Una palabra Suya es suficiente

Publicado el 4 de julio de 2026, 2:55

“Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a Su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino” Mateo 8:28

Al desembarcar en la otra orilla, Jesús se topa de inmediato con una escena desgarradora: dos hombres atados por el maligno, viviendo entre tumbas, infundiendo terror a todos los que pasaban por allí.

Pero lo que ocurre a continuación nos deja sin aliento. Al ver al Maestro, estos demonios lo confrontan con un grito desesperado: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús, Hijo de Dios?». Detengámonos un momento aquí. Lo que presenciamos en ese instante es un pequeño vistazo de lo que las Escrituras llaman la fe demoníaca. Santiago 2:19 nos revela una verdad muy seria: «Tú dices tener fe porque crees que hay un solo Dios. ¡Bien hecho! Aun los demonios lo creen y tiemblan aterrorizados». Entonces los demonios tienen una teología correcta; ellos saben que hay un solo Dios. Pero en esta orilla abandonada, van más allá y confiesan abiertamente que Jesús es el Hijo de Dios. ¡Qué tremenda paradoja! Ningún ser humano había llegado a esa conclusión todavía. Sus propios discípulos venían de preguntarse en la barca: «¿Qué clase de hombre es este? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!». Los discípulos dudaban, pero los demonios sabían perfectamente quién estaba frente a ellos, y estaban absolutamente aterrorizados. Es curioso porque respecto a esto la mala enseñanza ha formado una imagen equivocada del mundo espiritual. Una gran mayoría cree que la historia de la creación es una lucha de igual a igual entre dos reinos: el reino bueno de Dios y el reino malo de Satanás. Nos han hecho creer que existe un combate donde el bien y el mal se enfrentan con la misma capacidad y, esa visión es completamente antibíblica. Dios no compite con nadie. Su poder y Su autoridad son absolutos, y los demonios lo saben muy bien. Por eso, al ver a Jesús, el temor consume a esta legión de demonios.

Sobre esto Santiago 4:7 nos da una promesa preciosa: «Resistan al diablo, y él huirá de ustedes». ¿Y por qué huye? No es por nuestra autoridad o por usar las palabras adecuadas, sino porque el enemigo ve el poder soberano de Cristo habitando en nosotros. Escucha el ruego lleno de pánico de estos demonios: «¿Has venido aquí para torturarnos antes del tiempo establecido por Dios?». En el texto original, esto nos habla de un tiempo definido y decretado por el Padre. Hay un día fijado para el juicio final. Los demonios sabían que no era el momento final, por lo que no entendían la presencia del Hijo de Dios allí. Ellos saben que se dirigen al lago de fuego y que su tiempo es corto. Esos demonios en Gadara temían perder la libertad de la que aún gozaban y ser enviados a ese tormento antes del gran día. Su desesperación los lleva a rogarle a Jesús: «Si nos expulsas, envíanos a esa manada de cerdos». Jesús no entabla una conversación con ellos, ni realiza un ritual complicado. Él solo pronuncia una palabra en todo este encuentro: «¡Vayan!». Eso es todo. No hay esfuerzo, no hay tensión, no hay dificultad de Su parte. Es el despliegue de Aquel que gobierna con soberanía absoluta sobre toda la creación.

Martín Lutero en el himno «Una poderosa fortaleza es nuestro Dios» lo expresó así: «Y aunque este mundo lleno de demonios amenace con destruirnos no temeremos, porque Dios ha querido que Su verdad triunfe a través de nosotros. El Príncipe de las Tinieblas es sombrío, no temblamos ante él su ira podemos soportarla, porque he aquí, su perdición es segura: una sola palabra lo derribará». Esa misma autoridad es la que sostendrá la historia hasta el final. Aunque la manifestación del mal parezca crecer 2 Tesalonicenses 2:8 nos recuerda que el Señor matará al inicuo con el soplo de Su boca y lo destruirá con el esplendor de Su venida. Su victoria no requiere un desgaste; Él habla y se cumple. Ese es el Dios al que servimos. Bueno ¿Y cuál fue el resultado de esa sola palabra en la vida de aquel hombre atormentado? Lucas nos regala una imagen bellísima y llena de gracia: cuando las personas del pueblo se acercaron, encontraron al hombre del que habían salido los demonios sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio. Jesús devolvió la paz, la cordura y la dignidad a una vida rota. Lo que las cadenas de los hombres no pudieron hacer, lo logró una sola palabra de nuestro Salvador.

Oración: Amado Señor, te alabamos porque Tu autoridad no tiene límites y porque Tu poder sostiene todo el universo. Te pedimos perdón por las veces en que permitimos que el temor al maligno o a las circunstancias nuble nuestra fe, olvidándonos que Tú eres el Dios soberano. Gracias por recordarnos que las tinieblas tiemblan ante Tu sola presencia. Te rogamos que nos des un corazón sensible a Tu Palabra y que nos permitas descansar en la seguridad de que nuestras vidas están seguras en Tus manos. Trae cordura, paz y restauración a las áreas de nuestro corazón que aún se encuentran en confusión. En el nombre de Jesús, Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Al meditar en la fe de los demonios ¿Cómo te confronta esto sobre el peligro de tener un conocimiento intelectual de la Biblia sin una fe que rinda nuestra voluntad al Salvador?
  2. En tu caminar diario, ¿vives con la ansiedad de quien se cree desprotegido, o descansas en la verdad de que Cristo tiene el dominio absoluto sobre el mal?
  3. Jesús demostró que una sola palabra Suya es suficiente para ordenar el caos más profundo. ¿En qué áreas de tu vida hoy te encuentras buscando soluciones humanas o métodos terrenales en lugar de acudir con reverencia a la suficiencia de las Escrituras?
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