Una fe que llega hasta el final

Publicado el 31 de agosto de 2026, 2:19

“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.” Mateo 10:22

Hay algo profundamente doloroso en descubrir que alguien que parecía estar viviendo su fe cristiana de manera ejemplar ya no está. Quizás lo viste servir, hablar de Cristo con entusiasmo, congregarse fielmente y expresar un profundo amor por el Señor. Pero llegó la prueba y, poco a poco, se apartó. ¿Qué sucedió? Jesús habló precisamente de esto en la parábola del sembrador. Una semilla cayó en terreno pedregoso y brotó rápidamente. Había entusiasmo, incluso gozo al recibir la Palabra. Pero cuando salió el sol, la planta se marchitó porque no tenía raíz. Jesús explicó que representa a quien escucha la Palabra y la recibe con gozo, pero cuando llegan la tribulación o la persecución por causa de ella, inmediatamente se aparta.

Esto nos muestra algo muy importante: una respuesta emocional al Evangelio no necesariamente es una fe salvadora. Una persona puede experimentar gozo, entusiasmo, participar de la vida de la iglesia y disfrutar de muchos beneficios de la fe cristiana, y aun así no haber experimentado una verdadera transformación espiritual. La carta a los Hebreos fue escrita precisamente en un contexto como este. Había personas que habían escuchado el Evangelio, habían experimentado profundamente las bendiciones de estar cerca de la comunidad cristiana y habían profesado creer en Cristo. Pero la persecución estaba aumentando. Algunos estaban perdiendo sus hogares, sus bienes y su seguridad. Y ahora estaban siendo tentados a retroceder. Por eso Hebreos contiene advertencias tan solemnes. Después de recordar todo lo que habían experimentado, el autor les dice: “Necesitan perseverar”. Y más adelante declara: “Mas el justo vivirá por la fe; y si retrocede, no me complaceré en él”. Pero inmediatamente añade: “Nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que creen para salvación”.

La perseverancia importa. No porque nosotros podamos ganar nuestra salvación mediante nuestra resistencia, sino porque la perseverancia es evidencia de una fe verdadera. La fe que Dios produce en el corazón no es una decisión superficial que desaparece cuando seguir a Cristo deja de ser conveniente. Es una fe que, sostenida por la gracia de Dios, continúa confiando en Él. Esto debería llevarnos a examinarnos. ¿En qué está puesta nuestra confianza? ¿En una experiencia que tuvimos hace años? ¿En una oración que repetimos? ¿En nuestra participación en una iglesia? ¿O estamos confiando en Cristo hoy? Porque la pregunta no es solamente quién comenzó la carrera. La pregunta es quién llega al final. Tal vez estás atravesando ahora mismo una prueba que está poniendo a prueba tu fe. Quizás seguir a Cristo te está costando algo. Tal vez estás cansado, desanimado o incluso preguntándote si podrás permanecer firme. Escucha esto: tu esperanza no está en la fuerza de tu determinación, sino en la fidelidad de Dios. La nueva vida que Dios produce en nosotros no es una obra que nosotros comenzamos y luego tenemos que mantener con nuestras propias fuerzas. Él es quien nos da vida, Él es quien nos sostiene y Él es quien nos llevará hasta el final. Eso no significa que podamos vivir descuidadamente. Significa que podemos perseverar con esperanza, sabiendo que la gracia que nos salvó también es la gracia que nos sostendrá.

Mira a Cristo. No mires solamente la dificultad del camino. Mira al Salvador que camina contigo. Cuando llegue la tribulación, cuando aparezca la oposición, cuando tengas que renunciar a algo por causa de Su nombre, recuerda que Él es infinitamente más valioso que cualquier cosa que puedas perder. Policarpo pudo decir después de tantos años: “¿Cómo podría darle la espalda?”. John Hooper pudo mirar la muerte y recordar que la vida eterna era mucho más dulce. No eran hombres que confiaban en su propia fortaleza. Eran hombres sostenidos por la gracia de Dios. Y esa misma gracia está disponible para nosotros hoy. Por eso, persevera. No porque seas suficientemente fuerte, sino porque Cristo es fiel. No retrocedas. No abandones a Aquel que nunca te abandonará. Si hoy escuchas Su voz, no endurezcas tu corazón. Sigue caminando con Él. Porque los que verdaderamente pertenecen a Cristo no son solamente los que comienzan la carrera. Son los que, por la gracia de Dios, llegan hasta el final.

Oración: Señor Jesús, danos una fe verdadera y perseverante. Examina nuestro corazón y muéstranos si estamos confiando realmente en Ti. Cuando lleguen las pruebas, no permitas que retrocedamos. Sostennos cuando nuestras fuerzas sean pocas y recuérdanos que nuestra esperanza está en Tu fidelidad. Gracias porque la obra que Tú comienzas en Tus hijos no depende finalmente de nuestra fuerza, sino de Tu gracia. Ayúdanos a permanecer fieles hasta el final. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. ¿En qué estás confiando para saber que perteneces verdaderamente a Cristo: en una experiencia pasada o en una fe viva que persevera hoy?
  2. ¿Qué prueba o dificultad está poniendo actualmente a prueba la firmeza de tu fe? 
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