La purificación de nuestra fe

Publicado el 18 de septiembre de 2026, 3:27

“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de Mí, la hallará.” Mateo 10:39

Ayer vimos que las pruebas sirven para demostrar la autenticidad de nuestra fe. Pero hay una segunda razón por la que Jesús permite que el seguimiento de Cristo tenga un costo: las pruebas también purifican nuestra fe.

Nuestra fe puede ser verdadera y, al mismo tiempo, no estar completamente limpia. Podemos amar a Cristo y, junto con Él, seguir amando demasiado nuestra comodidad, nuestros planes, nuestra reputación, nuestras posesiones o nuestros propios sueños. Y cuando llegan las pruebas, esas cosas salen a la superficie. Por eso Pedro dice que nuestra fe es probada como el oro en el fuego. El fuego no destruye el oro verdadero; quita lo que está mezclado con él. De la misma manera, Dios usa las dificultades para mostrarnos qué cosas ocupan un lugar que solamente le corresponde a Cristo.

Jesús lo expresó de una manera muy directa: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí”. Y luego añade: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” Jesús no está diciendo que no debemos amar a nuestra familia, ni que debamos despreciar nuestra vida. Está diciendo algo mucho más profundo: ninguna de esas cosas puede ocupar el primer lugar. Porque nuestro corazón tiene una tendencia constante a protegerse. Buscamos estar cómodos. Queremos que las cosas salgan como las hemos planeado. Organizamos nuestra vida para evitar el dolor, la incomodidad y los sacrificios. Y, sin darnos cuenta, podemos llegar a vivir como si nuestra vida nos perteneciera completamente. Pero llega un momento en que Cristo nos dice: “Sígueme”. Y seguirlo puede significar renunciar a algo que queremos mucho.  Puede significar abandonar una ambición. Cambiar una prioridad. Renunciar a una relación que nos aleja de Dios. Servir cuando preferiríamos descansar. Dar cuando preferiríamos guardar. Perdonar cuando quisiéramos cobrar la deuda. Permanecer fieles cuando sería mucho más cómodo ceder. Entonces descubrimos algo acerca de nuestro corazón. La pregunta ya no es solamente: “¿Creo en Jesús?” La pregunta es: “¿Estoy dispuesto a perder algo por seguir a Jesús?” Ahí comienza la purificación.

Imagina, por ejemplo, que llega un lunes por la mañana y, antes de comenzar tus actividades, en lugar de pensar solamente en tus propios planes, haces una oración sencilla: “Señor, este día es Tuyo. Este lunes es Tuyo. Mi trabajo es Tuyo. Mis planes son Tuyos. Guíame y enséñame a seguirte.” Parece una oración pequeña, pero encierra una gran decisión: dejar de vivir alrededor de nosotros mismos. Eso es lo que Jesús quiere hacer en nosotros. No solamente quiere que le añadamos a nuestra vida; quiere ser el centro de nuestra vida. Tal vez una prueba esté revelando que amas demasiado tu comodidad. Tal vez otra esté mostrando cuánto dependes de la aprobación de otros. Tal vez Dios está utilizando una situación difícil para enseñarte que tu seguridad no está en tu trabajo, en tus planes, en tus recursos o en las personas que amas, sino en Cristo. No siempre entendemos las pruebas mientras las estamos atravesando. Pero podemos preguntarnos: “Señor, ¿qué estás quitando de mi corazón que está compitiendo contigo?” Porque perder algo por Cristo no siempre significa perderlo físicamente. Muchas veces significa dejar de considerarlo indispensable.

Cuando Cristo ocupa el primer lugar, podemos disfrutar de las cosas buenas sin convertirlas en nuestro dios. Podemos amar a nuestra familia sin ponerla por encima de Jesús. Podemos trabajar por nuestros sueños sin permitir que nuestros sueños gobiernen nuestra vida. La prueba demuestra nuestra fe y también la purifica. Y cuando Dios termina ese proceso, queda una fe más sencilla, más firme y más centrada en Cristo. Tal vez hoy el Señor te está llamando a soltar algo. No necesariamente porque esa cosa sea mala, sino porque ha comenzado a ocupar demasiado espacio en tu corazón. No tengas miedo de perder lo que Dios te pide entregar. Jesús dijo: “El que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” Lo que entregamos a Cristo nunca es una pérdida definitiva. Cuando dejamos de aferrarnos a nuestra vida para seguirlo, descubrimos la vida verdadera que solamente Él puede darnos.

Oración: Señor Jesús, reconozco que muchas veces te amo, pero todavía me aferro demasiado a mis propios planes, a mi comodidad y a las cosas que considero importantes. Usa aun las pruebas de mi vida para purificar mi fe. Muéstrame qué cosas están compitiendo contigo por el primer lugar de mi corazón. Dame la disposición para entregarte mis ambiciones, mis temores, mis planes y todo aquello que me impide seguirte plenamente. Que cada día pueda decir: “Este día es Tuyo; mi vida es Tuya”. Y enséñame a encontrar en Ti la verdadera vida. Amén.

Para tu estudio personal:

Lee y medita en Mateo 10:37-39.

  1. ¿Qué cosas buenas de mi vida podrían estar ocupando un lugar demasiado importante en mi corazón?
  2. ¿Qué ha revelado alguna prueba reciente acerca de mis prioridades?
  3. ¿Estoy dispuesto a permitir que Dios use las pruebas para transformar y purificar mi fe?

Versículo para memorizar:

 “El que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” — Mateo 10:39

 

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