El costo de seguir a Cristo

Publicado el 12 de septiembre de 2026, 2:18

«El que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de Mí, la hallará.» Mateo 10:38-39

Hemos recorrido Mateo 10 escuchando a Jesús preparar a Sus discípulos para la misión. Les habló del rechazo, de la persecución, del temor y de la necesidad de reconocerlo públicamente delante de los hombres. Ahora llegamos a la parte final del capítulo, y Jesús nos muestra algo que no podemos pasar por alto: seguirlo tiene un costo. Mateo 10:34-42 es un pasaje fuerte. Jesús dice que no vino a traer paz a la tierra, sino espada; habla de división aun dentro de las familias; declara que debemos amarlo por encima de nuestros padres, hijos y cualquier otra persona; nos llama a tomar nuestra cruz y seguirlo; y finalmente nos habla de las recompensas que reciben quienes permanecen identificados con Él. A primera vista, algunas de estas palabras pueden resultarnos incómodas. ¿Cómo puede Jesús, el Príncipe de Paz, hablar de espada y división? ¿Por qué debe ocupar Él un lugar superior incluso al de nuestra propia familia? ¿Qué significa realmente tomar nuestra cruz? Y ¿por qué dice que quien pierde su vida por causa de Él finalmente la encontrará? Durante los próximos días vamos a responder estas preguntas, una por una. Pero antes quiero que veamos el panorama completo.

Hace algún tiempo leí la historia de un cristiano llamado Palas, que sufrió persecución durante la época de la Unión Soviética. Fue arrestado, torturado y llevado ante el hombre encargado de interrogarlo. El capitán intentó intimidarlo diciéndole que lo enviarían a Siberia, un lugar de frío, sufrimiento y miseria. Palas respondió, en esencia: «Dondequiera que vaya en este mundo, sigo estando en el mundo de mi Padre. Él es dueño de todo. No pueden enviarme a ningún lugar que Él no haya creado y que no le pertenezca». Entonces amenazaron con quitarle todas sus posesiones. Palas respondió que necesitarían una escalera muy alta, porque sus verdaderas posesiones estaban guardadas en el cielo. Lo amenazaron con matarlo. Y él respondió que, si lo hacían, estaría entrando a la presencia de Jesucristo. Finalmente le dijeron que lo aislarían, que nadie podría visitarlo. Y Palas respondió que eso también era imposible, porque tenía un amigo que podía atravesar paredes: Jesucristo estaría con él. ¿Qué clase de hombre puede responder así? Hebreos 11 habla de hombres y mujeres «de los cuales el mundo no era digno». Y quiero que entendamos algo: Palas no pertenecía a una categoría especial de cristianos. Era nuestro hermano en Cristo. La misma vida espiritual que Dios puso en él está en nosotros. Somos hijos del Rey. Y si somos hijos del Rey, estamos llamados a vivir como tales: con valor, con fidelidad y con una perspectiva eterna.

Eso es precisamente lo que Jesús está enseñando en Mateo 10: no nos llama a una vida cómoda como testigos Suyos. Nos llama a seguirlo, aunque tenga un costo. Y ese costo puede manifestarse de diferentes maneras. Puede significar que nuestra familia no comprenda nuestra fe. Puede significar rechazo, pérdida, incomodidad o sufrimiento. Puede significar tener que elegir entre agradar a las personas que amamos y ser fieles a Cristo. Y, para algunos de nuestros hermanos alrededor del mundo, incluso puede significar entregar la propia vida.

Pero Jesús no solamente habla del costo. También nos muestra el valor incomparable de tenerlo a Él. En los próximos días encararemos las verdades de este pasaje y no quiero que estudiemos estas palabras como si fueran simplemente instrucciones para creyentes extraordinarios. Jesús está hablando a Sus discípulos. Está hablando a nosotros.  La pregunta, por tanto, no es solamente: «¿Estaría dispuesto a morir por Cristo?». La pregunta comienza mucho antes: ¿Estoy dispuesto a vivir para Cristo cuando seguirlo me cueste algo? ¿Estoy dispuesto a permanecer fiel cuando otros no me entiendan? ¿A poner a Cristo por encima de cualquier otra relación? ¿A tomar mi cruz? ¿A renunciar a mi comodidad, a mis deseos y a mi propia agenda cuando entren en conflicto con Su voluntad? Porque Jesús no nos promete que seguirlo será fácil. Nos promete algo mucho mejor: que vale la pena.

Y mientras avancemos por este pasaje, veremos que la vida que parece perderse por causa de Cristo es precisamente la vida que finalmente se encuentra. Así que, durante los próximos días, no pensemos solamente en lo que podemos perder al seguir a Jesús. Pensemos también en a quién ganamos cuando decidimos seguirlo hasta el final.

Oración: Señor Jesús, gracias porque nos has llamado a seguirte. Reconocemos que muchas veces queremos una fe cómoda, una vida sin conflicto y un discipulado sin costo. Perdónanos. Danos la valentía de vivir como hijos del Rey. Ayúdanos a amarte por encima de todo, a permanecer fieles cuando seguirte sea difícil y a tomar nuestra cruz cada día. Que cuando enfrentemos rechazo, pérdida o sufrimiento, recordemos que Tú estás con nosotros y que nada de lo que entregamos por Ti se compara con lo que hemos recibido en Ti. Prepara nuestro corazón para entender Tus palabras en este pasaje y, sobre todo, para obedecerlas. Queremos seguirte, cueste lo que cueste. En Tu nombre, Jesús. Amén.

Para tu estudio personal:

Lee Mateo 10:34-42 y medita en estas preguntas:

  1. ¿Qué costo de seguir a Cristo me resulta más difícil aceptar?
  2. ¿Hay alguna relación, comodidad o deseo que esté ocupando en mi corazón un lugar que corresponde solamente a Cristo?
  3. ¿Qué significa para mí, en mi situación actual, «tomar mi cruz y seguir» a Jesús?
  4. ¿Estoy dispuesto a ser fiel a Cristo cuando hacerlo implique rechazo o incomodidad?
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