Dos canciones, dos reinos

Publicado el 7 de octubre de 2026, 3:47

«¿A qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, diciendo: ‘Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis’»— Mateo 11:16-17

Jesús describe a una generación con una imagen que parece sencilla, pero que revela una profunda condición espiritual. Un grupo de niños que está en la plaza intentando que otros sigan su juego: tocan una canción alegre, pero nadie baila; entonan un lamento, pero nadie llora. Jesús utiliza esta imagen para hablar de su propia generación. Juan vino llamando al arrepentimiento con una vida austera, y lo rechazaron diciendo que tenía demonio. Después vino Jesús, relacionándose con personas, comiendo y bebiendo, mostrando la gracia de Dios, y lo acusaron de ser amigo de pecadores. La generación no quería escuchar a Dios, sin importar cómo Dios le hablara.

Y aquí encontramos una realidad importante para nosotros: vivimos rodeados de voces que quieren determinar cómo debemos pensar, qué debemos celebrar, qué debemos lamentar y qué debemos considerar valioso. El mundo tiene su propia melodía y constantemente nos invita a seguir su ritmo. Pero esta historia comenzó mucho antes. C. S. Lewis utiliza una hermosa imagen en Las crónicas de Narnia: Aslan, representando a Cristo, canta mientras la creación comienza a aparecer. La canción del Creador da forma al mundo. Es una imagen que nos ayuda a pensar en una verdad bíblica: la creación tiene una canción que pertenece a Dios. Pero el pecado introdujo otra melodía. Adán y Eva seducidos por ella decidieron apartarse de su Creador. Desde entonces, la humanidad caída ha producido una canción que dice: “No queremos que Dios determine nuestro ritmo. Nosotros decidiremos qué es bueno, qué es malo y cómo debemos vivir”. Sin embargo, Dios no abandonó al mundo en esa rebelión. En Cristo comenzó a escucharse una nueva canción: la canción de la redención. Hebreos 2:12 presenta a Jesús diciendo: “Anunciaré Tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré”. Y Apocalipsis 5 nos permite mirar hacia el día en que esa canción será escuchada por toda la creación: finalmente toda criatura proclamará la dignidad del Cordero que fue inmolado y que con Su sangre redimió para Dios personas de toda nación, lengua, pueblo y tribu.

Así que hay un contraste que atravesará nuestro estudio de estos versículos: la voz de un mundo que quiere que bailemos a su ritmo y la voz de Cristo que nos llama a seguirlo. Y esto nos obliga a mirar hacia nuestro propio corazón. Porque no basta con reconocer que el mundo tiene una melodía equivocada. Tenemos que preguntarnos: ¿qué canción está marcando el ritmo de mi vida? Tal vez la presión de nuestra cultura sea fuerte. Tal vez algunas de sus ideas parezcan tan normales que ya no nos demos cuenta de que están moldeando nuestras decisiones. Pero el discípulo de Cristo está llamado a escuchar una voz diferente. No estamos aquí para bailar cuando el mundo toca su flauta ni para llorar cuando el mundo decide que debemos lamentarnos. Estamos llamados a discernir la voz de nuestro Señor y permanecer fieles a ella.

Cristo está formando un pueblo que escucha su voz en medio de muchas otras voces. Y mientras avanzamos por Mateo 11:16-19, veremos cómo Jesús confronta a una generación que encontró excusas para rechazar tanto a Juan como al propio Hijo de Dios. Que nuestro corazón no sea como el de aquella generación. Que cuando Cristo hable, tengamos oídos para oír.

Oración: Señor Jesús, vivimos rodeados de muchas voces y muchas veces podemos acostumbrarnos tanto a ellas que dejamos de reconocer cuánto influyen en nuestro corazón. Danos discernimiento para distinguir la voz de este mundo de Tu verdad. No permitas que vivamos buscando la aprobación de nuestra generación ni siguiendo sus valores sin examinarlos a la luz de Tu Palabra. Enséñanos a escuchar Tu voz, a seguirte con fidelidad y a vivir para la gloria de Aquel que nos creó y nos redimió. Amén.

Para tu estudio personal:

Lee: Mateo 11:1-15; Romanos 10:17; Isaías 40:6-8.

  1. ¿Cómo estoy reaccionando cuando aparecen dudas o dificultades en mi fe?
  2. ¿Qué voces o presiones pueden estar intentando moverme de mis convicciones bíblicas?
  3. ¿Qué puedo hacer esta semana para participar fielmente en la extensión del Reino?
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