Dos reacciones ante la gracia

Publicado el 7 de julio de 2026, 3:12

“Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos” Mateo 8:33-34

¿Alguna vez te has puesto a pensar en las diferentes maneras en que reaccionamos cuando nos encontramos cara a cara con el poder absoluto de Dios? En el conocido himno «Sublime Gracia», John Newton escribió una frase muy profunda: «Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyentó». Esto nos recuerda una verdad espiritual muy seria: existe un temor que nos acerca a la salvación, pero existe también un temor que nos aleja por completo de ella.

Los discípulos en la barca ya nos habían mostrado el primer tipo de temor. Al ver a Jesús calmar la tormenta con una sola palabra, ellos se llenaron de un asombro reverente y se preguntaron: «¿Qué clase de hombre es este? ¡Hasta el mar y el viento le obedecen!». Ese miedo no los hizo huir; al contrario, fue un temor santo que los llevó a rendirse y a confiar en Él para su salvación. Sin embargo, los habitantes de la tierra de los gadarenos mostraron un tipo de temor completamente diferente. Antes de que Jesús llegara, toda la comunidad vivía aterrorizada por causa de los dos endemoniados. Nadie se atrevía a pasar por aquel camino por miedo a ser agredido por la ferocidad de estos hombres. Pero ahora, las cosas habían cambiado drásticamente. Alguien superior había venido y, con una sola palabra de autoridad, había expulsado a los demonios, demostrando que el reino de las tinieblas le teme por completo a Jesús. Frente a un despliegue de poder tan inmenso, uno esperaría que la ciudad entera cayera de rodillas en gratitud y adoración. Pero no fue así. Inesperadamente, el temor de los gadarenos se transformó en rechazo. Al ver lo sucedido, le rogaron a Jesús que se fuera de sus contornos. Estaban espantados ante la santidad y la soberanía de Cristo, prefiriendo la comodidad de su antigua condición y sus bienes materiales antes que someterse al señorío del Hijo de Dios.

La respuesta de Jesús ante este rechazo es sumamente aleccionadora: Él no fuerza Su presencia. Sencillamente sube a la barca y se va, regresando a Su propia región. Pero la historia no termina con un abandono total. Para capturar el relato completo, debemos unir las piezas que nos regalan los Evangelios. Marcos nos relata que, mientras Jesús subía a la barca, el hombre que había sido liberado de los demonios le rogaba que le permitiera ir con Él. Jesús no se lo permitió. En su lugar, le dio una tarea: «Ve a tu casa con tu familia y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho por ti, y cómo ha tenido misericordia de ti». Y el texto nos dice que el hombre obedeció, marchándose a Decápolis para proclamar las maravillas que Jesús había obrado en su vida, dejando a todos asombrados. ¡Qué belleza de providencia vemos aquí! Jesús se marcha físicamente de los gadarenos, pero deja un don de Su gracia y un testimonio vivo en medio de aquella región incrédula. El Reino de los cielos opera precisamente así, como una pequeña semilla de mostaza. Basta con que sea sembrada en un corazón transformado para que crezca y alcance dimensiones descomunales. Aquel hombre, que antes vivía atado y aislado entre los sepulcros, se convirtió de pronto en un evangelista itinerante que proclamaba la misericordia infinita de Cristo.

Jesús cruzó el mar en medio de una tormenta, desembarcó en una tierra hostil, expulsó a las huestes del maligno, rescató y convirtió a un pecador perdido, lo envió como testigo de Su poder y luego regresó en la barca. Misión cumplida. Ningún propósito divino puede ser frustrado por la incredulidad humana. Ese es el poder soberano y la gracia irresistible de Jesucristo.

Oración: Amado Señor, te alabamos porque Tu soberanía y Tu gracia siempre cumplen Tus propósitos eternos. Te pedimos perdón por las veces en que nuestro corazón experimenta ese temor cobarde que prefiere la comodidad del pecado y las posesiones terrenales antes que rendirse por completo a Tu señorío. Quita de nosotros toda incredulidad y concédenos cultivar ese temor santo y reverente que nos guía a confiar en Tu obra perfecta. Gracias por tener misericordia de nosotros cuando estábamos perdidos y por transformarnos en testigos de Tu fidelidad. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. ¿Qué tipo de temor despierta en ti el conocimiento de la santidad y el poder absoluto de Dios? ¿Te impulsa a buscar el refugio de Su gracia o te lleva a querer alejarte de Su presencia?
  2. La ciudad de los gadarenos prefirió pedirle a Jesús que se marchara antes que lidiar con las implicaciones de Su autoridad en sus vidas. ¿Hay áreas específicas en tu vida diaria donde secretamente le estás pidiendo a Cristo que "se vaya" para conservar tu propia comodidad o tus propios planes?
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Comentarios

Yamileth
hace 6 horas

Amén 🙏🏼