Mira a Cristo y sigue avanzando

Publicado el 1 de septiembre de 2026, 3:11

«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios». Hebreos 12:2

¿Cómo podemos permanecer firmes cuando seguir a Cristo se vuelve difícil? ¿Cuál es el remedio que evita que nos alejemos de Él, nos enfriemos o retrocedamos? Hay muchas cosas que podríamos decir, pero todas nos llevan finalmente al mismo lugar: mirar a Cristo.

En primer lugar, necesitamos temer a Dios más que a los hombres. Jesús dijo: «No temáis a los que matan el cuerpo… temed a Aquel que después de haber quitado la vida tiene poder de echar en el infierno». ¿Por qué nos preocupa tanto lo que otros piensen de nosotros? Temamos más lo que Dios piensa que lo que puedan pensar nuestros amigos, compañeros o familiares. El temor de Dios nos libera del temor de los hombres. En segundo lugar, recuerda que no hay otro lugar adonde ir. Pedro entendió esto cuando Jesús preguntó a los discípulos si también querían marcharse. «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna». No hay otra salvación. No hay otro Cristo. No hay otro camino. Cuando la vida cristiana se vuelve difícil, cuando llegan la persecución, el cansancio o la tentación de abandonar, debemos recordar: ¿a dónde iremos si dejamos a Cristo?

En tercer lugar, hagamos morir el pecado y trabajemos por el avance del Reino. Un soldado no puede decidir tomarse la noche libre cuando el enemigo está atacando. De la misma manera, el pecado debe ser combatido diariamente. No significa que alcanzaremos una perfección sin pecado, sino que, por el poder del Espíritu, no haremos las paces con él. Y esa misma determinación debe llevarnos a compartir el Evangelio. En cuarto lugar, tengamos expectativas correctas. ¿Qué esperamos de nuestra vida cristiana? ¿Comodidad, tranquilidad y aceptación? Jesús nunca prometió eso. Nos dijo que habría oposición y sufrimiento. Si esperamos que la vida cristiana sea siempre cómoda, nos desanimaremos cuando llegue la dificultad. Pero si entendemos que pertenecemos a Cristo y que caminamos hacia una patria eterna, podremos enfrentar las dificultades terrenales con una perspectiva diferente.

En quinto lugar, necesitamos disciplina espiritual. Oración. Lectura de la Palabra. Confesión del pecado. Lucha diaria contra aquello que nos aparta de Dios. Y también la disciplina de congregarnos, adorar y animarnos unos a otros. No podemos vivir la vida cristiana aislados. Necesitamos a nuestros hermanos y hermanas, y ellos nos necesitan a nosotros. Pero finalmente, si hoy te das cuenta de que te has alejado de Cristo, si sientes que tu fe se ha enfriado, o incluso si reconoces que nunca has creído verdaderamente, ¿qué debes hacer?

Mira a Jesús. No mires primero tu propia fuerza. No mires cuánto has fallado. No mires cuánto sufrimiento tienes delante. Mira a Cristo. Hebreos dice: «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Él comenzó la obra y Él la llevará a su término. Él soportó la cruz por el gozo que tenía delante. Él murió para salvarnos y resucitó para darnos vida. Así que, si estás cansado, mira a Cristo. Si estás siendo tentado, mira a Cristo. Si tienes miedo de lo que otros piensen, mira a Cristo. Si has caído, mira a Cristo. Si te has alejado, vuelve a mirar a Cristo. Porque la perseverancia cristiana no comienza mirando cuánto podemos soportar nosotros. Comienza mirando a Aquel que soportó la cruz por nosotros.

Oración: Señor Jesús, ayúdame a poner mis ojos en ti cada día. Cuando tenga miedo de lo que otros puedan pensar, enséñame a temer más a Dios que a los hombres. Cuando esté cansado o sea tentado a apartarme, recuérdame que no hay otro lugar donde ir, porque tú y sólo tú tienes palabras de vida eterna. Dame fuerzas para hacer morir el pecado en mi vida y para ser fiel en la tarea que me has encomendado. Ayúdame a no esperar una vida sin dificultades, sino a confiar en ti cuando lleguen las pruebas. Y cuando caiga, no permitas que huya de ti. Haz que vuelva mis ojos a Cristo, a su cruz y a su resurrección. Tú eres el autor y consumador de mi fe. Sostenme hasta el final y hazme fiel. Amén

Para tu estudio personal:

Lee detenidamente Hebreos 12:1-3 y reflexiona:

  1. ¿Qué cosas están haciendo que tus ojos se aparten de Cristo?
  2. ¿Hay algún pecado que necesitas combatir y abandonar por el poder del Espíritu?
  3. Cuando llegan las dificultades, ¿recuerdas que no hay otro lugar donde encontrar verdadera salvación?
  4. ¿Qué significa para ti, de manera práctica, «poner los ojos en Jesús»?

Memoriza:

«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe».
Hebreos 12:2

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