Verdades que cambian nuestra perspectiva II

Publicado el 9 de septiembre de 2026, 3:33

«Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar.» Mateo 10:28

En el mensaje anterior comenzamos a considerar qué significa vivir con una perspectiva eterna. Vimos dos verdades fundamentales: hay un Dios que gobierna sobre todas las cosas y se acerca un Día en que todo será juzgado y puesto a la luz. Estas dos verdades cambian la manera en que enfrentamos el temor al hombre. Pero Jesús continúa razonando con nosotros. Si Dios gobierna y si llegará el Día del Juicio, entonces hay otras dos realidades que no podemos ignorar:

  1. Cada alma humana tiene una eternidad por delante

Jesús dice: «No temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar». Estas palabras nos obligan a distinguir entre dos cosas que fácilmente confundimos: el cuerpo y el alma. Los hombres pueden hacer mucho daño. Pueden perseguirnos, encarcelarnos, golpearnos e incluso quitarnos la vida. Pero Jesús dice que hay un límite que ellos no pueden atravesar. Pueden matar el cuerpo, pero… no pueden matar el alma. ¿Por qué? Porque nuestra existencia no termina con la muerte física.

Vivimos en un mundo que constantemente nos enseña a pensar solamente en lo inmediato. Nuestra atención se concentra en lo que podemos ver, tocar y experimentar ahora. Nos preocupamos por nuestra seguridad, nuestra reputación, nuestro trabajo, nuestras relaciones, nuestra comodidad. Pero Jesús nos obliga a levantar los ojos. Esta vida no es todo lo que existe. Cada persona que encontramos tiene un alma y se dirige hacia una eternidad. Eso significa que la persona que se sienta junto a nosotros en la universidad, la persona que trabaja en la oficina de al lado, nuestro vecino, nuestro familiar, incluso aquella persona que nos rechaza por nuestra fe, tiene un destino eterno.

Y esto cambia la manera en que vemos a las personas. Si solamente pensamos en esta vida, podemos llegar a preocuparnos demasiado por nuestra comodidad y demasiado poco por el alma de quienes nos rodean. Pero si vivimos a la luz de la eternidad, comenzamos a preguntarnos: ¿Conoce esta persona a Cristo? Porque llegará el Día del Juicio. Y cuando llegue, ya no estaremos hablando de unos cuantos años más en la tierra. Estaremos hablando de una eternidad.

Jesús incluso nos dice que debemos temer a aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. Eso nos recuerda algo que nuestra cultura intenta evitar: el juicio eterno es una realidad. No podemos hablar de la perspectiva eterna solamente para sentirnos más tranquilos. La eternidad también debe producir en nosotros un santo temor y una profunda seriedad acerca del destino de cada alma.

  1. El Evangelio es la única esperanza para esa eternidad

Si cada alma tiene una eternidad por delante, entonces la pregunta más importante no es cuánto sufriremos en esta vida, cuánto tendremos, ni qué pensará la gente de nosotros. La pregunta más importante es: ¿Dónde pasará la eternidad esa persona? Y eso nos lleva directamente al Evangelio. Jesús les dice a Sus discípulos en el versículo 27: «Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas». ¿Por qué deben proclamarlo? Porque el mensaje que Cristo les ha confiado es la única esperanza para pecadores destinados al juicio. Pablo lo expresa así: «No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree» (Romanos 1:16). Por eso Jesús les dice: hablen, proclamen, anuncien.

No hay secretos que guardar. No hay un mensaje alternativo. No hay otra esperanza que podamos ofrecerle a la humanidad. El Evangelio debe salir a la luz. Y aquí empezamos a comprender algo muy importante acerca del temor al hombre. Cuando nuestra preocupación principal es nuestra reputación, pensamos: «¿Qué van a pensar de mí si hablo de Cristo?» Pero cuando nuestra preocupación principal es la eternidad, la pregunta cambia: «¿Qué pasará con esta persona si nunca escucha el Evangelio?» Eso transforma nuestro sentido de urgencia.

Tal vez alguien se burle de nosotros. Tal vez alguien nos rechace. Tal vez una conversación se vuelva incómoda. Pero ¿qué significa esa incomodidad comparada con la eternidad de un alma? Esta es precisamente la perspectiva que Jesús quiere producir en Sus discípulos. Ellos van a ser perseguidos. Algunos serán rechazados. Otros serán entregados a las autoridades. Incluso algunos morirán. Pero deben seguir proclamando. ¿Por qué? Porque el mensaje que llevan es infinitamente más importante que el sufrimiento que puedan experimentar al anunciarlo. Jesús dice en Mateo 24:14 que el Evangelio del Reino será predicado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. Las palabras de Cristo no desaparecerán. El mundo pasará. Nuestra vida terrenal pasará. Nuestra reputación pasará. Incluso nuestro cuerpo pasará. Pero la Palabra de Cristo permanecerá. Por eso, Iglesia, necesitamos volver a levantar los ojos.

Aprendimos que Dios gobierna. Después que habrá un Día del Juicio. Ahora vemos que cada alma tiene una eternidad por delante y que el Evangelio es la única esperanza para esa eternidad. ¿Comienzas a ver cómo estas verdades se conectan? Si Dios gobierna, entonces no tenemos que vivir esclavizados al temor de los hombres. Si habrá un Día del Juicio, entonces no podemos vivir como si esta vida fuera todo lo que existe. Si cada alma tiene una eternidad por delante, entonces las personas que nos rodean importan muchísimo más que nuestra comodidad. Y si el Evangelio es la única esperanza para esas almas, entonces no podemos permitir que el temor nos haga callar.

Y todavía falta una quinta verdad. Entonces podremos comprender por qué, vistas a la luz de la eternidad, las cosas que hoy parecen enormes comienzan a ocupar un lugar mucho más pequeño.

Oración: Señor, ayúdanos a vivir conscientes de que esta vida no es todo lo que existe. Perdónanos porque muchas veces estamos tan preocupados por nuestras circunstancias presentes que olvidamos la eternidad. Nos preocupamos por nuestra comodidad, nuestra reputación y lo que otros puedan pensar, mientras a nuestro alrededor hay personas cuyas almas necesitan escuchar el Evangelio. Danos una visión eterna. Ayúdanos a ver a las personas como tú las ves: hombres y mujeres que vivirán eternamente y que necesitan desesperadamente a Cristo. Quita de nosotros la vergüenza y el temor que nos hacen callar. Danos valor para proclamar Tu Palabra, aun cuando resulte incómodo, aun cuando exista la posibilidad de rechazo. Que nunca olvidemos que el Evangelio es poder de Dios para salvación. Haznos fieles mensajeros de esa buena noticia. En el nombre de Jesús. Amén.

Para tu estudio personal:

Lee: Mateo 10:26-33; Romanos 1:16-17; Mateo 24:14.

  1. ¿Con qué frecuencia pienso en la eternidad cuando trato con las personas que Dios ha puesto a mi alrededor?
  2. ¿Cómo cambia mi percepción de una persona cuando recuerdo que tiene un alma y un destino eterno?
  3. ¿Qué temores me están impidiendo hablar del Evangelio?
  4. ¿Estoy más preocupado por evitar la incomodidad de esta vida que por la eternidad de quienes me rodean?
  5. ¿A quién podría hablarle de Cristo esta semana, aunque tenga que vencer algún temor?

Versículo para memorizar:

 «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree».

Romanos 1:16:

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