«No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.» Mateo 10:34
Hay algo que debemos entender desde el principio: Jesús es el hombre más incomprendido de la historia. Incluso durante Su ministerio terrenal, las personas malinterpretaron quién era, lo que decía y la misión que había venido a cumplir. Y eso sigue ocurriendo hoy. Cada generación tiende a construir un Jesús a su propia imagen: un Jesús que piensa como nosotros, que aprueba lo que nosotros aprobamos y que nunca nos confronta. Pero no podemos acercarnos a Cristo preguntándonos qué Jesús nos gustaría encontrar. Tenemos que preguntarnos: ¿qué dice realmente la Biblia acerca de Jesús?
En Mateo 10:34, Jesús comienza diciendo: «No penséis». Es como si dijera: «No me malinterpreten». Y entonces pronuncia unas palabras desconcertantes: «No he venido para traer paz, sino espada». ¿Qué quiere decir? No está diciendo que haya venido a enseñarnos a pelear, ni que Sus discípulos deban imponer el Evangelio por la fuerza. De hecho, veremos más adelante que la espada de la que habla no es una espada que los cristianos deban empuñar. Lo que Jesús está diciendo aquí es que Su venida provocará división.
Donde el Evangelio es proclamado fielmente, no todos responderán de la misma manera. Algunos creerán, otros rechazarán. Algunos recibirán a Cristo, otros se opondrán a Él. Y cuando la verdad de Dios confronta el corazón humano, inevitablemente aparecen conflictos. Por eso debemos rechazar una idea equivocada: «Si una iglesia está predicando verdaderamente a Cristo, entonces nunca debería haber controversia, desacuerdo o división». No necesariamente. Jesús mismo dijo que Su mensaje produciría división. El problema no es que exista conflicto; la pregunta es por qué existe. Si el conflicto surge porque somos orgullosos, agresivos, imprudentes o innecesariamente ofensivos, eso no honra a Cristo. Pero si surge porque permanecemos fieles a la Palabra de Dios, porque proclamamos el Evangelio y porque las personas rechazan a Cristo, no debemos concluir automáticamente que algo salió mal. Jesús nos advirtió que esto ocurriría.
Y necesitamos recordar esto porque muchas veces queremos un cristianismo sin oposición. Queremos hablar de Jesús y que todos nos reciban bien. Queremos compartir nuestra fe y que nadie se incomode. Queremos obedecer a Cristo sin que nuestra obediencia tenga consecuencias. Pero ese no es el camino que Jesús describe en Mateo 10. La pregunta entonces es: ¿qué hacemos cuando nuestra fidelidad a Cristo produce oposición? No abandonamos la verdad para recuperar la comodidad. No dejamos de hablar del Evangelio para evitar problemas. No pensamos que, porque alguien se molesta con el mensaje de Cristo, necesariamente debemos cambiar el mensaje. Jesús nunca prometió que Su Evangelio sería recibido con aplausos por todos. Prometió que sería proclamado, y advirtió que esa proclamación traería oposición.
Y esto también nos ayuda a entender algo importante acerca de la paz. Jesús sí vino a traer paz. Romanos 5:1 dice que, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Esa es la paz más profunda y preciosa que existe: la reconciliación entre un pecador y Dios por medio de la cruz. Pero esa paz con Dios no significa que habrá paz inmediata con todo el mundo. Vivimos todavía en un mundo en rebelión contra Dios. Cristo es el Príncipe de Paz, pero la paz universal que un día caracterizará Su reino todavía no ha llegado en toda su plenitud. Por eso, mientras esperamos aquel día, proclamamos un Evangelio de paz y, al mismo tiempo, enfrentamos oposición. Y aquí está la gran lección para nosotros: no confundamos la ausencia de conflicto con la presencia de Dios, ni el conflicto con el fracaso del Evangelio. A veces obedecer a Cristo será incómodo. A veces nuestra fe será cuestionada. Y en otros lugares del mundo, nuestros hermanos sufrirán persecución mucho más intensa. Pero esto no significa que Cristo haya perdido el control. Desde el principio, Jesús sabía que Su Evangelio avanzaría en medio de oposición. Y precisamente allí, en medio del sufrimiento y de la fidelidad de Sus hijos, Dios muestra Su poder y Su gloria. Por eso, no busques una vida cristiana sin ningún conflicto. Busca una vida cristiana fiel.
No estamos llamados a provocar problemas innecesariamente, pero tampoco estamos llamados a abandonar la verdad para evitarlos. Cristo nos ha llamado a ser Su pueblo, Su «sacerdocio real», para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Y cuando anunciamos fielmente a Cristo, debemos estar preparados para que no todos respondan como quisiéramos. Eso no es una sorpresa. Jesús ya nos lo había advertido.
Oración: Señor Jesús, ayúdanos a conocerte como realmente eres y no como nosotros quisiéramos que fueras. Líbranos de una fe cómoda que busca agradar a todos y evita toda dificultad. Danos sabiduría para no provocar conflictos innecesarios, pero también valor para permanecer firmes cuando la fidelidad a Ti produzca oposición. Gracias porque por medio de Tu cruz tenemos paz contigo. Ayúdanos a llevar ese mensaje de paz al mundo, aun cuando algunos lo rechacen. Que nunca confundamos la oposición con el fracaso, sino que permanezcamos fieles, confiando en que Tú sigues edificando Tu Reino para Tu gloria. Amén.
Para tu estudio personal:
Lee Mateo 10:34-36 y reflexiona:
- ¿He confundido alguna vez la fidelidad a Cristo con la obligación de evitar todo conflicto?
- ¿Cómo puedo distinguir entre sufrir por ser fiel a Cristo y sufrir por mi propio mal carácter?
- ¿Qué significa para mí llevar el mensaje de paz con Dios aun cuando otros lo rechacen?
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