Reconocer a Cristo ante los hombres

Publicado el 11 de septiembre de 2026, 3:35

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos.» Mateo 10:32

Hemos llegado al cierre de esta sección, y Jesús termina llevando nuestra mirada nuevamente hacia la eternidad. Después de enseñarnos que Dios gobierna todas las cosas, que habrá un día de juicio, que cada alma tiene una eternidad por delante y que el Evangelio es nuestra única esperanza, ahora nos muestra las consecuencias eternas de nuestra respuesta ante Él.

Mateo 10:32-33 dice: «A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos; pero a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos». Reconocer a Cristo significa aceptarlo abiertamente, acogerlo, identificarnos con Él. Por eso la pregunta no es simplemente si creemos en Jesús en privado. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a reconocerlo como nuestro Señor y Salvador, aun cuando hacerlo tenga un costo? ¿Estamos dispuestos a permanecer con Cristo cuando hacerlo signifique soportar rechazo, vergüenza u oposición? ¿Estamos dispuestos a salir de la ciudad, permanecer bajo Su cruz y soportar el oprobio que Él soportó? Si permanecemos con Cristo, tenemos esta maravillosa promesa: Él permanecerá con nosotros. Hebreos 2:11 dice que Jesús «no se avergüenza de llamarlos hermanos». ¡Qué verdad tan extraordinaria! Cristo no se avergüenza de recibirnos en Su familia.

Lo verdaderamente sorprendente es que nosotros podamos llegar a avergonzarnos de Él. Por eso Jesús también advierte: «Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, de él se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en la gloria de Su Padre con Sus ángeles» (Marcos 8:38). Jesús está diciendo: recíbanme, abrácenme, identifíquense conmigo, aun cuando hacerlo tenga un gran costo, y yo los recibiré delante de mi Padre. Pero si se avergüenzan de mí y me niegan, yo los negaré. Quizá alguien pregunte: «Pero ¿qué hay de Pedro? Él negó al Señor». Y es verdad. Pedro negó haber conocido a Jesús. Pero esa no fue la historia final de Pedro. Poco tiempo después estaba en el centro de Jerusalén predicando el Evangelio. Miles escucharon y muchos fueron salvados. Finalmente, Pedro sufrió por Cristo y, según la tradición de la Iglesia, murió como mártir. Pedro cayó, pero se arrepintió. Su negación no se convirtió en una excusa para seguir avergonzándose de Cristo. La oración de Jesús sostuvo su fe, y su vida posterior mostró que pertenecía a Él. Por eso, la pregunta no debería ser: «¿Cuánto puedo negar a Cristo y todavía ser cristiano?» Esa es la pregunta equivocada. La pregunta correcta es: «¿Estoy dispuesto a reconocer a Cristo y permanecer fiel a Él?» Y aquí es donde todo esto se vuelve práctico.

En los próximos días vas a encontrarte con personas que necesitan el Evangelio. Vas a conversar con familiares, compañeros de trabajo, vecinos, amigos y quizas otras personas que quizá no conocen a Cristo. Entonces, ¿qué harás? ¿Hablarás de Cristo? ¿Compartirás el Evangelio? ¿Invitarás a alguien a la iglesia? ¿Tenderás la mano? ¿Dirás algo por Cristo cuando tengas la oportunidad? Después de todo lo que Jesús nos ha enseñado en esta sección, la aplicación es sencilla: no vivas avergonzado de Aquel que no se avergüenza de llamarte hermano. El mundo puede rechazar a Cristo, pero nosotros no tenemos por qué hacerlo. Podemos reconocerlo. Podemos hablar de Él. Podemos permanecer bajo Su cruz. Porque la eternidad cambia nuestra perspectiva: Dios gobierna, habrá juicio, nuestras almas tienen un destino eterno y el Evangelio es la única esperanza. Por eso, no permitamos que el temor a los hombres nos haga callar acerca de Cristo. Un día estaremos delante de nuestro Padre. Y qué gozo será escuchar que Cristo, nuestro Salvador, nos reconoce como Suyos.

Oración: Señor Jesús, perdónanos por las veces que hemos tenido miedo de reconocerte delante de los hombres. Perdónanos cuando hemos guardado silencio por temor al rechazo, a la vergüenza o a lo que otros puedan pensar. Danos una fe como la de Pedro, una fe que se arrepiente cuando cae y que vuelve a levantarse para proclamarte. Haznos valientes para hablar de Ti, para compartir tu Evangelio y para identificarnos contigo aun cuando tenga un costo. Gracias porque Tú no te avergüenzas de llamarnos hermanos. Ayúdanos a no avergonzarnos de Ti. Que podamos permanecer fieles hasta el final, con los ojos puestos en la eternidad y en la gloria que nos espera contigo. En tu nombre, Jesús. Amén.

Para tu estudio personal:

Lee Mateo 10:26-33 y medita en estas preguntas:

  1. ¿En qué situaciones siento mayor temor de reconocer a Cristo delante de otros?
  2. ¿Qué significa para mí, en la práctica, «reconocer» a Jesús delante de los hombres?
  3. ¿Hay alguna persona cercana a mí con quien necesito hablar del Evangelio?
  4. ¿Estoy más preocupado por lo que los hombres piensan de mí o por permanecer fiel a Cristo?
  5. ¿Cómo cambia mi manera de vivir saber que Jesús un día me reconocerá delante del Padre?

Versículo para memorizar:

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos.»
Mateo 10:32

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