El regalo que solo reciben los mendigos

Publicado el 11 de julio de 2026, 0:54

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” Mateo 5:3

A lo largo de los Evangelios vemos que la fe que agrada al Señor no solo supera los obstáculos y persevera con firmeza, sino que también es una fe profundamente humilde. En el relato de Capernaúm, aquel paralítico acostado en su camilla, con su total incapacidad física, nos representa perfectamente a cada uno de nosotros delante de Dios. Él no podía hacer absolutamente nada para valerse por sí mismo; dependía por completo de los demás y de la caridad ajena. En esencia, era un mendigo. Y es precisamente a esto que apuntó Jesús cuando dijo: «Bienaventurados los mendigos espirituales, porque de ellos -y solo de ellos- es el Reino de los Cielos».

Solo aquellos que se reconocen espiritualmente en la quiebra, los indefensos, los que saben que no tienen méritos propios y que su necesidad ante el Dios santo es absoluta, son los que van al Cielo. Lo más asombroso de este encuentro es el costo y la magnitud del regalo que este hombre recibió. Jesús le otorgó el obsequio más grande que jamás haya dado un rey en toda la historia: el perdón completo y eterno de sus pecados. Es terrible vivir la vida sin entender la pulcritud y la seriedad del registro de pecados que nos espera si al final somos hallados sin Cristo. Nuestro Dios es un Juez justo, recto y santo, y en Sus libros se lleva un registro minucioso e impecable de cada uno de nuestros pensamientos, de lo que dijimos y de lo que hicimos, pero también de todo aquello que debimos haber hecho y no hicimos. Cuando Jesús mira al paralítico y le dice: «Tus pecados te son perdonados», lo que le está comunicando es que ese registro aterrador ha sido borrado por completo.

Debemos tener mucha claridad en esto: no fue el esfuerzo humano de superar obstáculos lo que hizo posible esta salvación. Puedes abrirte paso través de un millón de techos y jamás lograrás salvar tu alma. Es la simple y pura fe en Jesucristo la que nos justifica. Sin embargo, hay un detalle en el pasaje que a menudo se malinterpreta cuando el texto dice: «Al ver Jesús la fe de ellos». Es muy fácil equivocarse aquí, sobre todo si venimos de un trasfondo religioso donde se nos enseñó la idea de que podemos ser favorecidos ante Dios por los méritos acumulados de otras personas justas. La perspectiva de esta mentalidad errónea, es como si a esas personas les hubiera sobrado rectitud y ese saldo se depositará en una cuenta común para ayudar a los menos justos, reduciendo su tiempo de castigo o incluso sacándolos de la condenación. Esa idea es completamente falsa y antibíblica. El hecho de tener padres o un conyugue piadoso, o un pastor fiel no te otorga la salvación. Nadie puede heredar la fe de otro. Tienes que apropiarte por ti mismo, de manera estrictamente personal e individual, de la salvación que está disponible únicamente a través de la fe en la obra de Cristo.

¿Qué significa entonces que Jesús vio la fe «de ellos»? No significa que la fe de los amigos salvó al paralítico. Significa que la fe viva y activa de los creyentes fieles puede facilitar el camino para que otros vengan a los pies de Cristo. Nosotros, a través de nuestra fe, facilitamos que las personas escuchen la verdad al predicarles el Evangelio con fidelidad y al dar un testimonio íntegro ante ellos. Pero, en última instancia, cada alma debe humillarse por sí misma. Y para todo aquel que viene con las manos vacías, reconociendo su bancarrota espiritual, la maravillosa noticia del Juez soberano sigue siendo la misma: «Ten ánimo, tus pecados te son perdonados».

Oración: Señor Dios y Juez Justo, nos postramos ante Ti reconociendo que somos mendigos espirituales, desprovistos de cualquier mérito o rectitud propia para salvarnos. Te pedimos perdón por las veces en que confiamos en nuestras propias fuerzas, en nuestros esfuerzos o en la piedad de quienes nos rodean, olvidando que la salvación es un regalo personal. Gracias por la pureza de Tu gracia y por el sacrificio de Tu Hijo en la cruz, el único pago que pudo borrar nuestro minucioso registro de pecado. Danos un corazón humilde para descansar en Tu perdón y haznos testigos fieles para guiar a otros a los pies del Salvador. En el dulce nombre de Jesús, Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Cuando te acercas a Dios ¿te acercas con la actitud del paralítico que sabe que no tiene nada que ofrecer, o todavía intentas presentarte ante Él basándote en tus buenas obras o en tu moralidad?
  2. El texto derriba la falsa confianza en los méritos ajenos para la salvación. ¿Has estado confiando inconscientemente en que eres salvo por tener una familia cristiana o asistir a una iglesia de sana doctrina, en lugar de asegurarte de tener una fe personal y rendida a Cristo?
  3. Los amigos del paralítico facilitaron con su fe que él llegara ante Jesús. Al examinar tus relaciones cercanas y tu familia, ¿estás siendo un instrumento activo que predica el Evangelio y muestra el camino hacia el Salvador, o eres indiferente ante la necesidad espiritual de los que te rodean?
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