“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo”. Mateo 10:22
En Mateo 10, Jesús está preparando a Sus discípulos para salir a predicar el Evangelio, y no les ofrece una visión romántica de lo que encontrarán. No les promete reconocimiento, comodidad ni aceptación. Les dice algo mucho más difícil: serán aborrecidos por causa de Su nombre. Y después añade una palabra que puede resultar incómoda para nosotros: “El que persevere hasta el fin, este será salvo”. Muchos de nosotros hemos vivido la fe cristiana en contextos donde seguir a Cristo no nos ha costado demasiado. Podemos reunirnos, predicar, llevar una Biblia y hablar de nuestra fe sin temor a perder nuestro trabajo, nuestra libertad o incluso nuestra vida. Pero nuestros hermanos alrededor del mundo conocen una realidad muy diferente. Para algunos, identificarse públicamente con Cristo significa perder a su familia, sus bienes, su posición social o incluso enfrentarse a la muerte. Y entonces surge una pregunta que este texto pone delante de nosotros: ¿qué haríamos si seguir a Cristo realmente tuviera un precio?
Jesús quiere que Sus discípulos sepan de antemano que la oposición llegará. Y esa oposición puede venir de cualquier lugar. Puede venir de una autoridad, de un compañero de trabajo, de un amigo o incluso de alguien de nuestra propia familia. No debemos sorprendernos cuando el Evangelio que anunciamos sea rechazado, porque nuestro Señor mismo fue rechazado. Pero observa que Jesús no solamente les da una advertencia; también les da una promesa: “El que persevere hasta el fin, este será salvo”. ¿De qué salvación está hablando? No está prometiendo que el creyente necesariamente escapará de la muerte física. De hecho, en este mismo capítulo Jesús ha advertido que algunos de Sus discípulos serán entregados a muerte. La promesa es mucho más grande: aquellos que verdaderamente pertenecen a Cristo perseverarán en la fe y serán librados de la condenación en el día del juicio. Y aquí encontramos algo profundamente importante. La perseverancia no es la manera en que compramos nuestra salvación. No somos salvos porque sufrimos lo suficiente, porque soportamos suficientes pruebas o porque somos suficientemente valientes. Somos salvos por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo. Pero la fe que Dios concede es una fe que persevera. El verdadero creyente puede tropezar, puede tener miedo, puede incluso atravesar momentos de profunda debilidad, pero no abandonará definitivamente a Cristo.
Por eso este versículo es al mismo tiempo una promesa y una advertencia. Es una promesa para quienes pertenecen a Cristo: Dios los sostendrá hasta el final. Pero también es una advertencia para quienes pretenden seguir a Jesús solamente mientras hacerlo resulte cómodo. La pregunta no es simplemente: “¿Comenzaste a seguir a Cristo?”. La pregunta es: ¿permanecerás con Él hasta el final? Quizás hoy no estás enfrentando una persecución que amenace tu vida. Pero sí puedes estar enfrentando oposición en tu familia, en tu trabajo o entre tus amigos. Tal vez callas acerca de Cristo porque temes lo que otros puedan pensar. Tal vez has comenzado a avergonzarte del Evangelio porque quieres conservar tu comodidad. No olvides las palabras de Jesús: “El que persevere hasta el fin, este será salvo”. Nuestra seguridad no descansa en la fortaleza de nuestras propias manos, sino en la fidelidad de Aquel que nos llamó. Él sostiene a los Suyos. Por eso, no abandones a Cristo cuando seguirlo resulte difícil. Permanece firme. Sigue creyendo. Sigue obedeciendo. Sigue anunciando el Evangelio. El camino cristiano puede estar marcado por sufrimiento y oposición, pero al final del camino está Cristo mismo. Y aquellos que perseveran por Su gracia recibirán la vida eterna.
Oración: Señor Jesús, gracias porque nuestra salvación descansa en Tu gracia y no en nuestras propias fuerzas. Danos una fe verdadera que persevere hasta el final. Cuando enfrentemos rechazo, temor o sufrimiento, sostennos con Tu poder. Líbranos de avergonzarnos de Tu nombre y ayúdanos a permanecer fieles aun cuando seguirte tenga un costo. Haznos recordar que ninguna pérdida temporal puede compararse con la gloria de estar contigo para siempre. Amén.
Para tu estudio personal:
- ¿Hay alguna situación en la que estés callando tu fe por temor al rechazo o a las consecuencias?
- ¿Qué evidencia encuentras hoy de que tu confianza está puesta en Cristo y no simplemente en una fe cómoda?
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