«Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.» Mateo 10:31
En los dos mensajes anteriores hemos seguido el razonamiento de Jesús acerca de la perspectiva eterna. Primero vimos que hay un Dios que gobierna sobre el cielo y la tierra y que llegará un Día del Juicio en el que todo será revelado. Después vimos que cada alma tiene una eternidad por delante y que el Evangelio de Jesucristo es la única esperanza para el pecador. Ahora llegamos a la quinta verdad, que reúne todas las anteriores:
- A la luz de la eternidad, nuestros problemas y preocupaciones terrenales son mucho más pequeños de lo que normalmente pensamos.
Esto no significa que nuestros problemas no sean reales. Jesús nunca dice que la persecución no duela, que la enfermedad no duela, que la pérdida no duela o que el sufrimiento sea insignificante en sí mismo. Lo que Jesús hace es algo diferente: cambia la escala con la que medimos nuestras circunstancias. Imagina que estás mirando una montaña desde muy cerca. Parece enorme. Pero si pudieras verla desde una gran distancia, seguiría siendo una montaña, pero su tamaño relativo cambiaría. Eso es lo que hace la perspectiva eterna. Cuando vivimos solamente mirando el presente, nuestros problemas pueden ocupar todo nuestro campo de visión: ¿Qué van a pensar de mí? ¿Me van a rechazar? ¿Voy a sufrir? ¿Voy a perder algo que considero importante? Pero Jesús nos dice: levanta los ojos y mira más lejos. Hay un Dios soberano. Habrá un Día del Juicio. Tu alma vivirá eternamente. El Evangelio ofrece salvación. Entonces, ¿cuánto debería pesar en nuestra vida la opinión de una persona que puede rechazarnos por causa de Cristo? ¿Cuánto debería pesar una dificultad temporal cuando sabemos que nuestra existencia no termina con esta vida? ¿Cuánto debería importar nuestra comodidad cuando sabemos que hay personas a nuestro alrededor que necesitan escuchar el Evangelio?
No estoy diciendo que nuestras dificultades sean irreales. Estoy diciendo que la eternidad es infinitamente más real y más importante. Jesús utiliza incluso el ejemplo de los pajarillos para mostrarnos el cuidado de Dios. Si un pequeño gorrión no cae a tierra fuera del conocimiento del Padre, ¿cuánto más cuidará de nosotros? Y entonces dice: «Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos». ¡Qué manera tan extraordinaria de combatir nuestro temor! Jesús no promete que sus discípulos nunca sufrirán. De hecho, ya les ha dicho todo lo contrario. No les promete que nunca serán perseguidos, encarcelados o incluso asesinados. Lo que les promete es que nada de eso ocurrirá fuera del conocimiento y del gobierno de su Padre. Dios sabe. Dios gobierna. Dios cuida. Y, por encima de todo, Dios tiene un propósito eterno.
Por eso el cristiano puede sufrir sin pensar que su sufrimiento carece de sentido. Puede perder algo sin concluir que Dios lo ha abandonado. Puede enfrentar oposición sin pensar que Dios ha perdido el control. Puede incluso enfrentar la muerte sabiendo que la muerte no tiene la última palabra. Esto nos ayuda a entender por qué Pablo podía decir «Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria» (2 Corintios 4:17) Pablo no está diciendo que el sufrimiento sea agradable. Está diciendo que, comparado con la gloria eterna, adquiere otra dimensión. Y esa es precisamente la perspectiva que Jesús quiere producir en nosotros. No permitas que lo temporal eclipse lo eterno.
Ahora podemos mirar hacia atrás y ver la secuencia completa: Dios gobierna. Dios juzgará. Cada alma tiene una eternidad. El Evangelio es la única esperanza. Por lo tanto, no vivas dominado por los problemas temporales. Eso es la perspectiva eterna. No significa ignorar esta vida. Significa vivir esta vida a la luz de la eternidad. Cuando llegue el temor, recuerda quién gobierna. Cuando seas tratado injustamente, recuerda que habrá un juicio. Cuando mires a una persona que no conoce a Cristo, recuerda que tiene un alma eterna. Cuando tengas la oportunidad de hablar del Evangelio, recuerda que estás anunciando la única esperanza que Dios ha provisto. Y cuando atravieses sufrimiento, recuerda que lo temporal nunca puede compararse con lo eterno.
Así que, Iglesia: no tengas miedo. No porque nada malo pueda sucederte, sino porque Dios sigue siendo Dios cuando algo malo sucede. No porque nunca vayas a sufrir, sino porque tu sufrimiento no será en vano. No porque la muerte no exista, sino porque Cristo ha vencido la muerte. Levanta los ojos. Mira más allá de este momento. Mira más allá de tus circunstancias. Vive a la luz de la eternidad.
Oración: Padre, ayúdanos a ver nuestras circunstancias desde Tu perspectiva. Muchas veces permitimos que los problemas presentes ocupen todo nuestro corazón. Nos preocupamos, tenemos miedo y olvidamos las verdades eternas que nos has revelado. Recuérdanos que Tú gobiernas sobre todas las cosas, que habrá un Día del Juicio, que nuestra alma tiene un destino eterno y que en Cristo tenemos la única esperanza verdadera. Danos la gracia para no permitir que lo temporal eclipse lo eterno. Cuando suframos, ayúdanos a confiar. Cuando seamos rechazados, ayúdanos a permanecer firmes. Cuando tengamos miedo, recuérdanos que estamos en Tus manos. Y mientras nos concedas vida, haznos fieles para proclamar el Evangelio a quienes nos rodean. Que nuestra vida no esté gobernada por el temor, sino por la certeza de que pertenecemos a Cristo y caminamos hacia una gloria eterna. En el nombre de Jesús. Amén.
Para tu estudio personal:
Lee: Mateo 10:26-33; 2 Corintios 4:16-18.
- ¿Qué problema actual está ocupando más espacio en mis pensamientos que las realidades eternas?
- ¿Cómo cambia mi manera de enfrentar ese problema cuando recuerdo que Dios es soberano?
- ¿Estoy permitiendo que una dificultad temporal me haga perder de vista mi misión de proclamar a Cristo?
- ¿Qué significa para mí vivir «a la luz de la eternidad» esta semana?
Versículo para memorizar:
«No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».
2 Corintios 4:18
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