“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” Mateo 7:7-8
A menudo leemos estas palabras de Jesús como una fórmula de respuesta rápida, pero nuestras traducciones al español a veces no logran captar la intensidad vibrante del griego original. Lo que Cristo está diciendo en realidad es: «Sigue pidiendo, sigue buscando, sigue llamando». Hay una diferencia abismal entre un acto aislado y una persistencia inquebrantable. Jesús no nos invita a tocar la puerta del cielo una vez y retirarnos si no abren de inmediato; Él nos manda a estacionarnos frente a esa puerta. Es persistencia. Es la terquedad santa de un mendigo que sabe que no tiene otro lugar a donde ir y que, si el Rey no abre, simplemente perecerá.
Lamentablemente, en nuestro tiempo vemos a muchas personas que sienten una atracción temporal por el cristianismo. Les gusta la ética, les gusta la comunidad o el estilo de vida ordenado, y se embarcan con emoción en la aventura de la fe. Pero en cuanto el barco se topa con la primera tormenta de la prueba o el silencio de Dios, quieren regresar a puerto. Son como velas que chisporrotean vibrantemente al principio, pero cuya luz se apaga ante el primer viento de oposición. ¿Qué sucedió? No perseveraron. No entendieron que la vida cristiana no se trata de nuestra fuerza para correr, sino de nuestra capacidad para seguir pidiendo, aun cuando nuestras fuerzas se han agotado. Es precisamente en ese lugar de debilidad donde, como decía el apóstol Pablo, somos más fuertes. Cuando admitimos que estamos vacíos, es cuando la plenitud de Dios tiene espacio para obrar.
Ahora bien, esto nos lleva a una pregunta inevitable: Si Dios es soberano, si Él es bueno y sabe lo que necesito, ¿por qué me pide insistencia? ¿Por qué no responde de inmediato cada oración? Es obvio que Él es capaz de hacerlo; Dios no tiene problemas de recursos ni de tiempo. Sin embargo, en Su sabiduría, la demora nunca es accidental. La demora tiene un propósito redentor. Dios no está simplemente "haciéndonos esperar"; Él está haciendo algo en nosotros mientras esperamos. La persistencia en la oración no cambia la voluntad de Dios, pero sí purifica nuestros deseos y nos prepara para recibir la bendición con el corazón adecuado.
Cuando Dios demora Su respuesta, nos obliga a examinar qué es lo que realmente estamos buscando. ¿Queremos el regalo o queremos al Dador? La insistencia nos arranca de nuestra autosuficiencia y nos mantiene en una posición de dependencia continua. Si recibiéramos todo al instante, pronto olvidaríamos Quién es el que provee y volveríamos a confiar en nuestra propia "capacidad" de pedir. Dios usa el silencio y la espera para cultivar en nosotros una madurez que no se puede obtener de otra manera. Él quiere colmar tus peticiones, pero primero quiere que entiendas que tu mayor necesidad no es lo que estás pidiendo, sino la comunión ininterrumpida con Aquel a quien le pides. Hoy, si sientes que has estado llamando a una puerta cerrada, no te retires. Sigue llamando. Tu Padre no está sordo; está trabajando en tu carácter mientras prepara Su generosa respuesta.
Oración: Señor Dios, te damos gracias porque Tu gracia es más profunda que nuestras urgencias. Te pedimos perdón por nuestra impaciencia y por las veces que hemos abandonado la oración solo porque no recibimos lo que queríamos en nuestro tiempo. Ayúdanos a ser persistentes, no por un esfuerzo humano, sino por una confianza absoluta en Tu bondad. Que en nuestras esperas podamos conocerte más a Ti. Enséñanos a seguir pidiendo, buscando y llamando, sabiendo que Tú nunca ignoras el clamor de un corazón que depende totalmente de Tu misericordia. En el nombre de Jesús, Amén.
Para tu estudio personal:
- Piensa en esto: si Dios ha decretado darte algo a través de la oración persistente, ¿puedes ver la oración no como un intento de cambiar a Dios, sino como el cumplimiento de Su plan soberano en tu vida?
- Medita en 2 Corintios 12:9-10. Pablo aprendió a gloriarse en su necesidad, enseñando que la autosuficiencia es el mayor enemigo de la gracia. ¿En qué áreas de tu vida te has sentido "lleno y fuerte" últimamente, olvidando que ese es tu peor momento espiritual?
- Thomas Brooks decía: «Dios a veces demora la respuesta para que la bendición sea más dulce cuando llegue». ¿Puedes identificar alguna bendición en tu pasado que, por haberla esperado mucho, valoraste más y te llevó a darle más gloria a Dios?
Añadir comentario
Comentarios
Amén.
Amén.