“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió” Mateo 9:9
Imagina la escena por un momento. Un banco de tributos públicos en Capernaúm. Un lugar marcado por la avaricia, la traición y el desprecio de toda una sociedad. Y allí sentado, un hombre llamado Mateo. Alguien que, a los ojos de todos, había vendido su alma al imperio romano por ganancias deshonestas. Nadie esperaba nada bueno de él. Nadie quería acercarse. Pero entonces, aparece Jesús… Vale la pena que nos detengamos a contemplar esto: ¿Quién toma la iniciativa en esta historia? No fue Mateo quien buscó a Jesús. No fue Mateo quien dejó su mesa para ir a pedir una oportunidad. Fue Jesucristo quien se acercó a él. Su mirada cansada y cargada de culpa se encontró con los ojos del Maestro, y escuchó una sola palabra: «Sígueme». Esto nos recuerda una verdad central que debe aquietar nuestro orgullo: la elección de Cristo por nosotros siempre precede a nuestra elección por Él. Es tal como Jesús mismo nos recuerda en el Evangelio de Juan: «No me eligieron ustedes a mí, sino que Yo los elegí a ustedes». Todo en nuestra vida espiritual comienza con Su iniciativa. Todo es por gracia… nada es por mérito.
Juan Calvino lo describía de una forma hermosa. Decía que el hecho de que Mateo fuera llamado a la comunión con Cristo, e incluso al oficio de apóstol, es un ejemplo ilustre de la gracia de Dios. Jesús no solo eligió a hombres sencillos para derribar la sabiduría del mundo; eligió a este recaudador de impuestos que había llevado una vida lejos de la rectitud. ¿Por qué lo hizo? Para que Mateo fuera un ejemplo vivo de Su bondad gratuita. Su historia está allí para enseñarnos a ti y a mí que nuestro llamado no depende de los méritos de nuestra propia justicia, sino de Su pura generosidad.
A Cristo no le preocupaba lo que pensaran o dijeran los tradicionalistas de esa época. No le inquietaba la crítica de los fariseos. Él sabe perfectamente a quiénes quiere en Su reino, y sale a buscarlos. Jesús mira con una visión que nosotros no tenemos. Él ve desde una perspectiva eterna. Ahora, seamos honestos... Si tú o yo estuviéramos construyendo un reino en aquellos días, ¿habrías elegido a un cobrador de impuestos? ¿Habrías ido a buscar al traidor del pueblo? Creo que ninguno de nosotros lo habría hecho. Y eso es porque nuestros pensamientos y los de Jesús son muy diferentes. Es como dijo el profeta Isaías que, así como los cielos son más altos que la tierra, Sus caminos y Sus pensamientos son más altos que los nuestros.
Donde el mundo ve un caso perdido, Dios ve una oportunidad para magnificar Su gracia. Él mira el corazón. Y al llegar a nosotros, busca cosas que el mundo rechaza. Busca nuestra fragilidad. Busca nuestra necesidad. El apóstol Pablo nos lo recuerda con mucha ternura en su carta a los Corintios. Nos dice: «Recuerden, hermanos, que pocos de ustedes eran sabios, poderosos o ricos cuando Dios los llamó. En cambio, Dios eligió lo que el mundo considera despreciable para avergonzar a los sabios». ¿Para qué lo hace? Para que nadie jamás pueda jactarse en Su presencia. Toda la gloria le pertenece a Él.
Qué maravilloso es descubrir la independencia de Cristo. Él establece Su Reino como quiere. Sus caminos no siguen las reglas de nuestra lógica humana: Él se deleita en lo que nosotros rechazamos, y descarta lo que a nosotros nos deslumbra. Así es el Salvador. Y en esta mañana, lo que más debería conmover nuestro corazón es esto: ¡Qué maravilloso es que Jesucristo sea el amigo de los pecadores! Él está dispuesto a formar Su reino con personas como Mateo... y con personas como tú y como yo.
Oración: Señor Jesús, hoy nuestros corazones se llenan de asombro al ver Tu gracia. Gracias porque no esperaste a que fuéramos perfectos para buscarnos. Gracias porque cuando estábamos sentados en nuestras propias mesas de egoísmo y pecado, Tu mirada de amor se detuvo en nosotros y nos dijiste: «Sígueme». Te pedimos perdón por las veces en que olvidamos el lodo cenagoso de donde nos levantaste y permitimos que el orgullo llene nuestra vida. Ayúdanos a vivir hoy conscientes de que no estamos aquí por nuestros méritos, sino por Tu generosidad gratuita. Nos deleitamos en saber que eres el amigo de los pecadores y que nuestra vida está segura en Tus manos. Amén.
Para tu estudio personal:
- Al meditar en la historia de Mateo, ¿puedes identificar ese momento en tu propia vida donde Jesús tomó la iniciativa y te buscó cuando no le estabas buscando? ¿Cómo transforma esta verdad la gratitud de tu corazón en esta mañana?
- A veces nos cuesta creer que la gracia de Dios pueda alcanzar a ciertas personas que consideramos "demasiado lejos". ¿Hay alguien en tu entorno a quien has estado mirando con los ojos de los fariseos en lugar de mirarlo con los ojos de Jesús? ¿Cómo te desafía este pasaje a interceder por esa persona hoy?
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Comentarios
Amén.
Amén, gracias amado Salvador 🙏🏼