“Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas, el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar Su cabeza. Otro de Sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos” Mateo 8:18-22
El precio de seguir a Jesucristo es incalculable. Él nos ofrece de manera gratuita toda bendición espiritual en los reinos celestiales, el perdón completo de nuestros pecados mediante Su sangre, Su justicia perfecta para cubrirnos en el Día del Juicio y la herencia de la vida eterna. Sin embargo, aunque la salvación no nos cuesta nada porque ya fue pagada por completo, el discipulado nos pide todo. Lamentablemente, el evangelicalismo contemporáneo está perdiendo de vista esta verdad, sumergiéndose cada día más en la comodidad de lo que el teólogo Dietrich Bonhoeffer denominó «la gracia barata» que es completamente contraria a lo que Jesús ilustró con la parábola del mercader de perlas: al encontrar una de gran valor, lleno de alegría y no de mala gana, vende absolutamente todo lo que posee para poder adquirirla.
¿Significa esto que compramos la salvación con nuestras obras o renuncias? Por supuesto que no; es demasiado costosa para nuestros recursos. Solo la sangre de Jesucristo podía comprar nuestra libertad frente a la justa ira de Dios. Pero la gracia que nos salva no es una gracia barata. Bonhoeffer advirtió con firmeza que la gracia barata es el enemigo mortal de la iglesia. Es aquella que predica el perdón de los pecados sin exigir un arrepentimiento genuino, la que ofrece el bautismo sin disciplina y la comunión sin confesión de pecado, es gracia sin discipulado, gracia sin cruz. La gracia costosa, en cambio, es el tesoro escondido por el cual un hombre vende todo con gozo. Es costosa porque llama al ser humano a morir a su independencia para seguir a Cristo, es costosa porque condena el pecado, pero es gracia porque justifica al pecador. Y, sobre todo, es costosa porque le costó a Dios la vida de Su propio Hijo… Fuimos comprados por un precio infinito, algo mucho más preciado que el oro y la plata fue invertido para redimir nuestras almas de la condenación eterna.
Necesitamos este mensaje con urgencia porque el evangelio moderno se centra muy poco en la santidad de la ley o en la realidad de la ira divina. Hoy se presenta a Cristo como un simple "potenciador de lo bueno de la vida", alguien que mejorará tus finanzas, resolverá tus conflictos y te dará popularidad. Se toma la promesa de la "vida abundante" (Juan 10:10) y se deforma con una imaginación carnal para convertirla en sinónimo de prosperidad material y ausencia de problemas. Frente a ese engaño, las palabras de Jesús resuenan como un balde de agua fría: «Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». Cristo no te promete comodidad terrenal; te ofrece Su presencia en medio de la estrechez. Seguir al Rey demanda que revisemos nuestros motivos y estemos dispuestos a soltar cualquier seguridad antes de dar un paso en Su camino… Seguir al Rey es un llamado a practicar cada día la disciplina espiritual de la sencillez.
Oración: Señor Jesús, te alabamos porque Tu gracia nos rescató a un precio infinito. Te pedimos perdón por haber abaratado Tu Evangelio, buscando los beneficios de Tu salvación, pero huyendo de las demandas de Tu discipulado. Líbranos de la ilusión de una fe cómoda que no carga una cruz ni mortifica el pecado. Danos el denuedo para reconocer que seguirte nos costará la vida, pero que solo en Ti se encuentra la vida verdadera. Que ninguna comodidad terrenal nos impida obedecer Tu llamado. Amén
Para tu estudio personal:
- Al examinar tu fe actual, ¿te consuelas pensando en el perdón de Dios pero toleras el pecado en tu rutina sin que haya un arrepentimiento real o un deseo de santidad?
- Cuando piensas en las bendiciones de Cristo, ¿tu mente vuela de inmediato a la comodidad material, el éxito laboral y una vida sin problemas, o anhelas el fruto del Espíritu y la semejanza a Jesús en medio de la prueba?
- Jesús no tenía dónde recostar Su cabeza. Si seguir los principios bíblicos en tu trabajo, tu universidad o tu familia te cuesta la popularidad, el estatus o la comodidad económica, ¿estás dispuesto a pagar ese precio?
- ¿Hay algún proyecto personal, una relación o una ambición económica que estás poniendo como condición delante de Dios antes de entregarte por completo a Su servicio y a la obediencia de Su Palabra?
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Amén.
Amen 🙏🙏