«De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él»— Mateo 11:11
Las palabras de Jesús sobre Juan sorprenden. Primero lo presenta como alguien extraordinario: entre los nacidos de mujer, no se había levantado otro mayor que él. Pero inmediatamente añade algo que parece contradictorio: “el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él”. ¿Está diciendo Jesús que Juan no pertenecía al Reino? No. Juan era un hombre de fe y debemos esperar encontrarlo en el Reino de Dios. Entonces, ¿qué quiere decir Jesús? La clave está en comprender el lugar que Juan ocupaba en la historia de la redención.
Juan fue el último gran profeta que señaló hacia la llegada del Mesías. Su ministerio estuvo en el umbral de una nueva etapa. Él anunció que el Reino se había acercado y señaló a Cristo, pero no llegó a contemplar plenamente todo lo que Cristo haría. Cuando Jesús comenzó Su ministerio, Juan terminó en prisión. Y desde allí tuvo que enviar mensajeros para preguntar si Jesús era realmente el que había de venir. Juan había recibido una revelación extraordinaria, pero su conocimiento de la obra de Cristo todavía era limitado. No vio personalmente todos los milagros de Jesús. No presenció Su muerte en la cruz. No contempló Su resurrección. No conoció, como nosotros, la historia completa del Evangelio. Por eso Jesús puede decir que el más pequeño en el Reino es mayor que Juan. No está comparando el valor espiritual de una persona con otra. Está hablando del privilegio de tener una revelación más completa de Cristo.
Piensa en lo que significa para nosotros. Juan pudo decir: “He aquí el Cordero de Dios”. Nosotros podemos mirar hacia atrás y contemplar cómo ese Cordero entregó Su vida por nuestros pecados, resucitó y venció la muerte. Juan anunció lo que estaba por venir; nosotros conocemos cómo se cumplió. El libro de los Hechos muestra que incluso después de la resurrección de Cristo había personas con un conocimiento incompleto. Apolos conocía parte de la verdad, pero Priscila y Aquila tuvieron que explicarle con mayor precisión el camino de Dios. De la misma manera, algunos discípulos que encontró Pablo todavía tenían un conocimiento muy limitado acerca de Jesús. Nosotros hemos recibido mucho más. Tenemos las Escrituras, conocemos el Evangelio y podemos contemplar el cumplimiento de las promesas de Dios en Cristo. Entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué estamos haciendo con el privilegio de conocer tanto acerca de Jesús?
No podemos decir que nos falta evidencia. No podemos decir que Dios no nos ha mostrado suficiente. Tenemos una historia completa de salvación delante de nosotros. Conocemos al Cristo que Juan esperaba. Conocemos Su cruz, Su resurrección, Su victoria y Su promesa de regresar. Y ese privilegio también trae responsabilidad. Si el conocimiento que tenemos de Cristo es mayor, nuestro testimonio debería ser más claro, nuestra gratitud más profunda y nuestra vida más comprometida con Él. Juan tuvo el privilegio de señalar hacia Jesús. Nosotros tenemos el privilegio de conocer mucho más acerca de Aquel hacia quien Juan señaló.
Iglesia, no desperdiciemos el privilegio de conocer a Cristo. Que nuestra vida, nuestras palabras y nuestras decisiones proclamen con mayor claridad al Salvador que hemos recibido por gracia.
Oración: Señor Jesús, gracias por el privilegio de conocerte a través de Tu Palabra y del Evangelio. Muchas generaciones esperaron ver lo que nosotros podemos contemplar con claridad. Perdónanos cuando tratamos este privilegio como algo común. Ayúdanos a conocer más profundamente Tu obra, a valorar Tu cruz y a vivir de manera coherente con la verdad que hemos recibido. Que nuestro testimonio de Ti sea fiel y que nunca desperdiciemos la gracia de haberte conocido. Amén.
Para tu estudio personal:
Lee: Mateo 11:11; Juan 1:29-34; 1 Corintios 15:1-8.
- ¿Qué diferencia existe entre conocer información acerca de Jesús y conocerlo por la fe?
- ¿Estoy valorando realmente el conocimiento del Evangelio que Dios me ha permitido recibir?
- ¿Hay alguna verdad del Evangelio que necesito volver a contemplar y agradecer?
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