiente.
Jesús confrontó esta misma ceguera en la iglesia de Laodicea. En Apocalipsis, Él les dice: «Dices: ‘Soy rico, he adquirido riquezas y no necesito nada’». Esa es la actitud del corazón que ha dejado de crecer. Pero la evaluación de Cristo es radicalmente distinta: «No te das cuenta de que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y además estás desnudo». Es una imagen aterradora: estar espiritualmente en la ruina y desnudo ante el Juez, y, sin embargo, caminar con la frente en alto pensando que somos prósperos. Esto nos conecta directamente con el inicio de este Sermón del Monte. ¿Recuerdan la primera Bienaventuranza? «Bienaventurados los mendigos espirituales». Nadie entra al Reino de los Cielos lleno de sí mismo. Entramos de rodillas, reconociendo que no tenemos nada. Pero aquí está el punto clave que Jesús nos enseña hoy: no solo entras al Reino como un mendigo, sino que debes seguir siendo un mendigo espiritual si quieres seguir creciendo.
Si hoy sientes que tu vida espiritual se ha estancado, si miras hacia atrás y te das cuenta de que no has madurado en diez o veinte años, permíteme decirte con amor, pero con firmeza que es muy probable que hayas dejado de obedecer este texto. Dejaste de pedir, dejaste de buscar y dejaste de llamar. Pensaste que con lo que aprendiste al principio era suficiente, y sin darte cuenta, cerraste la puerta a la provisión continua de la gracia. La madurez espiritual no es algo que se alcanza y se posee de forma estática; es un progreso que solo se mantiene mediante la dependencia diaria. No pides si no estás necesitado. No buscas si crees que ya lo tienes todo. No llamas si piensas que no hay nada más valioso tras esa puerta de lo que ya tienes en tus manos.
Hoy, este mensaje es una llamada de atención para despertar de la autocomplacencia religiosa. El Rey te ordena reanudar tu crecimiento. Jesús nos manda a pedir, buscar y llamar para recordarnos que, ante Su santidad, siempre seremos necesitados. Cada día hay más de Cristo que conocer, más pecado que mortificar y más justicia que alcanzar. No te conformes con una fe estancada que sobrevive de recuerdos de tiempos pasados. Regresa al trono de la gracia con la urgencia de quien sabe que sin la ayuda divina no puede dar un solo paso más. El crecimiento espiritual no es para los que se creen fuertes, sino para los que reconocen su debilidad y se aferran a la promesa de que todo aquel que pide, recibe.
Oración: Amado Dios, te pedimos perdón por nuestra autosuficiencia. Confesamos que a menudo nos parecemos a la iglesia de Laodicea, creyendo que estamos llenos cuando en realidad estamos vacíos de Tu poder. Gracias por este mandato de pedir, buscar y llamar, porque nos recuerda que Tú eres la fuente inagotable de todo bien. Quita de nosotros la ceguera espiritual y devuélvenos el corazón de un mendigo que depende totalmente de Ti. No permitas que nos conformemos con lo que ya hemos alcanzado, sino que corramos con persistencia hacia la meta de ser como Jesucristo. En Su nombre, Amén
Para tu estudio personal:
- En Su encuentro con la samaritana Jesús enfatiza el "conocer quién es el que habla" ¿Cómo tu concepto de Dios está limitando o distorsionando lo que te atreves a pedirle hoy?
- Lee Mateo 5:17-20 y luego Mateo 7:12. Jesús presenta la oración (v. 7-11) como el puente para cumplir la Ley. ¿Estás intentando obedecer a Dios sin pedirle antes la fuerza para hacerlo?
- Pedir en el nombre de Jesús significa pedir de acuerdo a Su carácter y voluntad. Analiza tus últimas oraciones: ¿Cuántas de ellas se enfocaron en "tesoros que la polilla destruye" y cuántas en el fruto del Espíritu y la extensión del Reino?
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Amén 🙏🏼